Rubén Rada (1943-2026)

Escribe Sergio Escalas

Tiempo de lectura: 5 minutos

La palabra negro es maravillosa. En las sociedades occidentales, el color negro es utilizado frecuentemente con connotaciones negativas. Son varios los motivos, entre ellos que la noche a lo largo de la historia fue una experiencia humana negativa y peligrosa. Lo oscuro, el luto, lo tenebroso, la mala suerte, el mercado negro, el humor negro y la lista ocuparía cientos de páginas. Sin embargo, en varios contextos y culturas el negro puede simbolizar también cuestiones positivas. Es así entre las tribus Masái, en el cinturón que representa el rango máximo en distintas artes marciales y también lo fue para Rubén Rada referencia ineludible de la cultura popular y la música rioplatense, que acaba de fallecer a los 83 años y para quien la palabra “negro” era maravillosa.

Desde las comparsas de Montevideo hasta los escenarios de América Latina, Ruben Rada elaboró una de las trayectorias más extensas y reconocibles de la música uruguaya. Cantante, percusionista, compositor, actor y conductor, el artista nacido el 16 de julio de 1943 quedó asociado a la expansión del candombe en diálogo con el rock, el jazz, la música brasileña y el pop. “¿Quién va a cantar? ¿Quién va a soñar? ¿Quién va a tocar la melodía del amor? (…) ¿Quién va a pedir para que no calle el cantor?”, expresaba justamente en su clásico “Quién va a cantar”.

Más allá de las cuestiones de salud, Rada era un músico que se hallaba en plena vigencia y actividad. De hecho, se estaba armando un show en torno a la reunión de la histórica banda de candombe-beat Tótem, además de girar con el espectáculo Terapia de Murga junto a Agarrate Catalina, entre otros proyectos. El Negro (que tiene infinidad de apodos: Zapatito, Richie Silver, RubenRá), llegó a ver un documental sobre su propia vida, estrenado en 2024, que no es solo sobre su música, sino también sobre su familia.

Los primeros pasos de Rada transcurrieron en el candombe y participó tempranamente de la popular comparsa Morenada. Luego fue cantante del grupo de jazz Los Hot Blowers, y a mediados de la década del setenta formó El Kinto junto a Eduardo Mateo, una de las experiencias musicales y culturales más recordadas en la historia de la música uruguaya. Más tarde, también en los ’70, formó parte de los mencionados Tótem y, en 1977, participó de Opa junto a Hugo y Osvaldo Fattoruso y Ringo Thielmann, con quienes grabó el disco “Magic Time”. Luego se instaló en Buenos Aires y formó el proyecto La Banda.

En Argentina vivió durante doce años, en la década del 80, y desarrolló aquí una parte importante de su trayectoria artística. Entre los trabajos publicados más significativos se encuentran “La Rada”, “En familia”, “La Banda”, “Adar Nebur”, “Montevideo” y “La cosa se pone negra”. En nuestro país también hizo incursiones en televisión como actor y conductor. Actuó en la tira costumbrista “Gasoleros” (1998) por El Trece y, en 2007, condujo su propio ciclo titulado “Lo de Rada” por la TV Pública.

Empezó cantando “Las manzanas” en su primer trabajo solista de 1969. Su producción discográfica persistió en vincular el candombe con el rock, el jazz, el funk y otros lenguajes de la música popular. Entre sus canciones más destacadas se encuentran “Candombe para Figari”, “Biafra”, “Las manzanas”, “Botija de mi país”, “Quién va a cantar”, “Candombe para Gardel”, “Mi país”, “Dedos” y “Cha Cha, Muchacha”, que fue un éxito total y llegó a vender 50.000 copias en la Argentina y otro tanto en Uruguay, a pesar de ser un mercado mucho más chico. Rada fue un músico popular (en el amplio sentido de la palabra) en ambas orillas del Río de la Plata, pero eso no quiere decir que haya sido masivo o “exitoso” en el sentido que le asigna la industria cultural.

A partir de fines de los 90, Rada también impulsó un trabajo orientado al público infantil, del que emergió el personaje Rubenrá. En paralelo mantuvo giras, grabaciones en vivo y proyectos donde regresó sobre distintas zonas de su carrera. Entre ellos aparecen “Candombe Jazz Tour”, “Richie Silver”, “Solo Candombe”, los discos instrumentales “Confidence” y una serie de espectáculos centrados en la revisión de su propio catálogo.

Fue también un artista que reivindicó y puso en valor las raíces afro en la música. Si bien su terreno más transitado fue el candombe, también incursionó en otros ritmos con origen afro, como el tango y la milonga. Como referente y difusor de la cultura afro, se ocupaba en develar el origen, a la historia, los cruces y mixturas culturales, porque consideraba que no sabemos de dónde venimos. Y, sin embargo, no se limitó a un solo estilo, ya que se consideraba un músico de fusión, que constantemente cambió; del pop pasó al tango y de eso, a otras expresiones. A su vez, siempre le hizo frente al racismo y de manera consciente, ya que consideraba que en Uruguay no se mató gente como en los Estados Unidos, pero también se puede aniquilar de otra manera: no dando trabajo.

Rada también atravesó la dictadura. En el ´78 era moneda corriente que la policía se llevara a la mayoría del público de sus conciertos y también estuvo preso brevemente. La fama le salvó la vida. En Uruguay, en la época de los Tupamaros, iba en un taxi con cinco personas y los pararon policías y militares. Uno de ellos miró el interior y lo reconoció. “No, es el Negrito Rada”, y dijo: “Negrito, tocate ‘Las manzanas’ ”. La cantó y los dejaron ir. Ellos no entendieron que había grabado en ese momento “Días son días/ Madres son madres/ Hijos son crías/ Los pensamientos son todos míos/ Pero mi lengua ya no es tan mía”, porque estaban los militares y no se podía hablar. En sus últimos años, se identificaba con el Frente Amplio.

Además de una carrera musical, de la Argentina se llevó a su compañera y a sus tres hijos: Lucía, Julieta y Matías. Fueron sus compañeros arriba del escenario y en la vida. Rada fue también un apasionado por el deporte y el fútbol. “Toca che negro Rada/ Toca grita la hinchada”, dice su hit “Blumana”. Hincha fanático de Peñarol, su plan A no fue la música, sino ser futbolista. No lo logró, porque a los cuatro años tuvo tuberculosis. Tiempo después se fue a probar en un club y, cuando hizo la ficha médica, salió la mancha en el pulmón, entonces abandonó. En un concierto de Julia Zenko, cantaba “Dale alegría a mi corazón”, apareció Maradona cantando y ahí se conocieron. Vio salir campeón a Peñarol cinco años con Máspoli, Obdulio Varela y Ghiggia, relataba con orgullo.

En las últimas horas, artistas de distintas generaciones compartieron mensajes, fotos y recuerdos para homenajearlo. Así lo hicieron Fito Páez, Charly García, Trueno, David Lebón, Natalia Oreiro, Daniel Drexler, Nicki Nicole y el joven músico afrouruguayo Balta, entre otros tantos. En una de sus canciones más populares, “Muriendo de plena”, canta (o imagina): “Cuando yo me muera/ No quiero canto mi pena/ Prefiero que se me velen/ Bailando una rica plena”. Eso mismo estuvieron haciendo por las calles de Montevideo, tal vez por Barrio Sur o Palermo, todos los que alguna vez se conmovieron con su música y el ritmo alegre de su tambor.

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