Luis Brandoni, vida y obra

Escribe Sergio Escalas

Tiempo de lectura: 4 minutos

Talentoso, comprometido, influyente, versátil, referencia en su campo, ícono; todas estas expresiones, y tantas otras, fueron conquistadas y son reconocibles en Luis Brandoni, un actor que brilló tanto en el drama como en la comedia. Falleció este lunes, luego de un accidente en los camarines del teatro donde estaba presentando una obra junto a Soledad Silveyra.

Ha sido distinguido en vida por su aporte al patrimonio artístico nacional. El gobierno porteño dispuso dos días de duelo en los edificios públicos. Su velatorio se realiza en la Legislatura de la Ciudad.

Su carrera empezó a dejar una marca en la consideración popular en 1960, cuando formó parte de “Buenos días, Pinky”, el programa de TV conducido por Lidia Satragno. De esta primera etapa, se hallan algunos muy interesantes trabajos en teatro, que incluso después traspuso en pantalla grande, como fue el caso de “Convivencia”, o más acá en el tiempo, “Made in Lanús” (que estrenó en 1986 y repuso, esta vez como director, en 2024), y su expresión cinematográfica “Made in Argentina”. Ganó fama televisiva como contraparte de Joe Rigoli en “La nena”, programa protagonizado por Marilina Ross que le dio a sus intérpretes un nivel de exposición al que hasta entonces, a pesar de sus numerosos trabajos, no habían podido conseguir.

En la década del 70, Brandoni vivió en carne propia el terror parapolicial que anticipó a la dictadura. Las listas negras, las amenazas de la Triple A, un exilio en México y el volver a empezar. Trabajos en el cine como “La cigarra está que arde” (1967) y “Tute Cabrero” (1968), estaban impregnados de valor artístico, pero no le daban a Brandoni la posibilidad de terminar de despegar. Hasta que, a mediados de los años setenta, el destino barajó, dio de nuevo y cantó una mano ganadora con las notables “La Patagonia rebelde” (1974), “La tregua” (1974), “Gente en Buenos Aires” (1974) y “Juan que reía” (1976). Cuatro títulos que alcanzaron para colocar al actor entre los más destacados del cine nacional de ese momento. Y hubo un director en particular, Alejandro Doria, con el que las colaboraciones con Brandoni lograron una alquimia que para algunos derivó en la mejor película del cine argentino, “Esperando la carroza”, y luego continuó con el éxito de “Cien veces no debo”.

Su regreso a la pantalla chica -luego de un destacado paso una década antes junto a Patricio Contreras en “Buscavidas”- ocurrió en los años 90, en Telefe, con “Mi cuñado” (1993). En dupla con Ricardo Darín, y apoyado por un canal que exploraba una renovación estética y de contenidos, el artista recibió la mirada de una nueva generación, que poco y nada conocía de su carrera, pero que había encontrado en él a un actor brillante con virtudes de comediante.

Su carrera cinematográfica continuó con “La furia” (1997), “Esa maldita costilla” (1999, el regreso de Susana Giménez a la pantalla grande). En la última década alcanzó una seguidilla de éxitos muy notoria. Coprotagonizó “Mi obra maestra” (2018) con Guillermo Francella y tuvo una corta pero contundente aparición en “4x4” (2018), los filmes en los que la dupla Mariano Cohn y Gastón Duprat se turnó detrás de cámara. Se destacan también algunos trabajos colectivos como los de “El cuento de las comadrejas” (2018) o “La odisea de los giles” (2019).

Tomando en cuenta la televisión, “Durmiendo con mi jefe” (2003), “El hombre de tu vida” (2011) y “Un gallo para Esculapio” (2017), que fue una de las ficciones más distinguidas de los últimos años. O en teatro: “Conversaciones con mamá” (imperdible mano a mano con Pepe Soriano), “Justo en lo mejor de mi vida” (de la que fue primero actor y después director), “El acompañamiento” (obra que tuvo que suspender cuando se contagió de Covid), o incluso “Parque Lezama”, la puesta de Juan José Campanella que también presentó con gran éxito en España, y que este año se dio el gusto placer de llevar a la pantalla. Sus personajes rebozaban de carisma.

Brandoni tenía constantemente la mirada puesta en el futuro. En declaraciones públicas, se dirigió a los actores jóvenes, que recién están comenzando y les dijo que vean cine, que lean teatro argentino, que se fijen en nuestra gran tradición teatral, cinematográfica, de televisión, tomando en cuenta que Buenos Aires es la tercera capital teatral del mundo, donde también se puede trabajar.

La militancia en el radicalismo lo acompañó desde lejos. Después del golpe de 1976, Brandoni y su entonces esposa, la actriz Marta Bianchi, sufrieron un breve secuestro por parte de un grupo parapolicial comandado por Aníbal Gordon. Con la llegada de la democracia, en 1983, Luis fue una voz autorizada para el presidente Raúl Alfonsín, en todo lo que tuviera que ver con el área de Cultura. En 1997, accedió a una banca de diputado por la UCR.

En la década del setenta, fue secretario general de la Asociación Argentina de Actores (AAA). En 2017 renunció a su condición de socio de la AAA, por “incompatibilidad ideológica” con la conducción kirchnerista del sindicato. No se sumó, en cambio, al movimiento que impulsaba la recuperación del sindicato como una herramienta de lucha de los trabajadores que, mediante el impulso a asambleas y plenarios, llevó adelante la conducción de la Lista Celeste. Apoyó decididamente la formación de Cambiemos, la alianza del radicalismo con el macrismo. Cuando interpretaba personajes revolucionarios y luchadores, era capaz de tocar una fibra que estremecía a la audiencia. Sin embargo, su actividad militante siempre se mantuvo en el campo del compromiso con el statu quo y la preservación del orden capitalista.

“¡Le llenaron la cocina de humo! ¡Le hicieron un hijo! ¡Le inflaron el bombo!” o “En todo Nueva York, yo no puedo tomar un café con nadie, eso es el exilio, ¿me entendés?”. Del irónico “tres empanadas” al furioso “ahí lo tenés al pelot...”: los diálogos del actor que lo consagraron, son incontables. Pero que mejor cierre para el recuerdo, que el caso de “La Patagonia rebelde”, gran cumbre del cine nacional, en la que el espectador no puede dejar de sentir la piel de gallina cuando, en la última asamblea, el secretario general de la Sociedad Obrera de Río Gallegos, Antonio Soto (interpretado por Luis Brandoni), insiste en continuar la la huelga, porque rendirse era equivalente a ser derrotado y la derrota equivalía a la muerte.

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