Carlos Solari, "El Indio" (1949-2026)

Escribe Jacyn

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Cayó el telón para Carlos Solari, "El Indio", cantante y compositor de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. "Artista" sería el término más adecuado para definir a este rockero que murió a los 77 años en su casa-bunker-estudio de Parque Leloir. Además de músico, fue ilustrador y dibujante. Parte de su obra fue exhibida recientemente en Arthaus, con gran afluencia de ´público redondo´. En 2017, había publicado -en colaboración con Matías Santellán- "Escenas del delito americano", suerte de historieta distópica que desarrolló durante más de 40 años. Dejó también una voluminosa autobiografía escrita junto a Marcelo Figueras, titulada "Memorias que mienten un poco".

El Parkinson que lo afectaba lo obligó en los últimos tiempos a semi retirarse de la vida pública, aunque se las ingeniaba para mantener el contacto con sus seguidores por medio de las redes sociales, de entrevistas o incluso entregando nueva música. La muerte sorprendió al Indio barajando varios proyectos, a pesar de las limitaciones que su estado de salud le imponía. Por su parte, Los Fundamentalistas, la banda de apoyo que lo acompañó en su carrera solista, se ocuparon de mantener vivo ´el ritual´ a través de sus presentaciones, multitudinarias incluso sin la presencia física del cantante, recreando canciones de toda su carrera.

La trayectoria de los Redondos es un caso insólito en el rock nacional. El grupo se fue cocinando a fuego lento desde mediados de los años 70, hasta convertirse, al momento de su separación en 2001, en la banda más convocante por lejos de la escena local. No hay medida para calcular el alcance de su penetración en el público argentino. Al menos cuatro o cinco generaciones cantan de memoria sus canciones. Fueron y son todavía el único grupo de rock argentino que puede medirse, en términos de popularidad, con la cumbia, incluso a pesar de -o quizás gracias a- la complejidad de su propuesta en términos musicales, poéticos y sonoros. El ascenso de los Redondos es fruto de muchas cosas, seguramente, pero, sin duda, sobre todo de la calidad de su obra y del riguroso trabajo del Indio y los suyos en pulirla y ejecutarla.

El grupo se abrió paso sin apoyo de compañías discográficas, luego de algún intento infructuoso para conseguir un contrato en una industria que los tenía por "raros". La comandancia del proyecto reposaba en ese verdadero ´triángulo de hierro´ que integraban Solari, su socio compositivo "Skay" Beilinson y la mánager de la banda Carmen Castro ("La Negra Poly"). Los Redondos fueron ganando difusión desde los márgenes, e incluso demoraron varios años en grabar su primer disco, "Gulp" (1984). Mérito de la originalidad del grupo, se metieron en el bolsillo a lo mejor de la intelligentzia rockera de los años 80; entre otros, al staff de la revista Cerdos & Peces, con la que los Redondos -y el Indio especialmente- mantuvieron una fluida relación hasta el final de la década. En cada presentación sumaban público nuevo. Así, paulatinamente, pasaron de los pubs a los estadios. "Solos y de noche" era su lema. Los Redondos no participaban de festivales -salvo alguna rara excepción al principio de su carrera- ni compartían cartel con otros grupos. La lírica hermética de Solari, una banda ajustada, sostenida por la guitarra de Skay, y una estética personalísima -a la que aportó mucho también la gráfica de Rocambole- fueron construyendo una ´mística´ alrededor de los Redonditos de Ricota que no se desvaneció ni siquiera cuando alcanzaron el éxito comercial en los años 90 y todavía perdura.

El Indio mantuvo a lo largo de su carrera un perfil ideologizado. En las entevistas que brindaba, elaboraba ideas impregnadas de ´sesentismo´, presentes en discos como Oktubre o canciones como "Juguetes Perdidos" ("Banderas rojas / banderas negras / de lienzo blanco en tu corazón"). Sus blancos predilectos eran ´los poderosos´, la industria discográfica y el rock descerebrado. Se definía como "un hippie rocker que se la creyó y que sigue pensando lo mismo". Por otra parte, los choques entre sus seguidores y la policía eran frecuentes. La muerte de Walter Bulacio, de 16 años, detenido durante una razzia en las puertas del Estadio Obras, produjo un quiebre que derivaría en la derogación de los infames edictos policiales, sostenidos hasta entonces por Alfonsín y Menem. En los últimos años, El Indio se identificó públicamente con el kirchnerismo, como dijo alguna vez, más por sus enemigos que por mérito propio. No tenía contemplaciones, en cambio, con Javier Milei, a quien fustigaba como "el enano de la motosierra".

El arte del Indio Solari tocó el corazón de la masa a través de sus canciones. Estableció una conexión profunda con su público, pero especialmente con los ´desangelados´, con los desposeídos, con la clase obrera y sus hijos.

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