Escribe Violeta Gil
Una reivindicación tardía de las retenciones móviles del kirchnerismo y mucho más.
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El proyecto de ley para aumentar las regalías de las empresas mineras en Santa Cruz, presentado por el aparato del PO-la CTA Autónoma de la Provincia, sigue dando tela para cortar.
Miguel del Plá, en tanto secretario de la CTA, presentó un proyecto de ley, aun sin ocupar un cargo legislativo, para aumentar las regalías mineras al 15 %, en el marco del alza experimentada por el oro en el mercado mundial. El proyecto no establece ninguna asignación explícita de esos fondos eventuales. Santa Cruz carga con una deuda pública impagable de US$ 350 millones, que sería el primer destino de la recaudación. La semejanza con la 125, el proyecto que redactó Martín Lousteau, ministro de CFK en 2008, es patente: subía las retenciones a las exportaciones de soja en consonancia con el aumento eventual del precio internacional del poroto. En aquella ocasión, el Partido Obrero se distinguió por denunciar que el propósito de la cláusula era hacer frente al pago de la deuda pública. El MST e Izquierda Socialista apoyaron con entusiasmo la rebelión de las Sociedades Rurales contra la suba, alegando que estaban defendiendo a los pequeños productores. El PTS asumió de entrada esa misma posición –“retenciones diferenciadas”-, para hacer luego un cambio de ruta inconsistente. El lugar de Martín Lousteau lo ocupa ahora la CTA, lo que no sorprende porque esa misma entidad hizo seguidismo explícito al kirchnerismo en aquel año, pero ahora con la asistencia de un PO de renegados.
El MST, esta vez, y asimismo el PTS, denunciaron el carácter “extractivista” del proyecto, algo así como dejar el oro en las entrañas del subsuelo. Pero el mismo aparato del PO salió a contradecir al primero en la pluma de Juan García, un conocido de los lectores de Política Obrera por los graves episodios que protagonizó en Chaco. García denunciaba a Del Plá por condicionar los salarios a las apropiaciones del Presupuesto. Miguel del Plá ratificó su iniciativa, en lo que se transformó en una disputa entre tres aparatos: el de la CTA-A, el PO y el FITU.
Para alimentar el culebrón, el aparato del PO hizo un cambio de jugadores. Es probable que el aparato quiere exhibir que es capaz de dar un carácter público a una pelea interna, luego de haber expulsado a 1.300 militantes por no haber reservado al Boletín Interno una caracterización del Estado cubano, que Jorge Altamira había expuesto en un campamento de verano de la Juventud el cual había sido objeto de una preparación colectiva durante tres meses.
Ante el ataque del MST (“aceptar la continuidad del modelo minero al discutir el aumento de sus regalías”), el nuevo ‘player’, Iván Hirsch, sostiene que "también los reclamos salariales aceptan como punto de partida la continuidad de la explotación laboral en el sistema asalariado, sin por ello dejar de ser una lucha contra el capital". O sea, un aumento de regalías a la extracción de minerales no deja de ser una forma de lucha contra el “extractivismo”. También hubiera podido presentar la cosa de otra manera, o sea, al revés: los que despotrican contra el “extractivismo’ son enemigos de los aumentos salariales en la industria minera. La magnitud de la impostura de Hirsch y del conjunto del aparato que autorizó ese artículo es mayúscula. Ni “toda lucha salarial” es una lucha contra el capital ni un aumento de regalías mineras es una lucha por la protección del medio ambiente. La pasión de los polemistas por la ‘chicana’ es triplemente proporcional a su ignorancia del modo de desarrollo del capitalismo y de su abandono del programa marxista, si es que alguna vez lo hicieron propio. La intención de Hirsch y de sus promotores es alejar la atención de que la iniciativa de Del Plá es de la CTA, Autónoma o no.
En el afán de ‘pasar factura’, Hirsch recuerda al MST que “en 2008 se plegó a los cortes de ruta del capital agrario contra la resolución 125 del entonces gobierno de Cristina Kirchner, que buscaba gravar a los sojeros favorecidos por el boom de los precios internacionales”, sin agregar que el propósito era cumplir con el pago serial de la deuda externa, el famoso desendeudamiento. Esto fue lo que el Partido Obrero había señalado una y mil veces. Dieciocho años después, el aparato del PO revisa aquella posición (o quizás ya entonces estaba en contra de la posición “altamirista”) y se desbarranca en un kirchnerismo tardío, bajo el paraguas, precisamente, de una organización también kirchnerista, como la CTA Autónoma. El impuesto extraordinario de Del Plá a las mineras tiene el mismo propósito que las retenciones de Cristina, vale decr, pagar la deuda pública usuraria. Hirsch expone a un “Milei que reduce impuestos a los exportadores, generando mayor presión sobre los precios de los alimentos y cubriendo el costo fiscal con más ajuste”, pero omite que hace lo mismo “con los importadores” para “bajar los precios”, en detrimento del capital local (¡Whirlpool!) y desatar el despido masivo. La defensa de las retenciones por parte del aparato del PO viene de lejos: en 2021, a propósito de un proyecto del kirchnerismo de nacionalización de Vicentín para rescatar del vaciamiento y la quiebra al pulpo de alimentación, el aparato del PO se comió la cortina de humo de la “soberanía alimentaria”, reivindicando una política de alimentos baratos para poder pagar salarios que hicieran “viable” a la “industria”. Recalentaron, en definitiva, el plato frío del desarrollismo. Para el aparato del PO, el propósito de la “nacionalización del comercio exterior” constituía un recurso para alterar los precios relativos, y no un punto de apoyo para poner fin a la dominación capitalista en su conjunto.
Hirsch afirma que "denunciar que las mineras no pagan impuestos importa mucho. Es un argumento central para combatir la propaganda pro minera allí donde la actividad cuenta con aceptación y es parte troncal de la economía”. Hirsch tiene un programa para todos los gustos: donde la minería “cuenta con aceptación” vamos por las regalías; donde no, vamos por el cierre de las mineras y por el desempleo. El enorme enredo que se ha instalado en la cabeza de estos oportunistas sin límite tiene una explicación sencilla: la conexión entre las industrias extractivas y el medio ambiente, de un lado, y la universalidad humana potencial de la clase obrera, del otro, sólo puede ser resuelta por medio de una revolución socialista internacional. Con independencia de la mayor o menor atención con que cuente la minería, una ‘preocupación’ típicamente oportunista, los socialistas luchamos por las mejoras salariales y contra el saqueo capitalista de la naturaleza, por medio de una propaganda y una agitación socialista revolucionaria. ¡Esta es la cuestión!
Desde la publicación del Manifiesto del Partido Comunista, los impuestos progresivos y confiscatorios al capital forman parte del programa de la dictadura del proletariado, no como método de reasignación de recursos en el interior del Estado capitalista. Kautsky lo defendió para “el día siguiente de la Revolución Social” (¡!), en un texto de 1809, o sea, como parte de las tareas de “un proletariado victorioso”. Una cosa es denunciar el parasitismo de las empresas mineras y al Estado burgués como garante del parasitismo y otra, absolutamente diferente, es adoptar una política nacionalista impositiva para salvar la deuda pública del gobernador Vidal y del presidente Milei.
La nota de Hirsch llega, fatalmente, hasta el último y previsible desenlace: la defensa de los monopolios mineros. “Si la izquierda adoptara enteramente la posición del MST y postulara que la única alternativa es la prohibición de la megaminería, la extracción petrolera y los agronegocios, se entregaría a la marginalidad política”. El argumento típico del oportunismo más descarado, reivindicado por un aparato cada vez más marginal. Para Hirsch, “una enorme transformación productiva como la que requiere el abandono de la megaminería solo puede llevarse a cabo con una amplísima movilización económica, incluida la utilización de minerales en amplia escala”; como “la energía eólica y solar que requiere acero, cobre, litio, energía y un largo etcétera”. No se trata, sin embargo, de la transformación productiva que requiere “el abandono de la megaminería”, sino la que requiere la humanidad socializada. Hirsch no toma el cuidado siquiera de defender a los glaciares de la minería abierta, de modo que ha elegido la “barbarie” en lugar del “socialismo”. El articulista designado sustituye la ley de la acumulación capitalista por la de la “transformación productiva”, como lo hace cualquier funcionario de los monopolios y Caputo y Milei.
En otras palabras, el “abandono de la megaminería” (…) “mediante la utilización de minerales” exige continuar con la megaminería. Luego de apoyar al gran capital (minero) ‘realmente existente’ y defender regalías para el pago de la deuda pública, Hirsch invoca el “control obrero y un gobierno de trabajadores” y “una planificación económica e investigación científica (cuyo) objetivo no sea la ganancia sino la satisfacción de necesidades sociales”. Pero aun con estos recaudos Hirsch no sale del capitalismo, esto porque todo modo de producción está obligado a “satisfacer necesidades sociales" como condición de existencia; el socialismo, un modo de producción que deja de serlo a medida que se desarrolla, es el que abole el trabajo asalariado y, con ello, la naturaleza misma de las llamadas “necesidades sociales”. Estas necesidades, conscientemente establecidas, dejan de ser un aspecto exterior o alienado de un sistema de explotación, para convertirse en un medio de libertad de los individuos sociales.
El PO oficial ha abandonado la crítica de la gran minería capitalista y descalifica las luchas ambientales en curso, las cuales ponen de manifiesto, consciente o inconscientemente, el antagonismo entre la actual actividad predatoria y la defensa del agua o del medio ambiente ¿Y la lucha contra la contrarreforma de la Ley de Glaciares? ¿Y las movilizaciones masivas en Mendoza en defensa del agua? En nuestra plataforma de 2023, Política Obrera colocó la formación de “comisiones obreras de control” de los proyectos mineros “con derecho a veto”, o sea, a la suspensión de las inversiones y actividades impugnadas. Hirsch, luego de defender con ahínco la minería capitalista, termina con una perorata sobre el “hombre y la naturaleza”. Una estafa. El propósito es pagar la deuda de Santa Cruz con el palabrerío de mayores regalías y defender las retenciones kirchneristas. Bancarrota mayor no se consigue.
La ‘polémica’ que desarrolla el aparato del PO tiene el único propósito de cerrar la brecha con el aparato ligado a la CTA-A, en Santa Cruz. Ha demostrado, en el camino, la penetración sin retorno de un oportunismo del más vulgar.
Con colaboración de la Redacción.
