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En los últimos días, mientras la atención mundial ha estado puesta en la inminencia de una agresión militar de una armada estadounidense apostada en el mar Arábigo contra Irán, el gobierno de Trump se ocupó fuertemente del diseño de una decapitación del régimen político de Cuba.
Un decreto de Washington intimó al gobierno de la Isla “a alinearse ‘suficientemente’ con Estados Unidos en asuntos de seguridad nacional y política exterior”. Poniendo en práctica la amenaza, ordenó sanciones contra todos los gobiernos que vendan petróleo a Cuba, fundamentalmente a Rusia, Irán, México y Venezuela, con la intención de quebrar por completo su deteriorada economía. En una suerte de círculo perfecto, Trump aplica el mismo método que hace más de medio siglo aplicaron Eisenhower-Nixon cuando, en 1960, ordenaron detener sus operaciones a las refinerías extranjeras en Cuba con la intención de producir un colapso de la economía. El resultado de este boicot fue un descomunal puente marítimo petrolero de la Unión Soviética al Caribe y la nacionalización sin pago de las refinerías extranjeras en la Isla. Con esos eufemismos, el decreto es, sin embargo, claro: Cuba debería romper cualquier relación estratégica con países como Rusia, China, Irán y otros, y colaborar con la CIA en materia de espionaje y persecución en el área del Caribe. En resumen, convertirse en un Protectorado ‘de facto’ del imperialismo norteamericano. México, bajo el gobierno ‘nacional y popular’ de Claudia Scheinbaum, ya se ha alineado con el boicot a Cuba. El colombiano Gustavo Petro, en tanto, mientras le dio a Trump, en la Casa Blanca, los nombres y direcciones de decenas de capos del narcotráfico internacional, para insinuarle al anfitrión su complicidad con quienes se jacta de combatir, habría aceptado una mayor colaboración con la CIA y el apoyo a la confiscación de la industria petrolera de Venezuela, por parte del dúo Rubio-Trump.
Después de varias intervenciones denunciando la prepotencia de Trump, Díaz-Canel, el presidente de Cuba, aceptó ayer conversaciones con Washington - “en pie de igualdad”. Las cartas, sin embargo, vienen marcadas, porque Trump se encuentra desarrollando una guerra mundial, no un ataque selectivo. Trump ha sancionado a las exportaciones petroleras de Rusia, mientras procura forzar a Putin a un acuerdo en Ucrania. Acaba de obtener de la India, a cambio de una reducción de aranceles que él mismo había subido, el cese de la compra de petróleo de Rusia. El ataque contra Irán no se limita a obtener el control del proceso de enriquecimiento de uranio de ese país, ni el control político del Medio Oriente sino el acceso de China a la energía fósil. El imperialismo norteamericano, aun con graves contradicciones internas, desarrolla una cuarentena económica, política y militar mundial, para reducir al mínimo la capacidad de sus rivales, y en primer lugar China, para enfrentar una guerra contra la legión militar norteamericana. Por eso redobla, como en las guerras mundiales precedentes, el control de América Latina y la cadena de sus suministros. Nada de esto es viable, sin embargo, sin el control del verdadero ‘patrio trasero’ de la burguesía imperialista, que es su propio país, Estados Unidos. Los Trump y compañía pretenden convertir a los propios Estados Unidos en un Protectorado ‘de facto’ de la oligarquía financiera norteamericana. Es lo que pone en evidencia el ICE y sus redadas y el despliegue policial-militar y también del ejército en territorio estadounidense. La campaña para regimentar y manipular las elecciones intermedias de noviembre próximo, en Estados Unidos, se encuentra en marcha.
Es en este contexto que Trump prepara el “cambio de régimen” en Cuba: el Wall Street Journal dice saber que esto ocurrirá “antes de fin de año”. También describe una acción intensa de parte la CIA para encontrar fracciones colaboracionistas en la Isla que secunden una operación política como la impuesta en Venezuela. Rubio declaró a Cuba un “estado fallido” y “al borde del colapso”. Para WSJ, el ‘peligro’ de un asedio político-militar es que desate, sin la instalación de un relevo político a cargo de un ‘castrismo residual', una “crisis humanitaria’, que se propagaría en el Caribe, y podría forzar una intervención militar directa. Este debate de características políticas gansteriles concluye con la advertencia de que la camarilla trumpista carece de una salida económica evidente para Cuba. En ausencia de un Plan Marshall (la asistencia a Europa luego de la Segunda Guerra Mundial), no quedaría otra cosa que un ‘ajuste’ catastrófico.
Como ha ocurrido con el genocidio palestino en Gaza; la guerra contra Irán, el secuestro de Maduro y la instalación de un viceconsulado en Caracas; el nacionalismo burgués no movido un dedo en combatir este ‘colonialismo’ sin aditamentos, como tampoco lo hace contra Milei-Caputo-Bullrich. No advierte acerca de la guerra imperialista en desarrollo, ni del amplio reparto del mundo que impulsa el imperialismo norteamericano. Es necesaria una agitación contra la guerra imperialista y por la derrota (derrocamiento) de los gobiernos imperialistas. En este marco llamamos a desarrollar una campaña por la defensa de la independencia de Cuba contra el asalto imperialista.
La contrarrevolución trumpista procura enfrentar la agonía mortal del imperialismo mediante otra guerra mundial.
