Escribe Jorge Altamira
Fue a advertirle a Putin de un ataque de los aliados de Estados Unidos.
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La visita relámpago de John Ratcliffe a Moscú ha desatado no pocas especulaciones. El Wall Street Journal ha señalado que la administración Trump filtró a la prensa que el objetivo del viaje fue disuadir a Moscú de emprender un ataque contra los países miembros de la OTAN, como Putin ha reiterado en varias ocasiones. Donald Trump aseguró personalmente más tarde que el Kremlin no tenía la menor intención en este sentido, con el estilo de bufón que lo caracteriza.
El tema, claramente, ha sido puesto cabeza abajo, pues la guerra en Ucrania, tomada en su conjunto, ha sido una iniciativa de la OTAN, no de Rusia. Como lo han reconocido varios especialistas ‘occidentales’ en energía, la orden impartida por Biden y por Trump a Alemania para que cancele los acuerdos de suministro de gas de Rusia a Europa, que sería reemplazado por gas licuado proveniente de Estados Unidos, varias veces más caro, organizaría la retaguardia de la instalación en Kiev de un gobierno favorable a la anexión por la Unión Europea y el ingreso a la OTAN. La anexión de Crimea a Rusia y la posterior invasión de Ucrania, el 24 de febrero de 2022. fue advertida por Putin a Washington, París y Berlín, sin que la CIA intentara persuadirlo, como parece que ocurre ahora.
Rusia se encuentra rodeada por la OTAN desde el Báltico, Polonia y el Mar Negro. Ha armado a Ucrania y provisto recursos para su industria militar, que alcanzan en profundidad el territorio de su vecina. La guerra circunscripta al Donbas hacia Kherson y Odessa, en el sur, y Kharkov, en el norte, no tiene ahora límites. El pseudo acuerdo de paz que ofrece Moscú se limita a un reconocimiento internacional de las regiones señaladas; en cuanto al apartamiento de Zelensky del gobierno, ya es un reclamo de todos sus acólitos neo-nazis. La red financiera de la OTAN aplica sanciones estratégicas a Moscú, como la expulsión de la mensajería bancaria internacional Swift y el seguimiento a la flota petrolera rusa en las sombras. Las que se aplican al comercio de petróleo y gas ha creado una crisis energética internacional, que es anterior a la guerra en curso contra Irán. Los imperialismos europeos han desatado un enorme rearme que tiene por blanco a Rusia. En Lituania opera una base militar de la OTAN que practica ejercicios regulares de entrenamiento con la vista puesta en una invasión de territorio ruso. Polonia posee el ejército más numeroso de Europa. Gran Bretaña acaba de anunciar que multiplicaría la asistencia militar a Ucrania, incluyendo armamento guiado por Inteligencia Artificial. Las potencias de la OTAN han incluido en sus planes la posibilidad de una guerra con artefactos atómicos. Los imperialismos europeos acentúan la agitación bélica para hacer frente a la resistencia al alistamiento militar de nuevos reclutas en Ucrania y para avanzar en la represión interna y el retorno al reclutamiento obligatorio en un afán de impedir que la ultraderecha de sus países, que reclama un acuerdo con Putin, gane las elecciones en vista.
Ratcliffe no se ha llevado de Putin una promesa de no atacar, incluso preventivamente, a los responsables de la ampliación de esta guerra criminal; Putin debe haber advertido, más bien, de que sus enemigos no echen más leña al fuego. Trump, por su lado, no confunde los intereses del imperialismo norteamericano en esta guerra con los de sus rivales europeos. Estados Unidos no asiste militarmente a Ucrania sino a través de la UE, a la cual vende armamento al contado efectivo. El plan de Trump es llegar a un acuerdo con Putin a costa de la UE y del gobierno de Ucrania, cediendo territorio ucraniano a Rusia en el marco de un acuerdo de explotación conjunto de minerales y tierras raras, que aparte además a Putin del acuerdo “estratégico” con China. Trump ya ha puesto del lado de Estados Unidos a las tres naciones del Cáucaso sur y se propone lograr lo mismo con Turquía. Ratcliffe se asomó por el Kremlin en el marco de una agudización del enfrentamiento interimperialista con Canadá, México y la Unión Europea.
Las filtraciones acerca del viaje del director de la CIA no han dejado ver nada, al menos por ahora, sobre Irán, donde Trump ha sufrido una derrota estratégica, si se tiene en cuenta el apoyo de China a Irán. Scott Bessent, interrogado por las sanciones totales contra Irán, admitió que no podían involucrar a bancos de China, para evitar “una explosión” del sistema financiero internacional. La guerra mundial ha dejado al desnudo que el imperialismo estadounidense se ve enfrentado a la necesidad de un cambio de régimen político (fascismo) en su propio patio – los Estados Unidos. La purga de jefes militares, por parte del Pentágono, que acaba de develar The New York Times, al igual que lo que viene ocurriendo con sus portaviones en mares alejados de sus costas, muestra una crisis que hunde el cuchillo en los órganos más sensibles del Estado.
