El ataque contra los comedores populares

Escriben Sara Borzacchino y Claudia Molina

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Esta semana el presidente Javier Milei, en una entrevista, dijo que “no existen comedores dentro del país”. Una afirmación criminal y discriminatoria en un contexto de más del 60 % de pobres. El gobierno de Milei niega el plato de comida dos veces, primero porque existen 44.000 comedores que la semana pasada auditó y, segundo, porque las partidas de mercadería del Estado nacional son inexistentes.

La urgencia que atraviesan los trabajadores dentro de las barriadas hace que los compañeros levanten a pulmón los merenderos, creando campañas, juntando donaciones y en colaboración con los vecinos, los mismos que luego van a comer con sus chicos. La suba de los transportes, los comestibles y servicios, acompañados del recorte en la salud y en la educación, conducen a una situación desesperante para toda la clase trabajadora.

Los diferentes ataques apuntan también contra los derechos del trabajador ocupado y desocupado a organizarse. La herramienta política que tiene el trabajador para combatir las injusticias es la lucha. Milei teme que los trabajadores salgan a responder como pasó en el 2001. Este Gobierno suma una nueva página discriminatoria a su mandato: los migrantes, que alguna vez fueron llamados a levantar el país, ahora son furiosamente atacados. Aquellos que siempre fueron los relegados, haciendo trabajos que la mayoría no quería hacer, ahora cargan también con el peso de la acusación, mentirosa, de ser los causantes de un mal generado por quienes nos gobiernan. La desestabilización económica y los ajustes no son generados ni por los migrantes ni por los desocupados u ocupados, sino por el mismo gobierno que perdona a empresas millonarias las deudas, que absorbe como Estado a las mismas, y que aumenta el endeudamiento que luego le endosa al país y sus habitantes.

En este marco donde los sueldos de los diferentes estratos del gobierno siguen subiendo, la población trabajadora cobra por debajo de la canasta básica y tiene que salir a hacer changas para llevar el pan a la casa. Por eso, los trabajadores deben más que nunca organizarse en asambleas a deliberar un plan en conjunto para salir a luchar. Cuanto más quieran obligarnos a la precarización y a la sumisión de la falta de derechos, más fuerte nos encontrarán peleando por lo nuestro; los derechos laborales se obtuvieron en la calle y en la calle nos encontrarán.

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