Desafíos para la defensa de la educación y el trabajo docente ante la pandemia

Escribe Damián M. Docente de la Facultad de Ciencias Sociales

Crítica a un artículo publicado en Prensa Obrera.

Tiempo de lectura: 4 minutos

En el artículo “La pandemia de la virtualización forzosa”, publicado en Prensa Obrera (1/5), se pone de relieve una completa desorientación sobre la situación actual que se vive en la educación en particular y en la situación mundial en general. Las consecuencias de esta desorientación agravarán los problemas de los trabajadores de la educación y de los estudiantes, así como profundizarán una política de adaptación a las condiciones de existencia.

El artículo plantea una oposición a la virtualización, pero no da alternativa ni a docentes ni estudiantes. En línea con lo que menciona la conducción del sindicato AGD-UBA, su rechazo estaría dirigido a una “virtualización forzosa”, no a la virtualización en sí. ¿Cuáles serían los indicadores del forzamiento? Por ejemplo, una reunión de cátedra semanal cuando, antes de la pandemia no existía, ¿es parte de la virtualización forzosa o es la necesidad de pensar alternativas pedagógicas en el ámbito de la educación universitaria? La realidad se desenvuelve dinámicamente, no se resuelve con fórmulas o planteos rimbombantes, como hace el artículo, que confunde a los trabajadores de la educación quienes reciben una orientación que desconcierta.

Contradictoriamente, la misma herramienta que fue punta de lanza de la mercantilización de la educación, hoy emerge como medio para desarrollar clases o encuentros con los estudiantes de los más variados niveles. Esto es apreciado por una variedad de estudiantes y docentes que descubren en la educación virtual un instrumento para el encuentro educativo. Un cuestionamiento abstraído de esta realidad y del sentir de los docentes se vuelve vacío. Así se evidencia en el artículo, que llega a cuestionar el rol docente.

Un cuestionamiento al docente…con los argumentos del Banco Mundial y UNESCO

El autor del artículo de marras manifiesta su preocupación porque la educación virtual produciría un “…desacoplamiento de las relaciones entre docentes y estudiantes, y por consiguiente entre las actividades de enseñanza y las de aprendizaje, que definen el vínculo educativo”. Este supuesto desacople no se plantea para promover una alternativa en el contexto de cuarentena sino para criticar el recurso de la virtualidad.

Sin plantear una alternativa ante las contradicciones del proceso que atravesamos, el artículo hace una extensa defensa de una educación centrada en el estudiante (“el diseño de las actividades de enseñanza debe estar centrado en los estudiantes...”). Esto es, según el autor, una noción “prácticamente incuestionable”.

Esta afirmación avala todo el discurso que surgiera en la UNESCO a fines de la década del 60, impulsado por la “Comisión Delors”, y que se transformaría, desde mediados de los ´90, en el discurso de avanzada del Banco Mundial para el cuestionamiento al rol docente. Esto cobró forma en nuestro país a través de la ley de Educación del Kirchnerismo de 2006 y luego se expandió con la denominada “revolución educativa” del macrismo.

Estamos ante los discursos de las políticas educativas que promueven la concepción de que el estudiante es el propio gestor de su aprendizaje y que existen tantos aprendizajes como individuos. Los docentes, por lo tanto, deben promover “el aprendizaje para todos” porque son “el principal factor que afecta el aprendizaje.” (ver Informe “Aprender”, Banco Mundial -2018-). Como se puede apreciar, también para el Banco Mundial la formación académica debe centrarse en el estudiante, no en la educación ni en el trabajo docente, ni en su profesionalidad, como tampoco en sus condiciones de vida.

Los desafíos de la nueva etapa

No queda claro si el secretario de AGD Exactas rechaza la educación virtual porque estaría implicando un “retroceso de un siglo a modalidades educativas obsoletas…” o simplemente porque es una virtualización “forzada”. Viendo con detenimiento esto, la confusión para caracterizar de conjunto el momento es el signo de la desorientación.

La conducción de la AGD rechaza la “virtualización forzada”, pero no explicita cómo rechazarla en medio de la situación “forzada” de aislamiento y cuarentena que el grueso de los trabajadores defiende porque han entendido que de este aislamiento dependen sus vidas. Es inevitable preguntarse, entonces, cómo se establece el vínculo pedagógico o el proceso de enseñanza-aprendizaje. Por ejemplo, ¿cómo establecemos comunicación con los estudiantes? En el artículo en cuestión no hay la menor interrogación al respecto.

A los trabajadores de la educación se nos presenta el desafío de organizar una salida, en conjunto con los estudiantes, frente a este contexto de quiebra generalizada que promueve la disolución del sistema dominante. En este contexto es que debe evaluarse la virtualización de las prácticas educativas. ¿Se plantea el cierre del ciclo lectivo y dejamos de lado el proceso educativo? O, por el contrario, ¿estructuramos a los trabajadores de la educación mediante un programa que establezca las condiciones de posibilidad para el desarrollo de nuestra actividad laboral? La educación virtual plantea serios desafíos que deberán ser abordados por los trabajadores de la educación.

Asistimos a una crisis de características revolucionarias por la que debemos plantear qué estrategia y qué política tenemos que darnos frente a esto. Elaborar un programa ante la virtualización en educación que exija la instalación de un sistema a distancia que brinde las garantías necesarias para el desarrollo de las disciplinas, salario y obra social para todos los ad honorem, aumento de salario indexado por inflación, que se nos brinden los recursos indispensables para esta práctica y que el costo los asuma la patronal; que se nos brinde cursos sobre recomendaciones y seguridad para el trabajo en el hogar, que todo requerimiento de tutor para esta actividad sea en condiciones dignas de trabajo y remunerada, que se respete el CCT, que se realice un efectivo relevamiento entre los docentes y estudiantes para la disposición de licencias en los casos de salud o de condiciones de vivienda que dificulten el desarrollo del teletrabajo y de la educación a distancia. Que se garantice la libertad de cátedra y el respeto al horario laboral sin presiones por el medio virtual. Todo lo cual requerirá del aumento del presupuesto educativo y fue expresado en el “programa para defender los derechos de los docentes universitarios en el marco de la pandemia” de la agrupación Naranja Tendencia- Docentes e Investigadores universitarios en AGD UBA.

Un programa de estas características implica la valoración de la vida nuestra y de nuestros estudiantes defendiendo la actividad educativa.

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