Francia: una nueva rebelión de ferroviarios

Escribe Juan Ferro

De los "chalecos" a la acción obrera

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Desde el 21 de octubre, los trabajadores del centro de mantenimiento ferroviario de Châtillon, enclave neurálgico de las redes de trenes de alta velocidad del oeste francés, se han declarado en huelga sin preaviso. La medida incluyó cortes de vías.

“Nuestra rabia es real y profunda, estamos decididos a luchar hasta el final de nuestras reivindicaciones, por respeto y dignidad. Ya no podemos aceptar trabajar con salarios cercanos al salario mínimo y congelados durante 5 años, sin personal suficiente y con agentes que renuncian cada vez más. Nos avergüenza ver cómo la SNCF j(empresa estatal de ferrocarriles) juega con la seguridad o la comodidad de los pasajeros, por razones de flexibilidad y rentabilidad. Respetaremos los plazos de preaviso [de huelga] cuando la propia Dirección respete a los empleados, pero también a los pasajeros que pagan cada vez más por los trenes, con cada vez menos servicio, asientos anticuados, vagones a veces con wáteres clausurados, puertas bloqueadas, o incluso aire acondicionado fuera de servicio durante las olas de calor”.

El lunes 4 de noviembre la huelga de Châtillon se extendió a los Technicentres de Le Landy y TSEE -el Technicentre de Le Landy, en Seine-Saint-Denis, está a cargo del mantenimiento de los trenes del eje norte, y el TSEE del eje sudeste europeo.

Los ferroviarios denuncian el vaciamiento de la empresa nacional, con líneas abandonadas, trenes yaciendo en cementerios de locomotoras, y el pasaje de un mínimo de dos a un sólo operario por convoy. El pasado 16 de octubre, un tren de pasajeros arrolló a un camión en un paso a nivel de las Ardenas, descarrilando después. En ese tren iba solo un operario, el conductor. Herido, se vio obligado a salir del tren y avisar por la cabina de comunicaciones que detuvieran la circulación de formaciones. Dos días después, centenares de ferroviarios dejaron sus puestos en señal de protesta por la peligrosidad del sistema de operario único, aquí también sin “permiso” alguno.

En el plazo de una semana, la compañía ferroviaria ha sufrido dos movimientos de lucha bajo formas inéditas: un derecho de retirada masivo y una huelga sin aviso previo.

Algo nunca visto por los sindicatos desde al menos 1986. En 2004, para evitar las huelgas intempestivas que afectan a los pasajeros, fue instaurado un marco legislativo destinado a convertir al "diálogo social” en la regla.

En medio de un hastío profundo de los trabajadores, este contrato social ha recibido dos golpes enormes que anuncian rebeliones en otros sindicatos.

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