Escribe Iara Bogado
La confirmación de armas espaciales y el colapso del derecho internacional demuestran que en la era del imperialismo no hay salida pacífica
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La "Guerra de las Galaxias" que Ronald Reagan propuso el 23 de marzo de 1983 ya es un hecho. En medio de la escalada por el desarrollo de satélites en Europa, China y [Japón] (https://politicaobrera.com/16854-la-militarizacion-del-espacio), el 14 de septiembre Estados Unidos confesó ante la Conferencia de Aire, Espacio y Ciberespacio que posee armas de control espacial en órbita y confirmó que los guardianes de la Fuerza Espacial ya las operan bajo el argumento de la "defensa" estadounidense, aunque puedan usarse tanto contra objetivos terrestres como satelitales.
El secretario de la Fuerza Aérea, Troy Meink, sostuvo que dar mayores precisiones sobre lo que están haciendo no fortalecería esa disuasión (El Economista, 15/9). Según explicó, el objetivo no sería atacar sino frenar la escalada armamentista espacial: se trata de la llamada "Cúpula Dorada", un escudo antimisiles que combina interceptores y armas inhibidoras de tipo cinético (destructivas). Advirtió, además, que si la disuasión fracasa, todo está listo para ser utilizado.
Por su parte, Rusia avanza con su proyecto Volna-Kupol-Garant para interferir los satélites de Starlink, utilizados por el gobierno de Zelensky y la OTAN en la guerra contra Rusia. En paralelo, desarrolla su propio sistema de comunicaciones, Rassvet, con el que busca sortear el bloqueo que Musk le impone para el pilotaje de drones en Ucrania. Para lanzar esos satélites necesita los cohetes Soyuz; por eso Ucrania atacó tanto la fábrica donde se fabrican como el Cosmódromo de Plesetsk, desde donde se lanzan.
El especialista francés en inteligencia militar Fabrice Ribert fue categórico: si Starlink se apaga, todo el aparato militar ucraniano corre riesgo de colapsar, dada su dependencia de ese sistema de comunicaciones (Pravda, 15/9).
La escena desnuda la obsolescencia absoluta del derecho internacional. El Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre de 1967, redactado para evitar bombas atómicas en órbita, es hoy una letra muerta que no prohíbe armas cinéticas, láseres ni ciberataques. Las potencias explotan esta "zona gris" con tecnologías de uso dual -donde un satélite civil de limpieza se convierte en segundos en un arma de destrucción- y mediante la privatización de la guerra, dejando el destino de naciones enteras en manos de corporaciones como Starlink, fuera de todo control de la ONU. Frente a conflictos que se definen en milisegundos por inteligencia artificial y guerra hipersónica, la diplomacia del consenso resulta una ficción impotente.
La Tercera Guerra Mundial es cada vez más evidente, y esta parálisis multilateral confirma el fracaso de la vía "reformista". La globalización prometía que la internacionalización de las fuerzas productivas traería una organización armónica del mundo, gracias a la restauración capitalista en China y Rusia, algo que nunca creyó y que ha sido la base de la guerra económica y militar presente. Esa promesa fracasó: lo que se confirma, en cambio, es la debacle de los Estados nacionales. China avanza comercialmente mientras Estados Unidos se hunde intentando frenar su ascenso, pero ese avance no la exime de la misma lógica de crisis: en el imperialismo, fase de declive del capitalismo, ninguna potencia escapa a que las contradicciones del sistema se agudicen hasta no dejar salida pacífica. Por eso Estados Unidos no duda en amenazar con detonar el planeta para sostener su hegemonía, y por eso, en definitiva, la única "salida" real es la guerra o la revolución socialista. La burguesía ya exhibe su disposición a una guerra espacial, con argumentos ‘defensivos.
Fuentes:
Pravda, 15/9: https://spanish.news-pravda.com/world/2026/09/15/1128069.html
El economista, 15/9: https://eleconomista.com.ar/internacional/por-primera-vez-estados-unidos-reconoce-tiene-armas-espacio-implica-anuncio-n98200

