Escribe Marcelo Ramal
La fraseología distorsiva del Manifiesto del PTS. Tercera entrega.
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En entregas anteriores -ver aquí y aquí- hemos visto hasta ahora que el Manifiesto electoral del PTS para la campaña electoral de Myriam Bregman no tiene un carácter socialista sino nítidamente ‘nacional y popular’. Cualesquiera sean las especulaciones acerca de un eventual frente con el peronismo, el kirchnerismo o La Cámpora, la convergencia programática no ofrece ninguna duda.
El texto, sin embargo, postula un “Cordobazo del siglo XXI” sin clarificar lo que esto pueda significar como planteo de poder. Reivindica el Cordobazo de Mayo de 1969 y otras “rebeliones obreras y populares” por los “cambios favorables (que produjeron) en la relación de fuerzas con el poder político y económico”. El Cordobazo, en realidad, fue un levantamiento contra la dictadura militar de Onganía con la consigna política “por un gobierno obrero y popular”, no una tentativa de modificar las relaciones de fuerza. Además de representar el esbozo de una tendencia de la clase obrera de la gran industria hacia una revolución proletaria, hizo total omisión del retorno de Perón y de Perón mismo, desbancando la línea trosco-morenista, que había defendido ese retorno como la vía de lucha hacia una revolución socialista.
El Cordobazo fue, por otra parte, no un punto de llegada de la movilización obrera, como sostiene el Manifiesto, sino un punto de partida. Los recursos para “frenarlo”, contrariamente a lo que sostiene el Manifiesto, no prosperaron, sino que fracasaron, pues el Cordobazo desató una ola de levantamientos en casi todas las provincias y forzó al jefe simbólico del gorilismo militar, Alejandro Agustín Lanusse, a propiciar el retorno de Perón. Esta operación contrarrevolucionaria fue saludada por todos los partidos de Argentina, y en especial por el foquismo y el trosco-morenismo como una “victoria popular”. El vacío de poder creado por el Cordobazo fue ocupado por un frente único del gorilismo y el peronismo, con el apoyo de la izquierda montonera y de la trosca.
Esta operación política, sin embargo, de grandísima envergadura, también fracasó, como lo manifestó el Villazo de 1974, la huelga general y las Coordinadoras Obreras de junio-julio de 1975, e incluso la victoria, ese mismo año, de la corriente clasista en el SMATA Córdoba. El ciclo abierto por el Cordobazo (seis años) fue liquidado por la dictadura de marzo de 1976. El foquismo y la izquierda ‘institucional’ (apoyo a la llamada “institucionalización”) colaboraron intensamente en el apoyo al retorno de Perón, primero, y a su gobierno, después. El Cordobazo fue condicionado por una enorme crisis de dirección revolucionaria, esencialmente el seguidismo al peronismo, que el PTS recoge en las definiciones programática de su Manifiesto. El Manifiesto convoca a crear un Nuevo Movimiento Histórico, en la ruta del Yrigoyenismo y del Peronismo; una mayor capitulación (“histórica”) ante el nacionalismo no se consigue. El Cordobazo no fue “un cambio de la relación de fuerzas”, sino, mucho más que ello, una acción histórica independiente de masas. El “Cordobazo del Siglo XXI”, como el “Socialismo del Siglo XXI”, no pasa de una etiqueta, destinada a encubrir un programa ‘nacional y popular’. Lo mismo ocurre con el planteo de la Huelga Política General, por parte de una corriente que día por medio reclama a la burocracia de la CGT que “dirija un plan de lucha”. Distorsiona el planteo de la Huelga Política de Masas, planteado por Rosa Luxemburgo a la luz de la Revolución Rusa de 1905, quien la definió como “(e)l método de movimiento de la masa proletaria, la forma fenoménica de la lucha proletaria en la revolución”. El Manifiesto del PTS constituye uno de los intentos más explícitos para confundir a la clase obrera e incapacitar teóricamente a sus sectores más avanzados
“Superar por izquierda”
La declarada pretensión del Manifiesto es “superar al peronismo por izquierda”, o sea una diferencia de grado en el marco de un “abanico” político común. Es el lugar que pretenden Grabois o La Cámpora, o el que ocupaban en el pasado los Montoneros. El setentismo foquista (y también morenista) también pretendía superar “por izquierda” al peronismo.
Pero el socialismo -palabra ausente en el conjunto del Manifiesto petesiano- no es una versión radicalizada del nacionalismo burgués. Es, por el contrario, una crítica histórica al régimen social existente. La tesis de la superación “por izquierda” disuelve la frontera entre el peronismo y el socialismo.
Es lo que ocurrió con el apoyo de Bregman, y otros dirigentes del PTS hacia Cristina Kirchner, con la excusa de su proscripción tiene un carácter manifiestamente político. CFK ha sido la cabeza del Estado capitalista y de sus organismos represivos; parte del aparato de los Guillermo Moreno, Pedraza y Moyano, denunciante de la ocupación de Gestamp o a los docentes de Santa Cruz, y una firme sostenedora de Sergio Berni, el desalojador de Lear y de la Panamericana, y promotora de la Seguridad Democrática (espionaje a las organizaciones populares). Borrar esta frontera de clase es un crimen político contra la clase obrera.
