La política del partido de Myriam Bregman en FATE, y el ‘relato’ de un activista

Escribe Pablo Busch

Tiempo de lectura: 5 minutos

El PTS se ha visto obligado a responder a nuestro artículo de Política Obrera acerca de su política en FATE que no se diferencia de la que siguen la directiva del Sindicato, ni el aparato el Partido Obrero. Sebastián Tesoro, un activista del SUTNA, pretende que nuestra posición consiste en rechazar los proyectos de leyes que el SUTNA y el FITU enviaron a la Legislatura bonaerense, para que el gobierno de la Provincia se haga cargo de la reapertura de la fábrica. Se trata, obviamente, de una impostura, porque la reapertura de la fábrica exige la intervención del Estado, ante la decisión de la patronal de cesantear a la totalidad de los trabajadores. Obviamente, no nos hemos privado de señalar los límites de esos proyectos, porque protegen en muchos aspectos los intereses de la patronal de Madanes Quintanilla y constituyen una forma de subsidio estatal a ese grupo en un período de crisis de la industria.

Más allá de este señalamiento hemos criticado también la agitación nacionalista del Sindicato y del FITU acerca de “la defensa de la industria nacional”, impropia de un planteo clasista y socialista, que ahora ha cobrado un carácter generalizado en el programa que ha presentado el PTS para las elecciones presidenciales de 2027. En realidad, este programa acentúa la tendencia nacionalista de los programas que el FITU ha presentado en elecciones anteriores.

Sebastián Tesoro ha dedicado su largo artículo a ocultar nuestra denuncia fundamental de que esos proyectos han sido un instrumento para ofrecer una alternativa legalista y burocrática a la iniciativa de ocupar la empresa por parte de un numeroso grupo de trabajadores, al retorno de las vacaciones de verano. El SUTNA y el FITU han abordado la reapertura de la fábrica no desde el ángulo de la acción directa y la presión al Estado mediante el recurso extremo de la ocupación y la puesta en funcionamiento de la fábrica, sino del cabildeo con los parlamentarios patronales y la burocracia sindical. Se han valido de las tratativas con el aparato del Estado y de los sindicatos para bloquear la ocupación de las instalaciones. Objetivamente, han ofrecido a esos aparatos la garantía de que no desarrollarían la ocupación de la empresa, para ‘ganarlos’ a los proyectos parlamentarios. Lo dijo Alejandro Crespo en la asamblea del lunes 18: ‘ocupación de la fábrica, no’. Violentó, con este planteo, toda la experiencia de la crisis de 2002, cuando una ola de tomas de empresas impuso expropiaciones limitadas por parte de las legislaturas porteña, bonaerense y cordobesa. La oposición a ocupar FATE, como garantía política a los representantes del Estado, constituye una manifestación contundente de una política anti-obrera, por parte de quienes se reclaman de izquierda y socialista, y hasta “partidos de combate”. Sebastián, quien forma parte del pequeño núcleo de la toma del tanque, nos ha dejado un artículo de apoyo a quienes sabotean esa toma. Al cabo de tres meses, la política del partido de Sebastián no ha logrado ninguna concesión del Estado ni de sus parlamentarios.

Sebastián Tesoro cae, lamentablemente, en la falacia y en la deshonestidad cuando pone un signo de igualdad entre la gestión proyecto de ley del SUTNA por parte de los parlamentarios de su propio partido, con el proyecto de reducción de las 6 horas del Subte sin afectar el salario, presentado por Altamira, en 2002. Dice que “El POT [se refiere a Política Obrera] considera hoy que toda presentación de un proyecto de ley es en sí mismo negativo, aunque sea progresivo y tomado en manos de sectores en lucha para pelear por él. Como cuando el proyecto de Jorge Altamira de las 6 horas en el Subte que fue tomado por los trabajadores. Allí afirmaron el 29/8/2002 que “El proyecto puntal de Altamira fue elaborado conjuntamente con numerosos delegados de Metrovías; este método fue un factor poderoso de movilización” y la llamaron Victoria Histórica.”

No podría haber mayor antagonismo entre un caso y el otro. Altamira, por lo pronto, no hizo ninguna gestión ante los bloques patronales de la Legislatura para que aprueben el proyecto; no hubo un ápice de ilusión parlamentarista. La finalidad del proyecto era servir de eje de movilización en el Subte; con ese propósito fue apoyado y agitado por un núcleo de delegados. Lejos de sobarle el lomo a la burocracia sindical, en este caso UTA, se desarrolló una lucha política contra ella, que visitaba a los legisladores para que rechacen el proyecto. Sobre los legisladores porteños pendía el temor a una huelga general en los subterráneos; Altamira y Vilma Ripoll recorrieron los túneles y talleres del subterráneo invitados por los obreros. Cuando la Jefatura de Gobierno de CABA vetó el proyecto votado por el 75 % de los diputados, los delegados paralizaron el subte por 24 horas, a pesar de la UTA. La reducción de la jornada sin afectar el salario sólo entró en vigencia cuando Néstor Kirchner enfrentó una amenaza de huelga general en la semana de las elecciones porteñas entre Aníbal Ibarra y Mauricio Macri. Lo que logró el proyecto de Altamira fue lo que Altamira y el Partido Obrero de la época se propusieron, o sea que fuera impuesto por medio de la acción directa. El sindicato del Subte nació de esa experiencia. El contraste con lo que ocurre en FATE no podría ser mayor: ‘pasilleos’ por ministerios y parlamentos, franela con la burocracia sindical, sabotaje a la ocupación de la fábrica – seguido de una desmovilización obrera sin precedentes en el Neumático.

Sebastián defiende esta política, mientras nos ‘acusa’ de haber apoyado la recuperación del SUTNA mediante la victoria aplastante de la lista Negra contra la burocracia de la CTA – en 2016. Tesoro les oculta a los lectores que el SUTNA fue recuperado con el mismo método que se aplicó en el Subte, y que llevó a una derrota de la burocracia de la UTA. La seccional San Fernando se había convertido en un bastión de lucha y en un ejemplo para las otras fábricas. Ahora, Sebastián Tesoro apoya la política del aparato del PO, de la dirección del SUTNA y del PTS, y se atreve a calificarnos como “arrepentidos”. Tuvimos razón antes y la tenemos ahora: el PTS se ha equivocado en las dos etapas. Lo que ocurre en el SUTNA muestra quién es quién en la crisis en el PO y en el FITU, incluidas expulsiones en masa. Aunque Alejandro Crespo clausuró la toma de la fábrica en la asamblea del lunes 18, no ha ofrecido ninguna salida. El FITU está dispuesto a tragarse la cicuta de una de una derrota hasta la última gota. Mientras en Bolivia, las masas desafían al ejército y la policía, el aparato del PO rechaza organizar una ocupación porque, dice, desataría un desalojo policial. Es el pronunciamiento mortal de un autoproclamado “partido de combate”.

La línea de apoyo a la orientación de la Directiva del SUTNA no fue un desliz de Tesoro en el acto del 1ro de mayo, cuando dijo que ellos eran “la primera línea de las acciones convocadas por la Directiva”. Hace tres semanas, el PTS acompañó, como durante todo el conflicto, al SUTNA a una Audiencia Pública en Diputados de la Nación en donde Tesoro abrió su intervención diciendo “suscribir a las palabras de Alejandro Crespo”. “Hay Proyectos que se han ido presentando. Estamos de acuerdo con el Proyecto que se presenta en la Provincia de Buenos Aires de ocupación temporal.”

Compañero Tesoro, no basta ser un activista para militar como revolucionario; para eso hay que militar en un partido que merezca ese nombre.

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