“Evaluar versus calificar” - otro macaneo reaccionario

Escribe Mercedes Colau

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En las últimas semanas se escribió abundantemente acerca de la decisión del gobierno nacional de reemplazar la calificación del conocimiento adquirido por los alumnos, por una evaluación de sus actividades. El Consejo Federal de Educación alega "un contexto de excepcionalidad” e incluso para evitar perjudicar a los sectores populares. “En este contexto, justifica el ministro Trotta, se profundizan las desigualdades ya que la realidad de cada hogar es muy distinta en cada rincón del país. Por este motivo, todos los actores que conformamos el sistema educativo estamos de acuerdo que es momento de evaluar, pero no de calificar” (Lanueva.com, 15/5).

Lo formal y lo real

Un documento reciente del gobierno de la provincia de Buenos Aires, “Enseñanza y Evaluación”, intenta explicar el cambio, incorporando la suspensión de clases presenciales a la situación general.

Afirma que es fundamental “construir el vínculo pedagógico (…) En este marco, las tareas escolares generan nuevas maneras de construir los procesos educativos y son también formas de acercarnos y estar en comunicación”. Se propone a los docentes “desplegar diferentes estrategias para llegar a todos los hogares de la provincia”. En fin, carga la responsabilidad de un éxito de la enseñanza virtual en los trabajadores docentes. Más allá de esto, sólo frases trilladas.

Lo real, en cambio, es diametralmente opuesto a lo formal. Lo real es la crisis total de la educación virtual, que carece de condiciones materiales para su desarrollo: alumnos y docentes no disponen de computadoras y equipos, conectividad, ambientes adecuados para ejercer la educación virtual, etc, etc. Tampoco se trata sólo de computadoras y conectividad sino también de llenar el estómago. Más del 80% de los alumnos del nivel primario y secundario de las barriadas populares del Gran Buenos Aires demandan ayuda alimentaria. La demanda de bolsones de alimentos en los colegios en las últimas semanas viene en franco aumento.

En esta misma línea de análisis se anotó Zorzoli, ex rector del Colegio Nacional Buenos Aires, para quien la crisis educativa puede solucionarse con lograr que “se firmen acuerdos con las empresas para que liberen internet” (Infobae, 13/05).

A Kicillof y sus funcionarios les pasa por el costado la abundante biblioteca pedagógica que habla de la dispar distribución del activo económico y cultural en el conjunto de la sociedad (Bourdieu, Pierre; Capital cultural, escuela y espacio social). En efecto, la sociedad capitalista está divida en clases sociales y el éxito del acto educativo no puede abstraerse de esta situación objetiva. Por tanto, el sistema educativo reproduce la desigualdad social imperante antes del acto educativo. Esta conclusión va a contramarcha de la opinión ideológica de liberales y progresistas que afirman que la educación pública es el medio para nivelar la desigualdad que el mercado produce. ¿Quiénes van a ser los más perjudicados por el Cromañón educativo que acecha a la comunidad educativa? Los hijos e hijas de los trabajadores pobres (ocupados y desocupados).

La suspensión de la calificación es un maquillaje peligroso, por la misma razón que la calificación es negativa – no se trata de exigir menos a los alumnos sino más, construyendo la organización socialista que respalde esa exigencia. Sin esta organización socialista, la calificación fomenta la deserción. La salida a la crisis educativa no depende de las estrategias pedagógicas sino de una enérgica lucha política contra la dominación capitalista.

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