“Funflación”: el negocio del pasatiempo

Escribe Joaquín Antúnez

Tiempo de lectura: 4 minutos

Una reciente columna del medio estadounidense Wall Street Journal (WSJ) analiza el fenómeno en ascenso de los espectáculos de entretenimiento, incluido el deporte, desde la reapertura tras la pandemia de Covid 19. Si bien la columna se refiere por entero a los Estados Unidos, las líneas generales de la investigación periodística arrojan elementos para un análisis más amplio.

Lo primero que observa el artículo son los precios astronómicos que fueron adquiriendo las entradas y gastos asociados a cualquier evento deportivo o de entretenimiento. El acento está puesto en los costos prohibitivos que ha adquirido la Copa Mundial de Fútbol, principalmente, en el tramo que se disputa en suelo estadounidense. Concluye que dos espectadores estadounidenses han gastado el doble en ver la presente Copa Mundial que durante toda su estadía en Brasil en 2014 para el mismo evento.

Los precios de las entradas han estado en el centro de la polémica, en particular por el negocio de la reventa. La propia FIFA habilitó una página oficial de reventa, obteniendo una ganancia extra espectacular. Se estima que el precio medio de una entrada para la Fase de Grupos se situó en 1.084 dólares en SeatGeek. Una platea con una visión aceptable del campo de juego ronda los 800 dólares. Estos precios se disparan en las fases finales del torneo.

Pero esto que sucede en el fútbol se ha trasladado a múltiples eventos. Los casos de entradas con valores astronómicos en la música se han vuelto moneda corriente. La segmentación de los campos (VIP, campo delantero, campo trasero, etc.) en nuevas categorías respecto de las tradicionales plateas baja, platea alta, pullman, etc., han aumentado sideralmente el rendimiento económico de los tickets, más allá de que incide directamente en la experiencia final del espectador. La tendencia a desembolsar cuantiosas cantidades de dinero ha ido en aumento entre las clases medias y trabajadoras, sentencia el informe. Ante la ausencia de cuotas sin interés, muchas personas recurren a sistemas de “compra ahora, pague después”, lo que permite pagar durante un año la entrada de un evento de 3 horas.

Las razones del auge de la "experiencia en vivo" son muchas. En parte, incide la experiencia del encierro y/o limitaciones de 2020, impuestas por la pandemia. Por otra parte, la caída de la venta de discos y los pocos centavos que dejan las plataformas digitales a los artistas, trasladaron el negocio a las presentaciones en recitales. Una gran compañía -Live Action- tiene el cuasi monopolio de los estadios y arenas a nivel mundial -recientemente este pulpo ha comprado la mayoría accionaria del Movistar Arena- El negocio creado alrededor del ocio se nutre de los pauperizados salarios de los trabajadores.

El negocio del ocio se ha convertido en un ingreso importante para las empresas que regentean el deporte y los distintos eventos. “Las acciones de Madison Square Garden Sports, propietaria de los Knicks, han subido aproximadamente un 88% en el último año, mientras que las acciones de Live Nation, la empresa matriz de Ticketmaster, han subido más del 20%”, indica el WSJ. Los Knicks han tenido una gran temporada en la NBA y obtuvieron el título de la lLiga de básquet, luego de una larga sequía. Las entradas para el partido final -en el Madison Square Garden- cotizaban la friolera de 4.100 dólares. En el deporte copado por el capital privado, una buena temporada se refleja en un subidón en la bolsa. De lo contrario, viven una caída abrupta, como ha ocurrido con las acciones del grupo inversor dueño del Manchester United de Inglaterra.

La reventa se ha convertido en un monopolio de unas pocas empresas a lo largo del globo. En el caso de Ticketmaster, en muchos estados norteamericanos se iniciaron acciones para la aplicación de la ley anti monopolio. Además de monopolizar la venta de entradas, las empresas desarrollaron bots de compra automática, que luego ofrecen esas entradas en reventa a través de canales alternativos. En muchas ocasiones, los shows figuran con todas las butacas vendidas, pero en realidad solo un porcentaje fue adquirido por seres humanos.

La importante alza de los precios, asocia la columna, se debe al gasto indiscriminado del 20% más rico de la población, que no pierde oportunidad para participar de diversos eventos. Esto queda claro en la asistencia al Mundial 2026. Este fenómeno ha recibido el nombre de “funflation”, cuya traducción sería La inflación de las diversiones”.

Mirar deportes o disfrutar de un recital u obra de teatro, alimenta una parafernalia que no tiene nada que ver con el hecho deportivo o artístico. En prácticamente cualquier evento, se venden entradas a precios más bajos -que nadie podría calificar de baratas, por otro lado- bajo la denominación “visión parcial del escenario”. En el actual Mundial, estas transformaciones se han puesto de manifiesto con la invención del “cooling break”, que ha generado 250 millones de dólares extras por publicidad.

Los fanáticos y muchos de los protagonistas, tanto jugadores como directores técnicos, han señalado estas cuestiones en las conferencias de prensa. Las asociaciones regionales miran con recelo la incorporación de estas nuevas modalidades por el rechazo generalizado que pueden generar a pesar de sus altos beneficios económicos. El Mundial registra el récord de asistencia a los estadios, pero también el mayor nivel de privatización y subordinación del deporte al capital.

Estas tropelías no han impedido que el mundo se conmueva con muestras de gran destreza en el campo de juego. El rendimiento de la selección iraní, que disputó el torneo en condiciones paupérrimas, ha dejado un gran sentimiento de injusticia entre los hinchas del fútbol. Las clasificaciones históricas de Cabo Verde, que dejó eliminado nada menos que a Uruguay, o la acción de la República Democrática del Congo, asolada por una cruenta guerra civil, ha generado la simpatía inmediata de habitantes de todo el planeta. Por allí se cuelan el deporte y la humanidad ante la privatización del disfrute porcparte del capital.

“La desvalorización del mundo humano crece en razón directa a la valorización del mundo de las cosas”, afirmó Marx en sus célebres manuscritos económico-filosóficos de 1844.

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