Escriben Daniela Magoc y Julián Asiner
Tiempo de lectura: 5 minutos
Un informe realizado por Asociación de Profesionales de Servicio Social (APSS) reveló la magnitud de la caída del salario de los trabajadores de la salud de CABA durante el año pasado. Las paritarias de la salud porteña obtuvieron un 24,2% de aumento, mientras que la inflación acumulada fue del 31,8%. De este modo, para diciembre de 2025 la pérdida salarial acumulada respecto de diciembre de 2024 fue del 5,7%. Cuando se compara la evolución del salario respecto del dólar (+41,8%) la desvalorización es aún mayor, del 12,4%, tomando el tipo de cambio oficial. Los primeros meses de 2026 profundizaron esta tendencia, con aumentos ínfimos por debajo de la inflación en ascenso.
Como resultado de este deterioro histórico, que se viene profundizando sin solución de continuidad desde el 2018 a la fecha, crecen las renuncias de profesionales, los cargos que no se pueden cubrir y el incremento de la tendencia al pluriempleo y la sobrecarga de los trabajadores que seguimos en el sistema público de salud. Actualmente, el salario de una enfermera de la salud pública porteña araña el $1.100.000, llegando al $1.400.000 con antigüedad. Apenas por encima se encuentra un profesional que ingresa al primer año de la residencia.
En este contexto, la Asociación de Médicos Municipales (AMM) mantiene su ofensiva por la división de la carrera profesional. Según argumentan, crear una carrera exclusiva que separe a los médicos del resto de las otras profesiones y disciplinas, les permitiría obtener mejores salarios. Es la AMM, sin embargo, la responsable de firmar, junto a SUTECBA, todos los acuerdos paritarios que hundieron el salario de los trabajadores de la salud en todos estos años. ¿Por qué dividir la fuerza permitiría conseguir mayores conquistas? Los únicos aumentos reales, que permitieron una recuperación parcial del salario en los últimos años, fueron los arrancados por las huelgas generales organizadas por las asambleas de residentes, que unificaron a todos los profesionales sin distinción de disciplina y con independencia de la burocracia sindical.
El proyecto de división de la carrera, que contaría con el visto bueno del gobierno de Jorge Macri, se presentaría sin embargo en la Legislatura porteña a través de la oposición, ya que su principal defensora es la diputada Claudia Negri, de Unión por la Patria, quien fue compañera de fórmula de Leandro Santoro. En el contexto de una contrarreforma laboral general, la fragmentación de la carrera no tiene el objetivo de mejorar la situación de los médicos, cuyas condiciones de trabajo son atacadas todos los días por el gobierno, sino de quebrar al colectivo obrero de la salud. Es lo que ya ocurre con la exclusión de enfermería de la carrera profesional y la posterior creación de una carrera “trucha” que perpetúa la discriminación al sector y que se impuso en una votación amañada y con represión en las afueras del recinto de la Legislatura porteña..
Al deterioro salarial y la sobrecarga laboral se añade un reforzamiento del control patronal sobre las agendas y dinámicas de trabajo en los hospitales y centros de salud. El gobierno de Macri primero impuso una reorganización de las agendas de atención de forma vertical, valiéndose de la digitalización, y ahora implementó un nuevo sistema de licencias (SIAL) que facilita que toda interrupción de esa agenda sea penada con descuentos salariales, en la medida en que no cuente con una licencia que la justifique. Esto vale especialmente para interrupciones vinculadas con la participación en asambleas y medidas de lucha, pero incluso para aquellas motivadas por reuniones de equipo, capacitaciones o actividades comunitarias.
En un contexto de crecimiento de la demanda sobre el sistema público, por el vaciamiento de las obras sociales y la dificultad para costear una prepaga, el control policíaco de los ritmos de trabajo por parte del gobierno porteño pretende obligar a los trabajadores a sumar más horas de consultorio, en lugar de aumentar el presupuesto contratando al personal necesario.
Como si esto fuera poco, cada vez son más los trabajadores afectados por descuentos salariales debido al desconocimiento de licencias médicas por parte de medicina laboral. El control patronal a través de la amenaza de descuentos, que en los próximos pasos sumaría la huella digital y un control del presentismo por medio de geolocalización, afecta la continuidad de los abordajes profesionales comunitarios de carácter interdisciplinario y es un instrumento que se reserva la patronal para bloquear los procesos de organización, en línea con la contrarreforma laboral.
El deterioro salarial empuja a los trabajadores al pluriempleo, exponiéndose a extensas jornadas laborales diarias sin descanso. Es necesario oponer una salida colectiva que supere las respuestas individuales de subsistencia, que terminan impactando sobre la vida y la salud de los trabajadores y profesionales.
En estos días se están realizando reuniones de las delegaciones de Federación de Profesionales en los diferentes hospitales. La dirección de Federación pretende, sin embargo, excluir de la agenda la reivindicación de una recomposición salarial, que estima de difícil concreción. Es esta misma conducción la que, meses atrás, votó en su congreso el reclamo de un salario mínimo de $2.500.000, por el que después no movió un dedo.
No se puede ocultar el sol con la mano ni pretender atender a la defensa de las condiciones de trabajo cuando la caída del salario deteriora a todas ellas. El declarado abandono de la reivindicación salarial, de parte de una conducción que nunca fue parte de esa pelea, retrata el impasse de las direcciones del movimiento de la salud.
Hoy, el costo de la canasta familiar en CABA asciende a los 3 millones de pesos ($3.009.498,83 en febrero de 2026 según el CESyAC). Es necesario aprovechar la convocatoria a reuniones para colocar el reclamo por este piso mínimo para todos los trabajadores de la salud, incluyendo en la deliberación a todas las profesiones y disciplinas (enfermería, médicos, profesionales y personal administrativo).
Un programa de lucha conjunto debe incluir la defensa de la autonomía de los procesos de trabajo y del control de los trabajadores sobre el funcionamiento de sus equipos y agendas de atención, rechazando la presión patronal. Así como la mejora de las condiciones de atención, incluyendo la lucha por elementos de trabajo adecuados y el equipamiento para salas y consultorios.
No hay mejor antídoto contra la división de la carrera profesional que una lucha común que una a todos los trabajadores de la salud por el salario, las condiciones de trabajo y la defensa de la salud pública. Impulsemos autoconvocatorias en todos los hospitales y centros de salud en la perspectiva de organizar una huelga general de la salud para conquistar todas las reivindicaciones planteadas.
Fuentes:
análisis salarial 2026.pdf - Google Drive CESyAC - Canasta Básica en CABA
