La reducción de la pobreza infantil es un mito

Escribe Valentina Viglieca

Tiempo de lectura: 2 minutos

Explicar la pobreza infantil como un proceso aislado de la situación de las familias obreras oculta las causas de la destrucción sistemática de las condiciones de vida de los y las niñas. Un informe reciente de la Encuesta de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica señala que la pobreza infantil alcanzó el 53,6% a en 2025, con un 10,7% de indigencia. La cifra muestra que 6 de cada 10 niños es pobre y que 3 de cada 10 chicos y chicas no logran comer regularmente y tienen carencias en el acceso a la vivienda, la educación y la salud.

La encuesta analiza la caída de casi 10 puntos entre 2020 (64,4%) y 2025 (53,6%). El pico de la pobreza infantil se dio durante la pandemia y la post pandemia, cuando los trabajadores ´informales´ no pudieron trabajar y el Estado no les proveyó ni un mísero subsidio. La caída es llamativa, sin embargo, en un contexto de crecimiento de los despidos, la eliminación de la cobertura a comedores populares, el aumento del transporte, los servicios y los alimentos, etcétera.

Según el mismo informe una caída similar en la pobreza se dio entre 2010 (45,2) y 2012 (35,7), en ese caso la caída se explicaba por paliativos como la Asignación Universal por Hijo (2009) que empezó a impactar un año después, el Plan Nacer/Sumar, la Inscripción de Nacimientos que permitía acceder a la AUH, el Plan de Seguridad Nacional Alimentaria y el Argentina Trabaja. No hubo generación de empleo, mucho menos bajo convenio, por lo que el “parche” rápidamente dejó de impactar a la baja. El gobierno de Javier Milei marcha en dirección a la eliminación, reducción y/o congelamiento de toda ayuda asistencial.

La pobreza infantil alcanza a los hijos de los trabajadores bajo relación de dependencia. Un informe del economista Nadin Argañaráz revela que, en los últimos 27 meses, los salarios de los trabajadores y trabajadoras estatales perdió un 21% del poder adquisitivo, lo que equivale a 2 años completos de sueldo. El Instituto de Investigación de Economía Política de la Facultad de Ciencias Económicas UBA informó que: “Respecto de noviembre de 2023, el poder de compra del salario público cayó 17,9%”. A la caída del salario respecto de la inflación hay que sumarle la pérdida de puestos de trabajo en el sector público y privado.

Según Infobae (22/4) desde noviembre de 2023 se perdieron 300 mil empleos registrados y creció un 7,8% el monotributismo, al mismo tiempo que cayó un 60,7% la cantidad de inscriptos en el Monotributo Social, que permitía a los desocupados y precarizados acceder a una Obra Social. De los despidos contabilizados, 190 mil pertenecen al sector privado y 111 mil al Estado (Nacional, Provincial y Municipal). La consultora que presentó el informe -EconViews-, señala que el empleo total registrado cayó de 13.393.000 a 12.853.000. Estas cifras desmienten que la pobreza haya retrocedido.

La única verdad es la realidad: crece el endeudamiento de los trabajadores con acceso a créditos bancarios, la comida en las familias se compra con tarjeta de crédito y se refinancian en cuotas y los salarios no llegan a la línea de pobreza que dicta el propio INDEC de la era Milei. Una familia tipo necesitó en marzo $ 1.434.464 para no ser pobres.

Los trabajadores y las trabajadoras necesitamos seguir el camino de la docencia autoconvocada y sacarnos de encima el lastre de la burocracia sindical. La pobreza de las masas no se termina con paliativos gestionados por gobiernos de la burguesía, que además Milei pretende remover.

Para terminar con la pobreza tomemos en nuestras manos el futuro dándole guerra a Milei y su gobierno.

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