Un planteo derrotista acerca de la rebelión norteamericana

Escribe Marcelo Ramal

Tiempo de lectura: 7 minutos

En un artículo que lleva la firma de Guillermo Kane, “Prensa Obrera” (segunda época) brinda una caracterización de la rebelión popular en los Estados Unidos que probablemente no encuentre parangón en ningún periódico del mundo, cualquiera sea su orientación. Luego de reseñar las movilizaciones que tienen lugar desde la noche del jueves, el articulista asegura que “el magnate [Trump], aún en una crisis explosiva que genera crecientes reacciones de masas, es el que tiene la iniciativa”. Pocas horas después de esta afirmación, Trump debía ser trasladado al bunker presidencial de la Casa Blanca, por temor a que la movilización en Washington desbordara los diques de la seguridad oficial.

En la propia capital, las bravuconadas de Trump no hicieron más que reforzar la presencia multitudinaria de manifestantes en las horas posteriores. El miércoles 3, el jefe del Pentágono y el del estado mayor, que horas antes habían acompañado una exhibición de Trump, declararon que el propósito de éste de enviar un proyecto de ley que autorice la intervención de las Fuerzas Armadas era “inconstitucional”. Kane, como se ve, lleva la declinación de Prensa Obrera al subsuelo político.

Para sostener que Trump, en esas condiciones, “maneja” la crisis, hay que ir, sin dudas, más lejos en los argumentos. Detrás del aserto de que “Trump rocía el fuego con nafta”, esto para “montar una mayor polarización”, asoma una conclusión no escrita: la rebelión popular es ‘funcional’ a Trump. Es un refrito clásico del reformismo y del centrismo ante cualquier situación política con alcances históricos.

“Puebladas”, “protestas”

El cronista de “Prensa Obrera” (segunda época) abunda en los clásicos adjetivos que, en términos de definiciones políticas, no dicen nada - ´crisis explosiva´, ´crecientes reacciones´. Pero finalmente, calcula muy bien su caracterización de lo que ocurre en Estados Unidos: el título lo califica como una ´pueblada´ - o sea, un movimiento popular que irrumpe fuera del momento histórico propicio, sin un contexto de crisis política, ni como reflejo de una bancarrota económica enorme. Este martes, el FIT-U encuadró a una movilización en Buenos Aires como un apoyo a las ´protestas´ (sic) en Estados Unidos.

Mal que le pese al articulista, el régimen que ha pretendido montar Trump estalla bajo el peso de contradicciones insuperables – en primer lugar, el retroceso del capitalismo norteamericano en la economía mundial, que se manifiesta en la agudización de las guerras económicas y militares. Trump llega al gobierno luego del derrumbe de la gestión ´amable´ e ´integradora´ de Obama. La pandemia y sus 100.000 muertos; los choques con los gobernadores por la cuarentena o la ´apertura´; los 43 millones de desocupados adicionales, la deuda pública y las quiebras de las compañías, irrumpen en la crisis de los de arriba, por un lado, y en la acción más decidida de las masas, por el otro. Las masas ganan la calle a partir de un detonante -el crimen racial- pero buscan una salida al impasse intolerable de todo un régimen (“no puedo respirar”). La Nación señala que las marchas del martes, cuando Trump amenazó con intervención militar, que “hubo, esta vez, no sólo mensajes contra la violencia racial y la brutalidad policial, sino contra el propio Trump”. La rebelión popular adquiere de este modo el carácter político que lleva adentro desde un comienzo. Para Kane, “estas puebladas se enmarcan (sic) en esta crisis histórica de Estados Unidos”. No, Kane: buscan romper ese ´marco´ - nos diferencia de este conformismo verborrágico un abordaje revolucionario de la lucha de clases. Kane expone sin disimulo la ruptura histórica del aparato con el Partido Obrero.

Método

Es significativo que Kane caracterice los enfrentamientos de Trump con China como “una fuga hacia adelante”. Si esto es así, Trump ya es cadáver – quiere decir que sus guerras no lo llevan a ningún lado. ¿Dónde está, entonces, “la iniciativa”? El ´aparatchik´ no advierte, sin embargo, que lo mismo ocurre con las arengas del ´magnate´ contra el levantamiento popular: no ha reunido los medios para sus propósitos (Trump representa el subsuelo o sótano del capital financiero, incapaz de exhibir su declaración de impuestos de las últimas décadas). Trump no podría imponer un régimen político que establezca la necesidad de un permiso para transitar, aunque la tendencia general del estado vaya en esa dirección.

El grupo dirigente del PO entiende las tentativas fascistizantes del capital como una señal de “iniciativa estratégica”. Es lo contrario: es la reacción del capital ante la pérdida completa de perspectiva estratégica. Trotsky lo había puesto de esta manera: “Marcha a ciegas hacia el abismo”. Kane incurre en un furcio típico del diletante: afirma que Trump ha fracasado hasta ahora en movilizar a su base social derechista o religiosa contra la rebelión. No se la ha ocurrido siquiera que la crisis política del trumpismo puede haberla neutralizado, confundido e incluso inclinado hacia el campo opuesto. Para Kane, hay una base fascista ´estable´, incluso inconmovible, y debe pensar lo mismo de la ‘base progresista’. Es natural que un aparato piense en esos términos, porque se funda en el inmovilismo, jamás concibe las transiciones ni los giros de las masas y de su conciencia política. Este asunto de método ha ocupado un lugar de primer orden en la lucha política al interior de nuestro Partido Obrero

Quién tiene la batuta

La crisis política gigantesca (crisis de dominación) que se ha desatado en USA es una evidencia clara y suficiente, no ya de la pérdida de peso histórico del capital, sino del agotamiento de la iniciativa política precaria que llevó a Trump al gobierno. Recordemos que ganó por un arbitrio del colegio electoral, con tres millones de votos abajo de Hillary Clinton – en un proceso en el que el auto asumido socialista, Bernie Sanders, obtuvo 20 millones de sufragios en la interna del partido demócrata.

¿Entonces la iniciativa la tienen ´las masas´? Esto es así, efectivamente, por el momento. La reivindicación del levantamiento - “justicia para George Floyd” - es insuficiente, sin embargo, para mantener esa iniciativa en el tiempo. Los tres policías que cometieron el crimen todavía no han sido imputados; si llegan a serlo, el juicio demorará más que el de Cavallo y Sturzenegger por el megacanje de 2001. La rebelión no tiene, por las características de su irrupción, reivindicaciones sociales y políticas relativas al feroz ataque que sufren como consecuencia de la bancarrota económica. No parece haber en desarrollo, como ocurre en Chile, asambleas populares que den una forma concreta a muchos reclamos. Muchas de estas carencias pueden ser superadas en el curso ulterior de la lucha, en especial si Trump no desensilla para evitar una mayor radicalización, y en lugar de eso duplica la apuesta represiva, con la finalidad de conservar alguna posibilidad en las elecciones de noviembre, contra su rival demócrata presumido. También podría ni siquiera llegar a esa fecha si pierde el control de sus instintos. Más allá de estas alternativas, la inmensidad del derrumbe económico desarrollará un ´flanco´ de combate, que ha dado sus pasos en los últimos años: huelgas sindicales y huelgas de conjunto de los trabajadores. De modo general, si consideramos al conjunto de la etapa, la iniciativa ha pasado a las masas.

Estados Unidos ha ingresado, con sus características, en una etapa de transición, que los clasificadores de escritorio quieren ´enmarcar´ en iniciativa sí, iniciativa no, y que encima no distinguen las batallas cotidianas de la gran lucha de clases del cuadro estratégico. La sociedad ha dejado de estabilizarse en puntos fijos, si alguna vez ocurrió en el pasado asiático o el feudalismo europeo – va de una transición a otra, entre avances y retrocesos. La existencia social de cualquier burocracia determina la conciencia social metafísica de esa burocracia.

Fuera Trump

Kane, en realidad el aparato, traza una perspectiva abstracta. “Las conclusiones de los combates en curso plantearán a miles la necesidad de una organización política propia de los trabajadores”. Clarísimo: ´hagan lo que puedan, nuestra receta llega hasta aquí´.

Una “organización propia” solamente existe, o es realmente tal, si tiene una estrategia, en primer lugar, y una política acorde. Una ´pueblada´ está todavía lejos de plantearse la cuestión política, porque para que algo exista ya tiene que estar adentro, o sea ser potencialmente real.

El planteo “Fuera Trump”, significa destacar la incompatibilidad entre los objetivos elementales de la lucha presente con el gobierno actual y con su régimen político y con el Estado (capitalista). Es definir los campos. En tanto período transicional, debe exponer todas las reivindicaciones de la clase obrera, los trabajadores, las mujeres y las poblaciones negras, latinas, que le dan significado concreto, o sea contenido al poder político que debe sustituir al poder del capital que engendra monstruos como Trump y todos sus antecesores nacionales e internacionales.

Kane y Prensa Obrera, es obligado señalarlo, reaccionan como en el experimento de Pavlov. Cuando en Argentina se planteaba echar a Macri, nuestros contradictores nos respondieron asustados - ¿y si gana Cristina, decían, antes incluso de que pusiera al frente al otro Fernández? Fue lo que ocurrió, porque el pueblo no vio a ninguna otra fuerza, en especial la izquierda, que peleara la dirección por acabar con el macrismo.

¿Y si gana Biden, se atemorizan ahora los izquierdistas argentinos y también algunos norteamericanos? Aunque la contienda Trump-Biden será influida por la crisis enorme que se está desarrollando, el planteo de un socialista no está condicionado por el acontecimiento electoral. No se trata de cazar votos sino de agrupar fuerzas revolucionarias de clase. El desenlace de las próximas elecciones no será indiferente para la situación política, por cierto, pero no será más que un accidente de recorrido en la lucha por ese agrupamiento revolucionario de fuerzas. Solamente un timorato advierte acerca de peligros reales o imaginarios; la tarea del político revolucionario es llamar a explotar con osadía las crisis poderosas que golpean la dominación del capital.

Nuestra palabra de orden es: “Fuera Trump, viva la rebelión popular”

LEER MÁS: [Estados Unidos: viva la rebelión popular, abajo el fascismo, fuera Trump[(https://politicaobrera.com/internacionales/1439-estados-unidos-viva-la-rebelion-popular-abajo-el-fascismo-fuera-trump)

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