Escribe Marcelo Ramal
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En medio de los anuncios que proclamaban la transformación de Venezuela en un protectorado yanqui, Trump reiteró la pretensión de apoderarse de Groenlandia, la gigantesca isla de la región del Ártico. Con acceso a rutas marítimas estratégicas y con grandes posibilidades de desarrollo de infraestructuras militares, Groenlandia es también un botín económico en disputa. El derretimiento de los hielos del Ártico, como consecuencia del cambio climático, abrió mayores posibilidades para la explotación y transporte de sus recursos -petróleo, gas y minerales provenientes de tierras raras-. De todos modos, los esbirros de Trump ponen el acento en el despliegue de “barcos rusos y chinos” en la región, y esgrimen “estrictas razones de seguridad nacional” para aspirar al control de Groenlandia. Acusan a Dinamarca, que ejerce la soberanía sobre la isla, y a los países europeos de la OTAN, de escatimar recursos para pertrechar militarmente a la región del Ártico.
Para la tarea de apropiarse de Groenlandia, la camarilla de Trump no descarta una acción militar. Pero también esgrime la carta de comprar la isla. La operación tendría un antecedente histórico, pues Estados Unidos le adquirió a la misma Dinamarca una parte de las Islas Vírgenes en 1917. En el caso de Groenlandia, las autoridades danesas rechazan las pretensiones de Trump, e invocan a la Carta de las Naciones Unidas que desautoriza las “anexiones no voluntarias”. Para reforzar el escenario de extorsiones, el presidente norteamericano nombró al gobernador de Luisiana, Jeff Landry, como “enviado especial” a Groenlandia, descartando el procedimiento diplomático con su embajador acreditado en Dinamarca. El gobierno danés lo ha visto como una provocación.
Las autoridades locales y agrupamientos políticos de Groenlandia se han involucrado en esta disputa internacional por su territorio. Trump y sus enviados se vincularon a un sector político que pugna por la “autonomía” política plena de la Isla. Para la camarilla del presidente yanqui, la autodeterminación, a través de un referéndum, podría ser el paso previo a una asociación con Estados Unidos -y una vía libre para el ingreso de tropas e instalaciones militares-. En los actuales sondeos dentro de la población de la isla, la conversión en un Protectorado yanqui cosecha un 85% de rechazos. Pero los funcionarios de Trump piensan que podrían revertir esa negativa con una campaña preñada de concesiones económicas. En cuanto al presidente del Gobierno autónomo de la isla, Jens-Frederik Nielsen, ha optado por el apaciguamiento: en medio de la agitación creada por las amenazas de Trump, llamó a “evitar el "pánico (…) y estrechar la colaboración con Estados Unidos”. Es decir, frenar la escalada de Trump mediante concesiones que no ha explicitado. En la misma línea, las autoridades danesas salieron a enumerar las adquisiciones bélicas que hicieron a Estados Unidos, recientemente, para la “seguridad” de Groenlandia.
Los países europeos se reunieron este lunes y emitieron una declaración conjunta por Groenlandia. Los gobiernos de España, Alemania, Francia, Italia, Polonia y Reino Unido -con la adhesión posterior de Francia y Gran Bretaña- señalan que "la seguridad en el Ártico sigue siendo una prioridad clave para Europa y es fundamental para la seguridad internacional y transatlántica". Los mandatarios europeos aseguran que “han aumentado su presencia” para “mantener el Ártico seguro y disuadir a los adversarios".
De esa manera, responden a las acusaciones de “descuido’ que les endilgó Trump. “En este empeño”, señalan luego los países de la UE, “Estados Unidos es un socio esencial”. Las potencias imperialistas de la UE ofrecen a Trump una anexión co-gestionada de Groenlandia. Esto significa poner sobre la mesa todas las exigencias del imperialismo norteamericano a la misma Unión Europea, desde las comerciales a la guerra en Ucrania. El planteo de la UE es hacer el papel de “Delcy Rodríguez” de la masa territorial europea, o sea un protectorado. Trump ha conquistado una preciosa concesión que no se apurará a aceptar, hasta imponer un nuevo status mundial a Rusia y China que será solamente una “transición” hasta una guerra “solitaria y final”. Stephen Miller, el subsecretario de Seguridad de Trump, les bajó el precio a las pretensiones de la UE: “Nadie va a luchar militarmente contra Estados Unidos por el futuro de Groenlandia”, señaló.
Groenlandia y el Ártico han ingresado en la disputa de posiciones que caracteriza a la guerra internacional en desarrollo. La primera ministra danesa, Mett Frederiksen, ha alertado sobre un “estallido de la OTAN” si la operación contra Venezuela y América Latina resulta ser, como lo es, un puente para una “solución final” a escala planetaria.
Trump celebra el asalto a Venezuela en el aniversario de su intento de golpe de Estado en Washington Delcy Rodríguez propone a Estados Unidos “una cooperación en el cuadro de la ley internacional”. Por Jorge Altamira, 06/01/2026.
