Una vez más sobre el ATP (Asistencialismo a Todos los Patrones)

Escribe Pablo Busch

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Luego de la publicación del artículo "El subsidio ATP y la burguesía 'planera", han llegado a Política Obrera una andanada de denuncias de trabajadores de distintas empresas que inscribieron sus nóminas salariales para el cobro del subsidio, a pesar de no haber sido obligadas a parar por la cuarentena. Además, hemos recibido la denuncia de trabajadores monotributistas, a quienes para cobrar la IFE el gobierno les exige un sinfín de requisitos, contrastando con la facilidad con la que a las grandes patronales y multinacionales les otorgó el ATP. Pero lo más grave de todo, es que los trabajadores que más necesitan del subsidio, los que están en lucha por sus puestos de trabajo, que han estado meses sin cobrar o son parte de cooperativas, directamente han sido dejados afuera por el Gobierno. En ausencia de capitalista a quien rescatar, el ATP no aparece.

En la nota anterior registramos que Granja Tres Arroyos, el pulpo avícola, había inscripto a sus trabajadores para que reciban el 50% pagado por el Estado, a pesar de no haber parado su producción por la cuarentena. Así, insistimos, la clase capitalista usurpa recursos que deberían ser destinados a la salud. Pero la avícola de los De Grazia no es el único caso. La gran mayoría de las empresas "esenciales" se apuntó para cobrar: Danone, la fábrica francesa de lácteos, asociada a La Serenísima; la fábrica de cafés y chocolates Bonafide, las clínicas privadas, las farmacias, casi todas las alimenticias (Pollolín, Prodalsa, Alimentos Río Santiago, La Fazenda, etc.). El conjunto de las empresas que siguieron trabajando en la cuarentena -salvo rarísimas excepciones- han recibido el subsidio estatal del 50% de los salarios.

Por otro lado, empresas multinacionales que bien podrían absorber el costo del parate de la cuarentena, también se han inscripto para recibir el subsidio estatal. Esta "burguesía planera" se compone entre otros de los grupos Techint -que volvió a despedir en medio del decreto anti-despidos, de los grupos petroleros, del Grupo Madanes (Fate, Aluar, Infa, Futaleufú), del Grupo Clarín-Cablevision, Mc Donald´s, Burger King, y la lista sigue. Basta con que la facturación no haya crecido en abril respecto de marzo para que las empresas ingresen al subsidio.

Este "acceso universal" a las patronales -se calcula que se inscribieron 160 mil empresas en todo el país- contrasta con el farragoso trámite que debieron hacer los monotributistas de las categorías Ay B para percibir el IFE (Ingreso Familiar de Emergencia), y fueron rechazados casi la mitad. El IFE de 10 mil pesos contrasta con el subsidio a las empresas de hasta dos salarios mínimos ($33.000). A los monotributistas de las categorías C y D, por otra parte, se les exige que no hayan facturado por encima del mínimo de su categoría -un monto ínfimo- para acceder a un… préstamo. El "seguro universal al parado", reclamado largamente por las organizaciones de desocupados y negado por todos los gobiernos, se otorgó en este caso en forma inmediata, pero para el rescate del capital.

Hay más casos. Por ejemplo, de los trabajadores de Fyrsa, en Chubut, que fueron abandonados por los dueños de la fábrica en marzo y que se encuentran ocupando la planta desde hace dos meses. Cómo el empleador no hizo -o hizo de forma irregular- la presentación, los trabajadores que no cobran desde marzo y no recibieron el subsidio ATP. Lo mismo ocurre con los trabajadores de Cereal Tres Arroyos, de Pilar, que están hace más de un año sin cobrar y a quienes el subsidio ATP tampoco les llegó. Aquellos que después de mucho tiempo sin cobrar han conformado cooperativas -con todas las dificultades que conlleva- fueron dejados afuera del subsidio ATP: así los trabajadores de Worldcolor, Canale, Ansabo, Donneley y un gran número de cooperativas que fueron afectadas por la cuarentena, pero sus trabajadores no percibieron el subsidio ATP. Cómo se ve, el subsidio se trata lisa y llanamente de un rescate del Estado al capital. Allí donde los capitalistas han desertado, el subsidio no llega a los trabajadores.

Que el Estado destine los recursos extraordinarios para el rescate de las empresas, en vez de a un plan integral de salud para afrontar la pandemia, expone el agotamiento de la clase social que gobierna los destinos de la sociedad. Los trabajadores tenemos que deliberar sobre dónde se destinan los recursos del Estado, y defender un programa que priorice integralmente los intereses de los trabajadores.

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