Escribe Sergio Yeti
Una ofrenda a la oligarquía tecnológica.
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A solo 24 horas de los despidos y la represión a los trabajadores de la CNEA, el gobierno de Javier Milei anunció una inversión de 1.200 millones de dólares para la construcción del reactor modular pequeño ACR-300. Este reactor fue desarrollado por la empresa estatal INVAP y su patente fue vendida en Estados Unidos en julio de 2025 a una firma norteamericana desconocida hasta el momento.
La empresa adjudicataria de la futura inversión es Meitner Energy, una firma radicada en Estados Unidos y perteneciente a una familia iraní-estadounidense. Estos reactores modulares se han convertido en el foco de atención para la producción de energía estable y escalable, orientada a cubrir las necesidades de los centros de datos de inteligencia artificial. El crecimiento de estos centros genera una fuerte demanda energética que ocasiona el desabastecimiento de las líneas eléctricas domésticas, el aumento de las tarifas de consumo y una mayor utilización de combustibles fósiles. En este contexto, la naturaleza modular de los reactores permite su emplazamiento en zonas desfavorables.
El objetivo de Meitner Energy es fabricar este reactor en el predio de Atucha I, en Zárate, con el fin de aportar 300 MW al Sistema Argentino de Interconexión (SADI). Meitner no solo gozaría de los beneficios fiscales que otorga el "Súper RIGI", sino también de la absorción del personal técnico y profesional que trabajó en los proyectos ACR-300 y CAREM, y que renunció al sector público debido a los bajos salarios. Si la compañía logra completar las primeras fases de construcción, tendrá la oportunidad de volcar este tipo de reactores al mercado internacional.
El predio de Atucha I, elegido para este desarrollo privado, era el sitio original destinado a Atucha III mediante una inversión de capitales chinos. Aquella obra apuntaba a duplicar la producción eléctrica de origen nuclear en Argentina, pero fue suspendida por la injerencia de Laura Richardson (exjefa del Comando Sur de EE. UU.), un proceso que comenzó durante el gobierno de Alberto Fernández y continuó bajo la gestión de Milei.
De este modo, Meitner Energy aprovecha tanto los beneficios colaterales de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, como el desguace de la estructura nuclear estatal argentina para hacerse de patentes, personal calificado y predios estratégicos, sumando además los privilegios impositivos del RIGI.
En última instancia, el futuro del desarrollo nuclear argentino queda peligrosamente atado a dos variables ajenas: por un lado, la especulación financiera que hoy empuja la construcción desmedida de centros de datos para Inteligencia Artificial y, por el otro, los designios de la guerra internacional.
