Mundial 2026: Gianni Infantino, el gran ganador

Escribe Joaquín Antúnez

Récord de recaudación, reelección asegurada y hasta postulación para presidir la ONU.

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El campeonato obtenido por la selección española ha dejado grandes titulares deportivos, pero también relacionados con aquello que sucede lejos del campo de juego. Una vez pasados los festejos (y tristezas) por el partido final, los medios han colocado en la tapa los grandes millones que ha embolsado la FIFA en este torneo mundial. Se han superado todas las previsiones y ahora se entusiasman con impulsar aún más lejos la potencialidad económica del deporte más popular del mundo.

La información oficial, comunicada por el presidente del ente del fútbol mundial, Gianni Infantino, aseguraron un ingreso por 15.000 millones de dólares, una cifra que duplica a lo obtenido en Qatar 2022, donde fueron recaudados 7.600 millones de dólares. En la previa al Mundial, la FIFA había estimado ingresos por 11.000 millones. El resultado final superó en un 36% la cifra prevista inicialmente. La ganancia “limpia” para la FIFA ronda los 9.000 millones de dólares.

Infantino había apostado el todo por el todo en esta edición mundialista. La primera de la historia que involucró a 3 países, 16 sedes distribuidas a lo largo y ancho de medio continente, con distancias de miles de kilómetros entre cada una de ellas. Las federaciones, principalmente la que representa a los países europeos (UEFA), habían acumulado reclamos contra el presidente del organismo internacional. El momento de mayor tensión se vivió durante el desarrollo del propio torneo, cuando Trump intervino para retirar una tarjeta roja a Folarin Balogun, máximo goleador de Estados Unidos, y pudiera disputar el partido de octavos de final frente a la selección de Bélgica. Partido que finalmente fue dominado por los europeos que celebraron la victoria imitando el baile de Donald Trump en el campo de juego.

Sin embargo, una vez que dejó de girar la pelota, las ganancias extraordinarias culminaron en aplausos y promesas de reelección para Infantino, que debe someterse a elecciones en marzo de 2027. El actual dirigente cuenta con más de 200 compromisos favorables.

La FIFA logró transformar un ingreso secundario en su principal ganancia, la venta de entradas. Cerca de 5.000 millones de dólares fueron aportados por la venta y la reventa de entradas. Por primera vez en su historia, la FIFA habilitó un sitio de reventa oficial, gracias a las normas legales estadounidenses. Por cada reventa, el organismo se quedaba con una comisión del 15% del vendedor y otro 15% del comprador, un negocio redondo. Las entradas para la final del mundial rondaron los 10.000 dólares, aunque en los sitios de reventa se observaron tickets ofrecidos a 50.000 o, incluso, 100.000 dólares cada uno. Los informes oficiales informaron una ocupación del 99,7% promedio de las butacas disponibles. El informe oficial ha contabilizado una asistencia de 6,6 millones de personas a los 104 partidos del mundial, duplicando el récord previo de 3,6 millones obtenido en Estados Unidos 1994.

Las críticas sobre los precios de las entradas involucraron al propio Donald Trump, que al ser consultado por el valor de las entradas para asistir al partido inaugural de su propio seleccionado, cerca de los 1.000 dólares, aseguró que nunca abonaría precio semejante. Infantino defendió permanentemente que los precios de las entradas estaban en sintonía con otros eventos deportivos y culturales de los Estados Unidos.

Infantino logró estrechar sus vínculos con Donald Trump, a quien hizo protagonista de la organización y de los eventos claves del torneo. La copa entregada a los nuevos campeones fue sostenida por Trump e Infantino, gesto que se había dado en el Mundial de Clubes organizado también en Estados Unidos. En la previa al Mundial, Infantino había inventado y otorgado el premio “FIFA de la Paz” a Trump, un insulto a la humanidad.

El magnate ya se ha aventurado a reclamar ser nuevamente sede de la Copa del Mundo, aunque exigió hacerlo en soledad: "Deberían elegir de nuevo a Estados Unidos. Esta vez dejaremos fuera a Canadá y México" (Ámbito, 19/07). Lo que fue entendido como una alusión a la Copa que tendrá lugar en 2028, puesto que la FIFA ya votó las sedes para 2030 y 2034, puede ser leído como una exigencia inmediata del magnate.

La “buena letra” de Infantino puede catapultarlo lejos. En los medios estadounidenses circula abiertamente que Trump respaldará al presidente de la FIFA como candidato a secretario general de las Naciones Unidas en la elección que debe celebrarse a fin de año ante el vencimiento del mandato de su actual secretario, el portugués Antonio Guterres.

Otros ganadores

Pero no solo Infantino fue el gran ganador del evento. Las televisoras, las marcas de ropa que visten a los jugadores, con registros de venta récord, y las marcas que aprovecharon el nuevo espacio publicitario del “cooling break” amasaron también grandes fortunas. La cadena Fox Sports se ubicó primera en el ranking, mediante un acuerdo con la FIFA por la transmisión del Mundial 2022 de Qatar obtuvo a precio rebajado todos los derechos televisivos en exclusiva a 500 millones de dólares. La reventa a otras emisoras superó los 1.500 millones de dólares, dejando un saldo favorable de 1.000 millones de dólares. A esto debe sumarse las inversiones que significaron los espacios publicitarios creados por las pausas de hidratación de 3 minutos, también exigidos por Fox desde hace tiempo. La FIFA las justificó como necesarias por el calor del verano, aunque su inclusión se encontraba siendo reclamada por motivos extradeportivos.

Un espacio de publicidad de 30 segundos en el “cooling break” rondaba los 300.000 dólares en la televisión estadounidense; para las rondas finales ese número escaló hasta los 800 mil dólares. La transmisión del Mundial en los Estados Unidos batió todos los récords previos y a nivel mundial se calcula que la final fue vista por entre 1.800 y 2.200 millones de personas, cerca de un tercio de la población mundial.

Quienes lograron ingresar al podio de los ganadores también fueron las casas de apuestas, que obtuvieron ganancias cercanas a los 500 millones de dólares. El mayor impulso para las casas de apuestas lo obtuvieron por el crecimiento espiralado del mercado en Estados Unidos y Brasil. El cálculo observa un aumento de apuestas por partido disputado, cerca de 50 millones de dólares por partido. El crecimiento de las apuestas online se observa no en un mercado previo de “predicción de resultados”, el popular “prode”, sino en las apuestas en vivo durante el desarrollo del partido, incluso por jugadas puntuales – errar un pase, sacar mal un córner, hacer un foul para obtener una amarilla en un momento determinado del partido, etc. Grandes estrellas como el brasileño Bruno Guimaraes debieron enfrentar juicios y sanciones por estas conductas. En varios casos, los jugadores han declarado en sede judicial que sus compromisos con los grupos de apuestas nacieron por deudas creadas a partir de su adicción al juego. En la considerada mejor liga del mundo, la liga inglesa, los sponsors de las camisetas han sido monopolizados por las mismas casas de apuestas. En el Mundial, han copado las pausas de hidratación que, como fue registrado, favorecieron picos de apuesta en medio de los partidos.

La intención de seguir expandiendo el Mundial a más seleccionados, se ha propuesto un cupo de 64 participantes, busca llevar el negocio a China e India, muy débiles de tradición futbolística propia.

Los perdedores

En esta Copa Mundial hubo espacio para los perdedores, principalmente, los hinchas del fútbol que recibieron precios de entradas por las nubes y una “avivada” de las empresas de transporte que elevaron los precios del transporte los días de partido. Las aerolíneas no perdieron la oportunidad de elevar los precios de los pasajes, a pesar que las demoras y cancelaciones fueron una constante durante el torneo. Las ciudades sedes esperaban obtener un récord de visitantes que fueran un incentivo a la actividad económica. Sin embargo, los hoteles y restaurantes no tuvieron la afluencia esperada previamente. Las ganancias fueron ínfimas y la creación de puestos de trabajo, que había sido una promesa de la propia FIFA, se resumió en trabajadores contratados de manera informal, con salarios bajos y condiciones de trabajo precarias. La Asociación Estadounidense de Hoteles y Alojamiento denunció a la propia FIFA de inflar la demanda de habitaciones con pedidos para su propio personal. La ocupación hotelera se redujo a episodios particulares por el desarrollo de algún partido.

Distintos informes, aseguraron que la utilización de estadios y estructuras ya existentes, no generaron ningún incremento en la demanda laboral o una creación de nuevos activos locales. Se estima que el Mundial introdujo cerca de 40.000 millones de dólares al mercado mundial, los mismos fueron embolsados por contados bolsillos. El evento del deporte más popular del mundo expuso como nunca el monopolio de la acumulación capitalista en cada vez más reducidas manos. “Infantino lo hizo”. Aplaudido en los salones de Trump y la FIFA, abucheado en el estadio Met Life por los hinchas presentes.

La guerra imperialista, los atropellos criminales sobre Cuba e Irán, siguieron su curso sin detenerse al ver la pelota girar. Es la ofensa del imperialismo, que ha quebrado todas las tradiciones de hermandad entre los pueblos que rodeaban al deporte. La clase obrera al barrer con los odios que al mundo envenenan devolverá al fútbol, y al deporte en general, el lugar que siempre le ha pertenecido.

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