Tiempo de lectura: 3 minutos
Tres disparos letales. Renée Nicole Macklin-Good fue ejecutada por los balazos de un tirador del ICE, Jonathan Ross, veterano de la guerra contra Irak. Ese exmilico yanki ahora forma parte del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE), integrando el Equipo de Respuesta Especial ICE ERO, que no es otra cosa que una unidad táctica entrenada de forma especial.
Renée había estacionado su auto Honda Pilot color granate en forma perpendicular al curso del tráfico en una ruta de Minneapolis, estado de Minessota. Vale decir, estaba haciendo un corte de ruta en el marco de una protesta contra la persecución a inmigrantes, en especial, somalíes, por órdenes de Donald Trump y sus secuaces fascistas. Dos agentes del ICE, encapuchados, le ordenan bajar del coche. Renée desoye la orden y, cuando intenta retirarse de allí, aparece Ross. Tres balas atraviesan la ventanilla con la puntería mortífera ensayada en Irak.
La secretaria del Departamento de Seguridad Nacional, Kristi Noem, le lavó las manos sangrientas a Ross afirmando que el corte de ruta es un acto de “terrorismo doméstico”. Y sí, era una vecina de origen estadounidense en apoyo de sus vecinos somalíes (“basura”, según el insulto racista y colonial de Trump), no un veterano de guerra como su asesino a sangre fría.
¿Quién era Renée Nicole?
Era una joven poeta nacida el 2 de abril de 1988 en Colorado Springs, Colorado. Estudió Creative Writing (Escritura creativa) y se graduó con una licenciatura en Inglés de la Universidad Old Dominion en Norfolk, Virginia. En 2020, ganó el Academy of American Poets, University & College Poetry Prize (Premio de la Academia de Poetas Estadounidenses) por su poema On Learning to Dissect Fetal Pigs ("Sobre aprender a diseccionar fetos de cerdo"), publicado durante sus estudios universitarios. El Facebook de esa universidad comentó: “Cuando no escribe, lee o habla sobre escritura, organiza maratones de películas y hace arte desordenado”. También publicó en revistas como Baltimore Review o poets.org.
Renée Macklin-Good tuvo una hija y un hijo de su primer matrimonio, de 15 y 12 años de edad actualmente. Su exesposo dijo que ella había sido ante todo ama de casa en los últimos años, pero que anteriormente había trabajado como asistente dental y en una cooperativa de crédito.
Después, fruto de un matrimonio con Timmy Ray Macklin Jr., fallecido en 2023, era madre de un niño de seis años. Ese mismo año, volvió a casarse y adoptó el apellido de su esposa, Becca Good.
Con Macklin Jr., veterano con 14 años de servicio en la Fuerza Aérea de Estados Unidos y posteriormente comediante de stand-up, condujo un pódcast en conjunto. En redes sociales, Renée se describía a sí misma como “poeta y escritora”, además de una “rasgueadora mediocre de guitarra”, y compartía contenido sobre tatuajes, peinados y decoración del hogar, acompañando su nombre con una bandera del orgullo.
“¡Malditos sean todos!”
Hasta aquí, casi que la descripción de Renée Nicole podría caberle (arriesgo una cifra razonable) a un 50 % de las escritoras argentinas y de muchos países: madres trabajadoras de origen proletario que, con esfuerzo y aprovechando todos los recursos que pudieren presentarse, estudian, escriben y hasta logran publicar y ganar premios. Atienden a sus hijos y se desentienden de algún esposo. Vuelven a empezar. Vuelven a escribir. La diferencia está en que René Nicole pertenecía a la vanguardia de las que se atreven a enfrentar en las calles, con manifestaciones y cortes de ruta, al poder dominante, en este caso, el del guerrero mundial Donald Trump.
El prestigioso novelista estadounidense Kent Wascom ha recordado en su cuenta de X a Macklin Good, quien fue alumna suya en la carrera de Escritura Creativa: “Sostuve a su bebé. Era amable y talentosa, una madre de clase trabajadora que se financió sus estudios a pesar de circunstancias que habrían destrozado a los patéticos políticos ricos que sádicamente instigaron su asesinato. Malditos sean todos”.
El alcalde de Mineápolis, Jacob Frey, la congresista demócrata Alexandria Ocasio-Cortez, el presidente de la universidad Old Dominion, Brian O. Hemphill, y el gobernador de Minesota, Tim Walz, también han alzado su voz.
El actor Mark Ruffalo ha arengado en la recepción de los Globo de Oro, donde condenó el asesinato de René Nicole: “No hay comida. La comida es cara. La gente no puede alimentar a sus hijos. No pueden enviarlos a la escuela. No pueden enfermarse o acabarán muertos porque no pueden pagar la asistencia sanitaria (…) Tenemos que salir y detenerlos. Somos más que ellos. Tenemos que ser valientes ahora y tenemos que unirnos”.
La guerra mundial instigada por Trump en cada uno de los continentes de la Tierra afecta a los propios ciudadanos de Estados Unidos. Ahora más que nunca la bandera es la unión de los proletarios del mundo para derrotar, antes que nada, a la guerra y el hambre, pestes inicuas del capitalismo internacional.
