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Este 3 de junio se cumple un nuevo aniversario del NI UNA MENOS y la situación catastrófica de las mujeres trabajadoras se agrava cada año, en Argentina y en el mundo.
Las mujeres palestinas enfrentan un genocidio y apartheid que escala en sintonía con la crisis y desarrollo de la guerra mundial. Israel ya ocupa el 70% del territorio gazatí y arroja a su población a hacinarse en lugares donde no hay agua potable, alimentos, productos de higiene ni atención médica. El 90% de la población de Gaza fue desplazada de su territorio, con el apoyo incondicional del imperialismo estadounidense y de Milei.
Unos 1,8 millones de personas padecen altos niveles de inseguridad alimentaria aguda, entre ellas casi 133.000 con inseguridad alimentaria catastrófica, según el sistema de Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria en Fases (CIF) La ONU estima que los edificios dañados incluyen más del 90% de las residencias en Gaza, con 160.000 destruidas y otras 276.000 parcialmente muy dañadas. (BBC 17/01/25).
El estado de Israel utiliza la violación como método de guerra; “en entrevistas desgarradoras, los palestinos me han relatado un patrón de violencia sexual israelí generalizada contra hombres, mujeres e incluso niños, por parte de soldados, colonos, interrogadores de la agencia de seguridad interna Shin Bet y, sobre todo, guardias de prisión. No hay pruebas de que los dirigentes israelíes ordenen violaciones. Pero en los últimos años han construido un aparato de seguridad en el que la violencia sexual se ha convertido, como decía un informe de Naciones Unidas el año pasado, en uno de los “procedimientos operativos estándar” de Israel y en “un elemento importante en el maltrato a los palestinos”. Un informe del mes pasado, del Euro-Med Human Rights Monitor, un grupo de defensa de los derechos humanos con sede en Ginebra, a menudo crítico de Israel, concluye que Israel emplea “violencia sexual sistemática” que “se practica ampliamente como parte de una política estatal organizada”.
“Las fuerzas israelíes emplean sistemáticamente la violación y la tortura sexual para humillar a las detenidas palestinas”, decía el informe de Euro-Med. Citaba a una mujer de 42 años que dijo que la habían encadenado desnuda a una mesa metálica mientras soldados israelíes mantenían relaciones sexuales con ella a la fuerza durante dos días, mientras otros soldados filmaban las agresiones. Después, dijo, le mostraron fotos de su violación y le dijeron que las publicarían si no cooperaba con la inteligencia israelí. (The New York Times 27/05/26)
Paralelamente otra de las "hazañas" del imperialismo fue comenzar el año con el bombardeo de Trump a Venezuela secuestrando a su presidente, Nicolás Maduro y dejando un saldo de 100 muertos, junto a la advertencia de que harán lo mismo en Cuba. A los pocos días, un bombardeo a una escuela iraní asesinó a 180 personas, principalmente niñas. Los criminales de guerra son los primeros infanticidas.
El gobierno de Milei ha dado un apoyo sistemático a Trump y Netanyahu en sus ataques bélicos, enviando recursos económicos, militares y apoyo político como recientemente lo hizo al “Milei del altiplano”, el presidente de Bolivia, que atraviesa una rebelión popular en su país.
El imperialismo perdió su dominio a nivel mundial; necesita la guerra y la catástrofe capitalista para imponer protectorados, militarizar y controlar los recursos estratégicos de los países que los poseen. La guerra en nuestro país se manifiesta en los ataques a la clase trabajadora de conjunto y en particular, en la guerra hacia las mujeres, las que sostienen este sistema en decadencia.
La desocupación, la precarización laboral y el “cuentapropismo” se ha incrementado La contra reforma laboral es incompatible con la situación social y laboral de la mujer trabajadora, altera la distribución de los días de licencia antes y después del parto, puede incluso habilitar situaciones de imposición por parte del empleador, que podría obligar a las mujeres a trabajar hasta 10 días antes del parto, en lugar de los 30 días originalmente previstos y solo 2 días de licencia por paternidad, no contempla adopción, nacimientos múltiples, nacimientos pretérmino ni discapacidad. Ni por enfermedad de familiares, ni turnos médicos y excluye a trabajadores autónomos y monotributistas (ELA, 5/2).
El banco de horas no es viable para las madres, es imposible trabajar cuando el patrón disponga independientemente de cualquier tipo de horario y rutina familiar, es una expulsión explícita de la mujer al mercado laboral, persistirá la exclusión de 1,8 millones de mujeres del sistema productivo, en un contexto económico donde solamente un salario no alcanza para cubrir las necesidades básicas.
Políticamente, en nuestro país, no hubo un “retiro del estado” en los barrios y comedores populares, todo lo contrario, la intervención estatal se reforzó desde una orientación fascista, no hay presupuesto para la mercadería que mata el hambre de miles de niños en las ollas populares, pero hay $97.135 millones de pesos para la SIDE, financiamiento para la represión de cada miércoles a los jubilados, hay recursos de sobra para la guerra mundial y el FMI.
Desde el Observatorio de las Violencias de género “Ahora Que Sí Nos Ven”, en colaboración con la Universidad Nacional del Delta presentaron el informe con los datos de víctimas letales de violencia de género ocurridos en Argentina a 11 años de la histórica movilización del #NiUnaMenos. Las estadísticas fueron elaboradas a partir del análisis de medios gráficos y digitales de todo el país en el marco del Convenio de colaboración y fortalecimiento institucional suscrito entre el Observatorio y UNDELTA.
Entre el 3 de junio del 2015 y el 24 de mayo del 2026 se registraron al menos 3205 casos de víctimas letales de violencia de género: 3144 femicidios directos y vinculados, 46 transfemicidios y travesticidios y 15 instigaciones al suicidio.
En estos 11 años hubo 1 femicidio cada 31 horas. Las cifras reflejan una realidad cruda y persistente: las violencias por motivos de género continúan afectando gravemente la vida, la libertad y los derechos humanos de mujeres e identidades feminizadas.
Frente a la barbarie capitalista, la salida está en la organización independiente del estado y de las direcciones burocratizadas del movimiento obrero y por defecto, del movimiento de mujeres, que apostaron al inmovilismo junto con las centrales sindicales que le garantizaron la gobernabilidad a Milei. La clase obrera boliviana marca un rumbo, el de la movilización popular.
En nuestro país, debemos deliberar qué clase debe gobernar, la emancipación de la mujer no vendrá de los partidos que sostienen un régimen de barbarie, con entramados mafiosos del poder como demostró el caso de Agostina Vega, solo la clase obrera revolucionaria en el poder terminará con la catástrofe capitalista que nos entrega una muerta por día.
