Elecciones en Reino Unido: los conservadores pasan la posta a los laboristas para evitar una crisis de poder

Escribe Joaquín Antúnez

Un pacto de caballeros para alimentar la guerra mundial

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Las elecciones generales del Reino Unido convocadas por el premier británico Rishi Sunak, para el próximo 4 de julio, contarán con 46 millones de electores. El sistema electoral, que contempla una elección uninominal por distrito, permite elegir 650 diputados a la Cámara de los Comunes. Todas las proyecciones y previsiones coinciden en un mismo resultado: el liderazgo conservador caerá a su piso histórico en más de 100 años, poniendo fin a 14 años consecutivos de gobierno. Keir Starmer, líder de los laboristas, se perfila como el próximo nuevo primer ministro. Sunak no ha adelantado las elecciones para achicar diferencias con quien ganará la elección (el partido Laborista) ni, tampoco, para ahorrar pérdidas en una elección futura: las ha adelantado para apresurar un recambio con su rival, ante el temor del estallido de una crisis prerrevolucionaria. Cuatrocientos años de régimen parlamentario han enseñado que a veces es mejor para todos pasar el gobierno al adversario.

El principal factor de este derrumbe conservador es la caída sostenida en las condiciones de vida de la población. A ocho años de la aprobación del “Brexit”, la economía inglesa se ha resentido enormemente. “Según cifras recientes, desde entonces, el comercio de bienes del Reino Unido retrocedió 10 %, mientras que progresaba 5 % en los otros países del G7” (La Nación, 25/05). Este cuadro se ha visto agravado por la pandemia y por la guerra de la OTAN contra Rusia, que desató una inflación no vista en décadas.

El cuadro desfavorable para el Gobierno fue lo que motivó el adelantamiento de las elecciones, inicialmente previstas para noviembre de este año. La idea que Sunak ha trasladado a su gabinete es “persistir con el plan” para el descenso de la inflación. Sin embargo, los últimos informes dan cuenta de un fracaso del Gobierno. Gran parte de la reducción inflacionaria está asociada a la caída del consumo. Las cifras hablan de un 30 % de niños y niñas que no completan el esquema de comidas diarias. Los niveles de pobreza son los más altos en 30 años en el Reino Unido.

La campaña de los laboristas, por su parte, se centra en la palabra “cambio”. El hartazgo generalizado con los gobiernos conservadores ha calado hondo en la población, desde las últimas elecciones generales en 2019 que consagraron a Boris Johnson como jefe de gobierno a esta parte, los conservadores -tanto “duros” como moderados- han ido perdiendo votantes. Las últimas encuestas, según la consultora YouGov, dan que solo el 36 % de los votantes de los conservadores en 2019 mantendrían su apoyo al partido. Se estima que la diferencia entre laboristas y conservadores se aproxima al 20 %. Esta proyección daría cerca de 400 bancas a los laboristas, consagrando una mayoría de 194 bancas sobre el resto de los partidos, la más importante desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, el “cambio” que propone Starmer ha sido precedido por la liquidación de la denominada "ala izquierda" del laborismo, encabezada por Jeremy Corbyn, expulsando a todo un sector de dirigentes del propio partido. La derechización del laborismo ha llevado a una crisis de su propia bancada, ante la negativa de Starmer a pronunciarse por un alto al fuego en Gaza y por su persistencia en plantear “la disminución de los inmigrantes”. En uno de sus últimos actos de campaña aseguró que “los británicos están primeros” - una variante del slogan trumpista-. Esto marca un cambio de postura en relación al Brexit y a posturas históricas del laborismo en favor de la inmigración.

En un primer debate televisivo, aunque los dos contendientes no se destacaron en sus intervenciones, la prensa dio por ganador a Starmer. Hay una presión de la burguesía por capitalizar este derrumbe. Por derecha, asoma el anteriormente eurodiputado Nigel Farage, quien ha decidido candidatearse por octava vez para una banca al Parlamento por el partido Reform UK, una formación que, según las encuestas, podría superar al histórico partido liberal-demócrata e, incluso, pelear el segundo lugar a los conservadores.

La gran coincidencia de Farage, Sunak y Starmer es la negativa a volver a integrarse a la Unión Europea (UE), así como su defensa de las relaciones con los Estados Unidos, sin importar el resultado de las elecciones en noviembre. Es el andamiaje fundamental de la guerra imperialista, que amenaza con una escalada que involucre al conjunto del continente europeo.

Las recientes elecciones municipales han mostrado, a su manera, un cuadro de rechazo a esta política, fundamentalmente a la guerra en Medio Oriente y al genocidio sionista en Gaza. En las próximas elecciones al Europarlamento se da por descontado un avance de la extrema derecha en todo el continente, algo que buscará ser capitalizado por Farage -amigo personal de Donald Trump-, mientras lo que crece en la conciencia popular es la necesidad de poner fin a la “economía de guerra”.

Las elecciones del Reino Unido serán parte esencial de una crisis que ha llevado a la quiebra a los principales partidos de gobierno de toda Europa.

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