Milei en Cuba

Escribe Jorge Altamira

Dos experiencias “empobrecedoras”.

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El gobierno de Cuba ha anunciado con demora un aumento del 400 % en la nafta. En diciembre pasado había aumentado las tarifas de servicios y el tipo de cambio del dólar, así como los impuestos. La suba del combustible habría sido frenada como consecuencia de una crisis que determinó el apartamiento del ministro de Economía. Al nuevo precio, la nafta alcanza la paridad con el precio internacional; Cuba importa el combustible y gran parte de la refinación.

No solamente este rodrigazo emparienta a Cuba con las medidas adoptadas por Milei, aunque hay que decir que el gobierno de la isla debutó primero. También ocurre con la tentativa de secar la plaza de pesos –en el caso de Cuba, a través de la adopción de una moneda digital, cuyo acceso se encuentra restringido por la falta de hábito de la población y por medidas restrictivas del sistema bancario-. Una suerte de “corralito”. En octubre pasado se estableció que las estaciones de servicio debían dejar de aceptar pesos y que sólo debían operar con la moneda digital. Como en Argentina, se utiliza la reducción de la base monetaria como un instrumento antinflacionario, sin medir las consecuencias recesivas que la escasez de dinero en efectivo tiene en la economía. Se da un nuevo paso, al igual que en Argentina, hacia un sistema de inflación reprimida. Como Cuba importa el 80 % de los alimentos que consume la población, el efecto inflacionario en la canasta básica será demoledor. Las tentativas de desmonetizar la economía, hace cerca de una década en la India y hace poco en Nigeria, han tenido efectos devastadores. En cuanto a Cuba, se añade la circunstancia de que su principal ingreso de divisas está constituido por remesas del exterior, que llegan al destinatario por medio del sistema bancario. La regulación de la extracción de ese dinero por medio de una moneda digital podría provocar una sequía en esa fuente de divisas.

El gobierno de Cuba necesita imperiosamente alcanzar un equilibrio fiscal y monetario para su propósito de levantar la economía mediante la radicación de capital extranjero. La legalización del pequeño comercio puede funcionar como una válvula de escape muy limitada a la pavorosa falta de oferta de bienes. Para obtener los beneficios del esquema de la Ruta de la Seda (inversiones de China), la estabilidad monetaria es esencial, pero este objetivo parece alejarse cada vez más, desde que se aplicó el Ordenamiento Monetario a principios de 2022. La miseria social crece imparable, acompañada por el aumento de la desigualdad social. Los receptores de dólares se encuentran en situación harto diferente a los que están privados de ello. La burocracia del Estado, tanto la administrativa como la comercial e industrial, es la principal beneficiaria, debido a su acceso al mercado de cambios y a sus contactos internaciones. Se dibuja en Cuba un escenario como el de Venezuela, donde el dólar ‘compite’ con el bolivar y lo desplaza. Se ha instalado un régimen dolarizado de hecho, sin necesidad de una reforma constitucional. Milei ha sustituido al kirchnerismo en la tarea de llevar a Argentina a la temida ‘Argenzuela’.

La burocracia cubana ha seguido una línea de atajos económicos, en lugar de una economía planificada que explote en beneficio de Cuba el intercambio internacional. Ocurrió primero con la URSS, cuando la venta subsidiada de azúcar tuvo como contrapartida el petróleo y los bienes industriales de Rusia, notoriamente obsoletos tecnológicamente. El esquema se repitió con la panacea del turismo, como herramienta unilateral y ordenadora de la economía, en un retorno al pasado prerrevolucionario. La competencia acentuada del resto de destinos del Caribe y la pandemia marcaron el límite de esta tentativa y la catástrofe resultante.

El turismo acentuó la dependencia de la importación de alimentos. La crisis de la agricultura cubana es la manifestación más saliente de una planificación que apuntaba más a la acumulación privada de la burocracia que a un desarrollo equilibrado de la economía, que tuviera la vista puesta en la mejora material de los trabajadores. La licuación y la motosierra, a lo Milei, viene acompañada en Cuba con un Protocolo a la Bullrich, como lo demuestra la brutal represión que han sufrido los miles de trabajadores que salieron a protestar y han sido castigados con condenas vengativas.

Al igual que en Argentina, aunque de un modo completamente diferente, Cuba está afectada por un default de cuentas externas con el sector privado internacional, luego del enorme descuento que negoció con el Club de París en cuanto a deuda interestatal. Son menos de 8.000 millones de dólares que Cuba intenta reestructurar sin éxito, lo cual impide una reanudación del financiamiento interno. Dejamos el bloqueo norteamericano para el final, que se ha acentuado con la clasificación inverosímil de Cuba como “estado terrorista”. Con la guerra de la OTAN en Ucrania, el uso del dólar como arma ‘geopolítica’ se ha extendido sin límites. Sin embargo, no es con el nuevo rodrigazo de esta semana que se resolverá la cuestión de este bloqueo. En este contexto, diversos testimonios refieren una ‘derechización’ de la juventud cubana, nacida, criada y formada bajo el látigo de la escasez para el pueblo y los privilegios para la burocracia.

Es urgente la formación y desarrollo de un partido con el método y el programa de la IV Internacional.

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