En el marco del Escudo de las Américas, el fascista Peter Thiel llega a la Argentina para fortalecer al estado policial

Escribe Aldana González

Tiempo de lectura: 5 minutos

Peter Thiel -el CEO de Palantir- arribó con su familia el domingo a Buenos Aires, para quedarse dos meses. Se reunió con Javier Milei y ya fue visitado por varios empresarios y funcionarios de gobierno.

Thiel es un fascista liberticida. Palantir -codesarrollado por la CIA- elabora softwares que integran, ordenan y analizan enormes cantidades de datos para tomar decisiones y definir blancos. Produce información al servicio de las agencias de defensa e inteligencia de Estados Unidos e Israel, principalmente. También presta servicios a otros estados y a empresas privadas. Sus softwares han sido usados para asesinar personas en Gaza, el Líbano e Irán y para detener inmigrantes en Estados Unidos y activistas propalestinos en toda Europa.

La guerra en Gaza le ha servido como una gigantesca vidriera para vender sus productos y le ha permitido multiplicar sus contratos en todo el mundo.

Peter Thiel, nacido en Alemania y criado en la Sudáfrica del apartheid, es un supremacista blanco que ha declarado públicamente que no tiene problema con que sus productos sirvan para asesinar a población civil. Esta semana publicó el manifiesto de Palantir, que plasma sus ideas fascistas y militaristas.

Se supone que es un liberticida como Milei. Sin embargo, Thiel no aboga por la destrucción del Estado; sus planteos delinean un Estado totalitario tomado por las corporaciones. Más aún, por su penetración real en los comandos de Defensa de diferentes estados, se puede hablar de una pretensión de funcionar como un supraestado.

Palantir en el mundo

Ucrania firmó un acuerdo con Palantir para construir un sistema de defensa aérea autónomo llamado "Brave1 Dataroom". Esta plataforma utiliza millones de datos e imágenes reales de la guerra recopilados por militares ucranianos para entrenar modelos de Inteligencia Artificial. La manera en que los ejecutivos de Palantir supervisan en el terreno, implica que integran en los hechos el Ministerio de Defensa de Ucrania, supervisando todas las acciones. La pérdida de soberanía que implica entregarle a una empresa privada todos esos datos y permitirle ese grado de “supervisión” es algo que Ucrania, de todos modos, ya puso en juego hace mucho y con muchas otras empresas estadounidenses. Dos tercios de sus tierras fértiles le pertenecen a BlackRock, por ejemplo, la empresa para la que trabajaba –qué chico es el mundo– el marido de Peter Thiel.

En el ejército de los Estados Unidos también hay empleados de Palantir, que ocupan cargos de carrera, pero que han sido puestos a dedo. El caso más destacado es el de Shyam Sankar, director de Tecnología de Palantir, quien fue comisionado como teniente coronel en la Reserva del Ejército en junio de 2025, sin haber hecho ninguno de los 17 años de carrera que requiere el cargo.

También, con el cargo de teniente coronel, se nombró a otros tres ejecutivos de la empresa para que lo acompañen en las tareas. Todos a dedo. El mismo vicepresidente, J. D. Vance, ha sido financiado por Palantir.

Peter Thiel le dio a Vance uno de sus primeros trabajos y más tarde financió con 15 millones de dólares su exitosa candidatura al Senado, en Ohio, en 2022. Por eso resulta curioso que J. D. Vance –siendo Peter Thiel su mentor– sea vendido en la opinión pública como la facción del gobierno menos partidaria de la guerra.

Desde que Trump asumió su segundo mandato, la empresa ha sido contratada por el Departamento de Seguridad Nacional para investigar estafas relacionadas con bodas, por el Departamento de Asuntos de Veteranos, para recopilar estadísticas, por el Servicio de Impuestos Internos, y por el Departamento de Estado, para identificar amenazas contra ciudadanos estadounidenses y diplomáticos estadounidenses en el extranjero, según datos de contratación federal. Las decenas de contratos adjudicados a Palantir desde que Trump asumió la presidencia se cuentan por miles de millones de dólares, incluyendo un acuerdo de diez años con el Ejército de los Estados Unidos por un valor de hasta 10 mil millones de dólares. El precio de las acciones de Palantir casi se ha triplicado desde la elección de Trump.

En Reino Unido hay una puerta giratoria de funcionarios del Ministerio de Defensa que renuncian para ser contratados por Palantir. Inmediatamente le consiguen a la empresa contratos con el gobierno.

También se sabe que la exministra de Defensa alemana, Ursula von der Leyen (CDU), actual presidenta de la Comisión Europea, se reunió con el otro director ejecutivo de Palantir, Alex Karp, en la Conferencia de Seguridad de Múnich en 2018 y en el Foro Económico Mundial de Davos en 2020. Alemania tiene, tanto a nivel nacional como de los estados federados, varios contratos con la empresa, algunos de los cuales fueron declarados inconstitucionales por la alevosía de la injerencia.

Con el Mossad, Palantir tiene una relación desde hace más de 10 años y, desde el 7 de septiembre, forjó una alianza estratégica con todo el Ministerio de Defensa de Israel.

La empresa tiene a un ejecutivo global encargado de todas estas relaciones, Noam Perski. Su trabajo consiste específicamente en dirigir las relaciones con agencias gubernamentales de inteligencia, defensa y policía en todo el mundo, lo que demuestra que existe una estrategia corporativa centralizada para penetrar en diferentes gobiernos.

En Argentina

Peter Thiel no ha dado a conocer los objetivos de su estadía en Buenos Aires. Sin embargo, nos podemos dar una idea de sus pretensiones de lograr contratos, obtener paquetes de datos y penetrar en el gobierno.

En marzo pasado, Patricia Bullrich intentó un contrato con la empresa de Thiel vinculado con el propósito de poner en pie el ICE argentino. Como el proyecto de impulsar la Agencia de Seguridad Migratoria fue abortado por la oposición de Karina Milei, el contrato con Palantir no vio la luz, al menos públicamente.

Ahora Thiel se reunió directamente con Santiago Caputo –el enemigo interno de Karina y que tiene bajo su órbita a la SIDE– antes de ver a Javier Milei. En enero, Karina trasladó la subsecretaría de Ciberseguridad -que dependía de la SIDE- a la jefatura de gabinete para mantenerla bajo su control, pero dejando a un hombre de Caputo en el control técnico, Darío Genua, dando cuenta de una negociación. La visita de Thiel llega justo cuando la guerra de carpetazos está dejando gravemente lesionado a Adorni, peón de Karina.

El marco interno de estos posibles acuerdos sería el DNU 941/25, que dotó de facultades extraordinarias y represivas a la SIDE para llevar adelante una persecución contra los sectores en lucha contra el gobierno. Además, el decreto establece la concentración de todos los datos del Estado, el combustible con el que funcionan los softwares de Palantir.

El contexto externo de la llegada de Thiel a Buenos Aires es la adhesión de la Argentina al Escudo de las Américas promovido por Donald Trump. Este plan Cóndor 2.0 enmarca la iniciativa para habilitar, no sólo los contratos con Palantir y la entrega masiva de los datos del Estado, sino la intervención de la empresa en diferentes niveles de gobierno, como ya ha hecho en Estados Unidos y en Ucrania.

La penetración de Palantir actúa en dos aspectos. Por un lado, refuerza el estado policial que se propone Javier Milei para implementar un régimen de excepción. Por otro, aceita la vinculación de la Argentina con la guerra mundial.

La llegada de un embajador del fascismo y la guerra con pretensiones imperiales debe inspirar una gran agitación política para que se retire de inmediato de Argentina y para denunciar la infiltración en la SIDE de las agencias extranjeras que quieren alinear a al país con la guerra imperialista mundial.

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