La “diplomacia secreta” del castrismo residual y la llegada del buque petrolero ruso a Cuba

Escribe El Be

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La llegada del petrolero ruso con 730.000 barriles de petróleo de los Urales al puerto cubano de Matanzas, en el norte Cuba significa un alivio de cortísimo plazo de 9 o 10 días.

Desde el bloqueo, los apagones masivos dejan sin luz eléctrica a la totalidad de la Isla. Según el New York Times, los pacientes se mueren a la espera de medicamentos o cirugías. La ayuda humanitaria que llega a la iIla tampoco puede atracar en el puerto, porque las grúas de los astilleros carecen de combustible. La escasez de alimentos se agrava, el agua potable escasea y la basura se acumula en las calles. La energía solar que se genera en el país sólo es útil durante el día, por la falta de baterías a gran escala para almacenamiento. Apenas una pequeña red de centrales eléctricas suministra energía directamente a los llamados "centros vitales", como hospitales, plantas procesadoras de alimentos e instalaciones de telecomunicaciones. Las aerolíneas cancelaron sus vuelos, y el turismo se ha desplomado, interrumpiendo un suministro crucial de divisas. El petrolero ruso tardará semanas en llegar a la población; el proceso de refinamiento que transformará el crudo en combustible utilizable y su distribución demorará, según se estima, entre 20 y 30 días.

Los medios internacionales se han debatido sobre el significado de la llegada del buque ruso. El lunes por la mañana, Dmitry Peskov, portavoz del gobierno ruso, declaró que la entrega del crudo se había acordado con suficiente antelación con el gobierno norteamericano. Pero la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, aseguró que la medida no supone un cambio de política hacia Cuba y la única salida sigue siendo un cambio de régimen. Por su parte, el diario The Guardian sostiene que “una medida de Washington para bloquear el petrolero por la fuerza podría haber aumentado las tensiones marítimas con Rusia”. Otros analistas aseguran que obedece al temor a la reacción de los mercados energéticos. También se especula que el permiso de Trump puede formar parte de un acuerdo más general con el gobierno de Putin, desde el levantamiento de la prohibición de comprar petróleo ruso a raíz del cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán. Incluso el petrolero que llegó al puerto de Matanzas, el Anatoli Kolodkin, y la empresa a la que pertenece, Sovcomflot, estaban sancionadas por Washington desde 2024.. “Ser un aliado o protegido ruso parece no ser muy rentable hoy en día” (El Mundo, 31/3), en alusión a los ataques a Irán, la caída de Siria, la captura de Maduro y el resto de operaciones en marcha por todo el globo.

A finales de febrero, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos había anunciado que autorizaría a algunas empresas estadounidenses con licencia para vender combustible a Cuba, siempre y cuando las transacciones se mantuvieran fuera del alcance de entidades controladas por el régimen y que las transacciones financieras se realizaran fuera del sector bancario cubano controlado por el Estado. El Wall Street Journal (30/3) asegura que “la llegada del buque cisterna también ha puesto de manifiesto las deficiencias de los planes emergentes del gobierno de Trump, canalizando el combustible y otros suministros comerciales esenciales hacia el pequeño sector privado de la isla”.

La llegada de petróleo a Cuba estaría atada a las negociaciones bilaterales que el gobierno estadounidense y el cubano mantienen en el más hondo secreto. Donald Trump acaba de asegurar que “creo que tendré el honor de tomar Cuba”. Pero Washignton apuesta a encontrar nuevas figuras del régimen cubano que acepten el papel que asumió Delcy Rodríguez en Venezuela. Este rol lo jugarin dos descendientes de Fidel y Raúl Castro. El gobierno cubano ha autorizado la importación privada de combustible, rompiendo el monopolio estatal y “los funcionarios cubanos han indicado que están dispuestos a ir más allá que en el pasado, incluyendo otorgar arrendamientos a largo plazo para tanques de almacenamiento a empresas estadounidenses, permitir que estas conserven la propiedad del combustible, supervisar las ventas de combustible y realizar pagos en el extranjero en lugar de canalizar los fondos a través de bancos cubanos” (WSJ, 30/3).

Este proceso, aseguran, abre la puerta a algo parecido a una privatización parcial del mercado nacional de combustibles. Por otro lado, el viceprimer ministro cubano, Oscar Pérez-Oliva Fraga, declaró a principios de mes que el gobierno permitirá a los cubanos que viven en el extranjero invertir y ser propietarios de negocios en la isla (según la legislación cubana vigente, los cubanoamericanos sólo pueden invertir en la isla si restablecen su residencia en Cuba). Pero la propuesta fue rechazada por muchos miembros de la comunidad cubanoamericana en el exilio, empezando por el secretario de estado Marco Rubio.

El New York Times se pregunta si la “Delcy cubana” no saldrá de las entrañas mismas de la familia Castro. Apuntan en ese papel al mencionado Óscar Pérez-Oliva Fraga, sobrino nieto de Raúl y Fidel Castro, que realizó los anuncios de apertura de la economía privada cubana. También aparece 'Raúlito' Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, quien lidera las conversaciones con Estados Unidos. La ventaja de estos personajes radica en que “sus lazos familiares podrían permitirle afianzar el apoyo político entre aquellos dentro de las estructuras de poder de Cuba que ven a los Castro como una fuente de estabilidad y legitimidad revolucionaria”. Pérez-Oliva Fraga fue nombrado recientemente como diputado en la Asamblea Nacional de Cuba, una maniobra calculada, “ya que, según la ley cubana, solo los diputados pueden ser presidentes” (NYT 28/3).

La salida ‘venezolana’ es cuestionada en su factibilidad por quienes entienden que la dirigencia política de Cuba es mucho más cohesionada que la de Venezuela, por lo que la posibilidad de una negociación que divida al régimen sería más difícil, cuando en realidad sería la razón para hacerla factible, como ocurrió además en la misma Venezuela. Finalmente, el sector de Marco Rubio no está dispuesto a llegar a un acuerdo con ningún miembro del régimen actual, lo que le dejaría a Estados Unidos muy pocas opciones. La llegada del buque ruso se produce días después de que una multitud enfurecida de manifestantes saqueara la sede del gobernante Partido Comunista en la ciudad de Morón, en el noreste de Cuba, y prendiera fuego a los muebles de oficina. El hecho no tiene precedentes en las protestas de la población cubana. Un exanalista de la CIA le aseguró al diario que “Trump no quiere un colapso social durante su mandato”. En esa línea, la llegada del buque petrolero ruso serviría al gobierno norteamericano para ganar tiempo para imponer una salida negociada con el régimen gobernante o parte de él.

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