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La planta automotriz Stellantis Peugeot de El Palomar se encuentra, una vez más, paralizada: la producción fue frenada por completo. En un acuerdo con el sindicato de la UOM de Caseros, la empresa adelantó las vacaciones adeudadas a una parte del personal y al resto lo suspendió, abonando el 70 % de los haberes, como indica el convenio. Cabe destacar que la automotriz dejó un pequeño remanente del plantel para realizar tareas de limpieza y mantenimiento de las instalaciones.
Stellantis justificó el parate productivo en la necesidad de reacondicionar las instalaciones para el armado de autos eléctricos. Sin embargo, la realidad muestra una caída fenomenal en la venta de vehículos a nivel general, del orden del 20 al 25 %. Además: “En el caso de Stellantis, y de Peugeot en particular, a esta situación se suma la baja de las exportaciones a Brasil, que en 2025 fue del 38 % para el Peugeot 208 y del 44 % en el Peugeot 2008, lo que los obligó a generar un cambio de ritmo de producción en la fábrica de Caseros, para adecuar el stock de unidades a la demanda” (Infobae, 18/02). Es decir, la crisis de fondo es de sobreproducción.
Mientras los sindicatos permiten que las patronales avancen, empresas que no muestran pérdidas en sus balances, suspenden, despiden y cierran. Las consecuencias son desempleo y miseria para la clase trabajadora. En este contexto, la aprobación de la contrarreforma laboral da cobertura legal a prácticas que las patronales ya han comenzado a aplicar.
Si bien el gobierno acusa a las patronales por los cierres, por otro lado les permite ganar fortunas con los intereses de la deuda pública. Son las caras de la misma moneda y cuando se trata de atacar a la clase trabajadora cierran filas como se puede ver en el congreso.
Por eso es que en este momento es crucial que los trabajadores y trabajadoras de Stellantis, así como los de Fate y los de todo el país, organicemos ocupaciones para enfrentar este atropello. En este sentido la organización de la huelga general nos permitirá superar las barreras con las que la burocracia sindical nos quieren frenar.
