El escenario de la izquierda brasileña frente a la crisis política y el comienzo de movilizaciones populares

Escribe Emiliano Monge

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Las manifestaciones contra Bolsonaro, el pasado 7 de junio, tuvieron lugar en al menos 20 capitales y varias ciudades del interior. Participaron partidos de izquierda, movimientos sindicales, sociales, populares y del movimiento negro. Levantaron la consigna “Fora Bolsonaro”.

En las últimas semanas hubo intercambios políticos en la perspectiva de un frente de “defensa de la democracia”. El 21 de mayo unas 400 organizaciones, entre ellas, PT, PCdoB, PCB, PSTU, PCO, PsOL y UP, habían dado a conocer un documento para reclamar el juicio político, o ‘impeachement’, contra Bolsonaro. En caso de que el Senado destituyera a Bolsonaro, la presidencia debe ser asumida por el general (r) Hamilton Mourao – el vice.

Manifiestos como “Estamos juntos” plantean “Fuera Bolsonaro” una “defensa de la democracia”, en función de otra perspectiva - impulsar una alternativa electoral en 2022. “Somos el 70%”, es otra de las plataformas que se inscribe en una defensa de la democracia. Los excandidatos Ciro Gomes y Marina Silva llamaron a un “frente amplio por la democracia”, junto al expresidente Henrique Cardoso.

El intelectual progresista Eduardo Soares publicó en O Globo una nota en la que pide evitar las movilizaciones. El senador del PT, Jacques Wagner, firmó una carta junto a Sustentabilidade, PSB, PDT y Cidadania, desaconsejando participar en movilizaciones que estaban programadas. Fue apoyado por el gobernador de Ceará, Camilo Santana. Advertían que movilizar significaba correr el riesgo de ser provocados por bolsonaristas infiltrados o darle excusas al gobierno para defenderse. La presidenta del bloque de diputados del PT, Gleisi Hoffmann, por el contrario, cruzó a ambos, en apoyo de las manifestaciones.

El diputado federal Marcelo Freixo, del PSoL dijo que “si no tuviera una pandemia, estaría en las calles todos los días contra Bolsonaro” (Poder360), o sea que “se queda en casa”.

Boulos candidato presidencial del PSoL, MTST (trabajadores sin techo), con el Frente Povo Sem Medo, convocaron, junto al PSTU, PCB y UP a actos en la calle. El PCdoB (cabeza de la central CTB) no convocó, sin embargo, a su activismo. Sí lo hizo la central sindical Conlutas. El PSTU denunció que PSoL ,“aunque participaron activistas de base, no estuvo presente en los actos como partido” (PSTU, 8/6).

Boulos (PSoL), que habló el domingo en los actos, dijo que estaba al tanto de los riesgos, pero no creía que “si les dejamos las calles, estaremos evitando” la escalada autoritaria de Bolsonaro. Desde el PSoL Resistencia, Valerio Arcady, durante décadas dirigente del Pstu, explicó que “debemos tener cuidado con la omnipotencia de pensar que la izquierda tiene más autoridad que la que tiene” (esquerdaonline, 7/6). “Nadie sabe si Bolsonaro tendría apoyo militar para una aventura provocativa para imponer una maniobra bonapartista. La importancia de alinear las Fuerzas Armadas con Bolsonaro para preservar el mandato no se puede minimizar. Las amenazas de provocación son al menos un intento de blindaje” (3/6). Para este sector del PSoL hay que presionar “en las calles” al Congreso para conseguir el impeachment. Dicen: “Debemos luchar por la construcción de la unidad democrática más amplia, incluidos todos los sectores burgueses y de derecha (…) no se puede confundir con una alianza estable con los sectores empresariales y la derecha, bajo pena de la izquierda sucumbiendo al liderazgo y al programa de la oposición burguesa” (ídem, 9/6). La clave está en la palabra “estable”, sin establecer cuánto duraría esa ‘estabilidad’, ni la relación entre el éxito de un ‘impeachement’ y la asunción de Mourao, el militar vice. Plantean una “tercera vía” entre “Frente Amplio” con la derecha y el “Frente Único” de los trabajadores. Reclaman al PT ponerse a la cabeza del frente, aunque el PT quiere a la cabeza a una fuerza que esté a su derecha. “Fora Bolsonaro”, agregan, debe ser el piso para una amplia unidad de acción.

El PSTU plantea, en cambio: “Fuera Bolsonaro y Mourão, además de una cuarentena real para salvar vidas, con trabajos garantizados, salarios, ingresos, apoyo para pequeñas empresas, y contra el genocidio negro y en defensa de las libertades democráticas” (ídem). Para alcanzar este objetivo plantea la convocatoria de elecciones ‘ya’.

Para el MRT (PTS), “los actos dejaron a la derecha a la defensiva”. Plantean una “Asamblea Constituyente libre y soberana”. “Para eso, las centrales sindicales deben (…) convocar una paralización nacional, como ocurrió recientemente en Italia” (esquedadiario, 9/6). La “paralización” nacional tiene como objetivo “expandir la democracia”: “En una Constituyente libre y soberana impuesta por la lucha, será posible someter al voto popular todos los principales problemas nacionales y la dirección del país (…) no será volver al proyecto del país del PT (…) Será avanzar en un proyecto de país donde realmente las mayorías populares, la clase trabajadora, cada vez más femenina y negra en nuestro país, puedan tomar las riendas de las decisiones sobre los grandes problemas y avanzar para hacer que los capitalistas paguen por la crisis” (ídem). No dice quién convocaría a esa Constituyente, ni si ella sería ejecutiva. Se deduce que es una forma expandida del parlamento, en el marco de la división de poderes.

La izquierda brasileña plantea una variedad de salidas: ganar las elecciones en dos años, adelantar las elecciones ‘ya’, proceder al juicio político contra Bolsonaro u otorgar al parlamento funciones constitucionales.

Desde la primera propuesta a la última, ninguna prevé una crisis de poder, un desplome social y política, una irrupción de luchas generalizadas, ni la emergencia de situaciones revolucionarias. Tampoco se prepara para ese escenario, mediante una acumulación revolucionaria de fuerzas en la clase obrera.

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