Trump reintegra a Rusia al G20

Escribe Camilo Márquez

La deuda pública global llega a los 353 billones de dólares, no contabiliza la privada.

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La reunión de ministros de Finanzas y gobernadores de bancos centrales del G20, celebrada entre el 31 de agosto y el 1 de septiembre en Carolina del Norte, terminó sin una declaración consensuada. China se opuso a varios puntos del documento final, que sí respaldaron los otros 19 miembros. Lo que debía ser un foro ´técnico´ sobre crecimiento, deuda global y regulación financiera se convirtió en escenario de tensiones políticas.

La cita es la antesala de la cumbre de líderes de gobierno prevista para diciembre en Miami.

Reaparición de Rusia

El anfitrión, el secretario del Tesoro estadounidense Scott Bessent, abrió las sesiones junto al presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, con un mensaje optimista: “La economía global se enfrenta a un nuevo ciclo de crecimiento, impulsado por avances en inteligencia artificial”. Bessent reclamó simplificación regulatoria y criticó “políticas distorsionadas” de ciertos países. El discurso de apertura quedó eclipsado por la presencia del ministro de Finanzas ruso, Antón Siluánov. Fue su primera aparición presencial en una reunión del G20 desde el inicio de la operación militar especial en Ucrania, en 2022. La invitación, cursada por la administración Trump, sorprendió a las delegaciones europeas. “Envía una señal preocupante”, declaró el representante alemán Lars Klingbeil. Los ministros europeos se negaron a posar en la tradicional “foto familiar” junto a Siluánov. Washington presentó la reintegración de Rusia al diálogo financiero del G20 como parte de una estrategia más amplia. Fuentes de la Administración filtraron que Bessent dejó en claro a Siluánov que Estados Unidos no aliviaría las sanciones contra Rusia hasta que se ponga fin a la guerra. En Berlín, París y Varsovia, la lectura fue otra. El ministro de Finanzas polaco Andrzej Domanski fue contundente: “No confiamos en Rusia. Mienten constantemente y hay que ser muy, muy cauteloso al dialogar con ellos”. Klingbeil calificó la decisión de “bastante inquietante” y advirtió que “no puede haber una normalización de las relaciones con Moscú” mientras continúe la guerra en Ucrania.

La agencia estatal rusa TASS ofreció una cobertura distinta. Presentó la presencia de Siluánov como un paso hacia la normalización de la participación rusa en foros internacionales. El diálogo bilateral con Bessent fue calificado de “constructivo” y centrado en la cooperación financiera dentro del G20. Desde que invadió Ucrania, Rusia ha sido objeto de severas sanciones económicas y comerciales.

RIA Novosti, otra agencia rusa, había informado semanas antes que Rusia recibió una invitación “al más alto nivel” para la cumbre de líderes de diciembre de 2026 en Miami. El portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, aseguró que el país estaría “adecuadamente representado”, sin confirmar la asistencia de Vladimir Putin.

Mientras en Europa la decisión de Trump se leyó como una fisura en el frente occidental, la prensa rusa la interpretó como un reconocimiento pragmático de que Rusia sigue siendo un actor indispensable en la economía global.

La guerra

China objetó cuatro secciones de la declaración, entre ellas dos sobre “desequilibrios globales” y otra sobre el estrecho de Ormuz y las guerras en curso. “Creemos que las economías no basadas en el mercado que generan un flujo interminable de exportaciones baratas no son sostenibles”, dijo Bessent. El texto final sostiene que los desequilibrios excesivos y persistentes “plantean riesgos y pueden generar distorsiones económicas”, un dardo dirigido a Pekín. Los otros 19 miembros respaldaron la propuesta. Según un funcionario, China también se opuso a cualquier mención a los “minerales críticos” (Financial Times 1/9). La discordia se repite a tres semanas de la visita del presidente Xi Jinping a Washington para una cumbre con Trump.

La deuda global ha escalado a casi 353 billones de dólares, algo advertido en la propia reunión. En ese contexto, Trump impulsa la revisión de las condiciones comerciales con China, presiona a Pekín para que abandone el modelo exportador y se oriente al consumo interno.

La sombra de Irán también planeó sobre las deliberaciones. Bessent agradeció a la Unión Europea su respaldo a la ofensiva “Paria Económico” contra el régimen iraní y mencionó una conversación privada con el gobernador del Banco Popular de China, Pan Gongsheng, para señalar que los intereses comunes entre Washington y Pekín respecto de Irán son mayores que sus discrepancias. Esto ya había quedado claro en marzo pasado cuando el Consejo de Seguridad de la ONU condenó a Irán por atacar a las bases de Estados Unidos en los países del Golfo. China como Rusia no ejercieron el derecho a veto sino que se abstuvieron.

La arquitectura financiera internacional muestra signos de agotamiento. La guerra en Ucrania e Irán y la creciente militarización de la economía mundial enfrentan una crisis de financiamiento El gasto militar récord de las potencias del G20 se financia con inflación: un impuesto regresivo que golpea los salarios y las condiciones de vida de los trabajadores.

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