Escribe Aldana González
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Se abre otro posible frente de guerra en el mar Rojo. Los hutíes de Yemen, grupo respaldado por Irán, declararon su propio bloqueo marítimo contra el transporte de Arabia Saudita en el estrecho de Bab el-Mandeb, amenazando el suministro mundial de petróleo.
Este estrecho se encuentra en el extremo sur del mar Rojo y constituye una vía de acceso fundamental al canal de Suez, conectando Europa y Asia a través de una de las rutas marítimas más transitadas del mundo. Por allí pasa alrededor del 15 % del comercio mundial.
El Yemen de los hutíes -la población más paupérrima del mundo árabe- ha sido el único pueblo del mundo que se levantó en armas contra el genocidio en Gaza, hostigando con drones a los barcos que transitaban por el mar Rojo para comerciar con Israel. También atacó a la flota de guerra estadounidense, ocasionándole gastos millonarios y obligándola a defenderse con misiles costosísimos para detener el bombardeo de drones baratos. Los hutíes sólo cesaron en la defensa de Palestina en 2025, cuando Trump los bombardeó en su territorio y amenazó con dejar la tierra arrasada. Hasta entonces, las interrupciones en el transporte marítimo registradas entre 2023 y 2025 supusieron un costo de unos 20.000 millones de dólares anuales, según estimaciones del sector citadas por CNN.
La guerra civil de Yemen comenzó en 2014, cuando las fuerzas hutíes tomaron la capital, Saná, y derrocaron al gobierno reconocido internacionalmente y respaldado por Arabia Saudita. El conflicto escaló en 2015, cuando una coalición liderada por Arabia Saudita intentó, sin éxito, derrotarlos, a pesar de que estas sufrieron una crisis humanitaria sin precedentes y de que la política de guerra y de asedio saudí fue tan criminal como la sionista. En 2022 se firmó un alto el fuego que nunca se renovó, pero que se cumplió de facto hasta ahora. Los hutíes conservaron el oeste del país, donde vive la mayor parte de la población, mientras que el gobierno reconocido internacionalmente y apoyado por los saudíes ocupa parte del sudeste.
Al mismo tiempo, Arabia Saudita -aliado histórico de Estados Unidos- mantiene un acuerdo tácito con Irán -su enemigo chiita histórico- de no intervenir en la guerra imperialista en curso. Las bases militares estadounidenses ubicadas en Arabia Saudita son las únicas de la región que no han sido atacadas por Irán. Ambos países recompusieron relaciones en 2023 gracias a la mediación de China. Luego, la monarquía suní operó junto con Turquía, Egipto, Qatar y Pakistán para intentar un alto el fuego entre Irán y el imperialismo. Lo que motiva a los saudíes es la realidad evidente de que los Patriot ya no garantizan ninguna protección y la creciente relevancia de sus negocios con China. Por eso ha buscado nuevos acuerdos de defensa con Pakistán y Turquía, reconfigurando el mapa de alianzas en Medio Oriente.
El gobierno "reconocido" de Yemen -sostenido por Arabia Saudita- bombardeó el aeropuerto controlado por los hutíes para impedir el aterrizaje de un avión proveniente de Irán, y estos respondieron bombardeando un aeropuerto del sur de Arabia Saudita, responsabilizando a la monarquía por el ataque. A partir de ello, los hutíes amenazaron con cerrar el paso a los barcos saudíes en el estrecho.
El reciente bombardeo de los aeropuertos no representa para Arabia Saudita solo un posible reinicio de las hostilidades con los hutíes, sino que implica un deterioro de las relaciones con Irán. Teherán suministra al grupo yemení financiamiento, minas marinas, misiles balísticos y de crucero, drones, entre otros pertrechos bélicos. No hay margen para la autonomía hutí. Estas decisiones se acuerdan con Teherán. Sin embargo, Yemen todavía sufre el desastre humanitario que implicaron durante 2025 los ataques estadounidenses en su territorio, denunciados por Amnistía Internacional como crímenes de guerra. Reconstruir infraestructura crítica -provisión de agua y energía, hospitales, etc.- se hace difícil para un país en el que casi 20 millones de personas necesitan asistencia humanitaria. Las consecuencias de los ataques del año pasado inhiben que los hutíes retomen hostilidades directamente contra el Pentágono.
A Irán le sirve el cierre del estrecho para apretar las tenazas sobre el comercio mundial y, en especial, sobre la provisión de hidrocarburos. El cierre del estrecho de Ormuz ha sido hasta ahora su arma más efectiva, la que le permitió acorralar al imperialismo, provocando inflación y una crisis energética global, especialmente en Asia y Europa, y una desestabilización de la economía mundial. Sin embargo, una salida de la neutralidad por parte de la monarquía saudí desequilibraría aún más la relación de fuerzas en su perjuicio. Es una encrucijada para el régimen iraní.
El estrecho de Bab el-Mandeb es una ruta de exportación clave para Arabia Saudita -el mayor exportador de crudo del mundo- y ha permanecido navegable durante la guerra. El reino ha dependido de las rutas del mar Rojo en los últimos meses para sortear el bloqueo en Ormuz y exportar más de 3,6 millones de barriles diarios de petróleo y derivados, la mayor parte con destino a Asia. Su economía depende enteramente de acceder al paso por alguno de los dos mares que la rodean. El petróleo superó este martes los 90 dólares por barril tras el anuncio de los hutíes.
Un cierre total del paso en el mar Rojo tendría una incidencia aún mayor sobre los precios de los hidrocarburos. Obligaría a desviar los buques rodeando África para llegar a Europa, agregando unos quince días de viaje y aumentando el costo del transporte. Europa sería la región que más sufriría la carestía generalizada. Afectaría especialmente al comercio y la fabricación de productos electrónicos, industriales y textiles, además de profundizar los problemas en las cadenas de suministro. Aun si algunos barcos accedieran al paso, el aumento del costo de los seguros elevaría el costo total del transporte. Las consecuencias también se sentirían en las bolsas europeas, provocando su caída.
La escalada de Trump sobre infraestructura crítica de Irán y la amenaza de atacar las refinerías de petróleo obligan al régimen chiita a redoblar los esfuerzos para provocar una crisis financiera global -a través de los bloqueos al comercio- que dañe al imperialismo y sus intenciones de escalar. Estados Unidos, endeudado hasta los tuétanos y con una balanza comercial desfavorable, trata de sortear su crisis de dominación mediante la guerra, pero sólo ha logrado hasta ahora acrecentar la dinámica de una crisis insuperable. Sólo la movilización de los pueblos contra la guerra y todos los gobiernos colaboracionistas puede frenar la catástrofe.
