Tiempo de lectura: 2 minutos
No es común que el retiro de un jugador de la Selección ocupe la tapa de los diarios del mundo. El reconocimiento universal alcanzado por Lionel Messi sólo tiene parangón con el tributado a Diego Maradona.
El contraste entre sus biografías, sin embargo, es brutal.
Ambos disfrutaron del éxito futbolístico y de participar de dos finales del mundo consecutivas, incluido un título de campeón. Pero en el caso de Diego, su gran calidad futbolística y su salida del fútbol profesional se conjugó con el derrumbe de su vida personal y, finalmente, su muerte prematura.
El retiro de Messi de la Selección, desde el punto de vista futbolístico, es casi lógico, a sus 39 años y tres participaciones de Copas del Mundo. Fuera de los 8 Balones de Oro, decenas de campeonatos y de romper todos los récords históricos con la camiseta argentina y en el Barcelona, lo de Messi tiene un significado social muy fuerte por el impacto que dejo su figura después del Mundial de Qatar. Superó por lejos los triunfos mundiales previos de Argentina, no sólo el campeonato mundial del 78 bajo la dictadura sino también el triunfo del 86 -en “democracia”- con Diego como capitán. Lo de Qatar generó la movilización de apoyo más grande de toda la historia de la Argentina.
La figura de Messi, además de ser idolatrada por su juego por la mayoría de los hinchas de fútbol del mundo, seguramente será, hasta su retiro definitivo, una especie de “modelo social”. Se lo recordará como un triunfador, como un “arquitecto de su propio destino”. Algo así como la contracara de los Maradona, de los Mike Tyson y de cientos de deportistas que han dilapidado sus fortunas con la pérdida del equilibrio entre sus ingresos y su comportamiento social.
En ese sentido, Messi consolidó el perfil “anti-grieta”. Ni facho ni kuka. De ahí también la entrega de las "llaves de la ciudad" de Miami, sus saludos con Trump y el imperio económico que construyó sobre la base de la explotación de su propia figura.
Lo que sigue ahora serán los homenajes y el endiosamiento ´policlasista´ de su ´perfil´, y unos juegos más en el Inter de Miami. Habrá algún partido de despedida o con Ángel Di María en Central, si se decide a jugar algún partido con Newells, como le pidió alguna vez su padre.
El futuro de Messi seguirá ligado al fútbol, pero como empresario. Ya tiene un club en Cataluña, la Unió Esportiva Cornellà, del que se hizo accionista mayor; y otro en Uruguay, con Luis Suárez, que serán una suerte de hobby entre las decenas de empresas comerciales que ha creado y su participación en las sociedades anónimas en el fútbol.
Para los hinchas su imagen será siempre motivo de orgullo “nacional”. Aquellos que lo disfrutamos como a Maradona, seguiremos amando el fútbol y denunciando los negocios capitalistas que se mueven alrededor de la pelota, ya demasiado manchada, pero que sigue siendo una enorme atracción para los que pocos tienen.
