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Nadie en estos tiempos tan particulares sobre las ideas de la discriminación osó llamarlo de otra manera. Así se hizo famoso en Uruguay y en buena parte del mundo y él mismo hizo honor a su sobrenombre. Y pasó lo que pasa siempre cuando un mote peyorativo se transforma en una reivindicación, como pasó en la política con los “descamisados” y pasa todo el tiempo en el fútbol, donde ser “leproso”, “canalla”, “quemero”, “bostero”, “carbonero” o bolsilludo” termina siendo un honor.
Nacido en el barrio de Palermo, un barrio pobre de Montevideo con una enorme colectividad de ascendencia afro portuguesa; una zona poblada de conventillos de “piezas de cuatro por cuatro donde se amontonan hijos con sueños casi castrados”, como decía una canción que inmortalizó "el sabalero", otro gran cantor que hace años se fue, para describir el barrio donde nació Rada.
El “Negro” tuvo cuatro hermanos. A los dos años de edad contrajo una tuberculosis que lo mantuvo dos años internado en un hospital debido a la falta de tratamientos con antibióticos, los cuales, en aquella época, eran un recurso para muy pocos.
Con un padre que se fue del hogar cuando apenas era un niño, sus estudios sólo llegaron hasta el 4° año escolar. Fue amante de la música desde los 10 años, cuando comenzó a participar de las comparsas de negros y lubolos en las “llamadas” del carnaval uruguayo. A los 15 salió en una murga, y de ahí en más comenzó una enorme carrera artística que tiene sus particularidades.
A pesar del masivo velatorio que lo despidió, las propuestas de vanguardia del “Negro” no siempre fueron bien recibidas en Uruguay. Es más, se puede decir incluso que fracasaron en su primera etapa, porque a pesar de su excelencia como creador y cantante, el público blanco no terminaba de aceptarlo. Si bien la comunidad negra incorpora algunas de sus propuestas, "el sutil racismo uruguayo” y el establishment “cultural” lo consideraba sólo un personaje simpático y gracioso. Esto lo confinó a ser una figura admirada por un reducido círculo de admiradores y recién logró alcanzar un público masivo en la década de 1990.
Rada nunca fue un músico de los llamados “de protesta”, pero en la década del 70, bajo la dictadura uruguaya, nadie se escapaba de la censura y la persecutorio. El Kinto y Tótem, agrupaciones ya medio famosas que integraba en aquellos tiempos, sufrieron restricciones, vigilancia y censura sobre sus letras y presentaciones. Rada se exilió en Argentina. De ahí en más, las idas y venidas entre ambos países signarían gran parte de su carrera. Paradójicamente, en 1980, inició un período de popularidad en Argentina. La profunda penetración de la música argentina en Uruguay, finalmente, acabó reflotando la fama de Rada,
Aun así, a principios de los noventa, apremios económicos lo llevaron a radicarse en México para sobrevivir. La industria artística estaba interesada en otro tipo de artistas. Los cinco años de México lo enriquecieron musicalmente, pero recién llego al gran público en el 2000, con éxitos como "Cha-cha, muchacha" y "Muriendo de plena", canciones que le valieron un cuádruple Disco de Platino en Uruguay y Disco de Oro en Argentina. Rada alcanzó, entonces sí, una considerable fama.
Desde 2010, su trabajo fue para la “historia”: recopilación de su obra, participaciones instrumentales con grandes músicos, recorridos y presentaciones en eventos culturales y musicales, reconocimientos nacionales. Fue declarado Ciudadano Ilustre de Montevideo. Recién entonces el “estatus cultural uruguayo” lo adoptó como propio.
Con un enorme oído y gusto musical, amaba la combinación de su tamboril con todo tipo de instrumentos musicales y a Gardel. Sus letras son tan simples que parece mentira que hayan alcanzado la fama. Se fue acompañado de los tamborileros uruguayos y argentinos y con él se fue una parte importante de la historia de la música uruguaya.
