El derrumbe de la deuda norteamericana convierte a Estados Unidos en un potencial “paria internacional”

Escribe El Be

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Las últimas semanas han sido testigo de una intensificación del remate de los bonos de deuda norteamericano. Luego de que el Secretario del Tesoro, Scott Bessent, interviniera en ese mercado para paliar la caída de las cotizaciones (y un aumento de la tasa de interés), la prensa financiera insiste con las alarmas de un nuevo desplome. El capital financiero se retira del mercado de bonos estadounidenses y diferentes países han repatriado sus depósitos de oro en Nueva York. Para The Guardian, “los líderes financieros aún no saben cómo afrontar la desaparición, aparentemente inevitable, del refugio seguro estadounidense. De hecho, los bonos del Tesoro estadounidense conservan lo que queda de su estatus principalmente porque a los países y empresas extranjeras no les ha resultado fácil encontrar otro lugar donde guardar sus reservas”. El resto de las potencias se encuentra en un estado similar.

La desesperación de Bessent por intervenir en los mercados de bonos se debe a que Estados Unidos, con una deuda de US$ 40 billones, no puede permitirse tasas de interés altas, que aumentan su cuenta fiscal. Los pagos de intereses alcanzan a más de 1 billón de dólares al año, que se financian con deuda a corto plazo (hasta dos años). El aumento de los rendimientos de los bonos del Tesoro marca la pauta para los tipos de interés de los préstamos hipotecarios y otros préstamos.

La intervención de Bessent en el mercado de bonos de largo plazo (de 10 a 30 años) ha creado una situación singular, donde la tasa corta supera a la tasa larga. El fracaso de esta manipulación ha llevado a Trump a amenazar con una guerra económica mayor a los países que vendan títulos norteamericanos, e incluso a una declaración de guerra militar; está en juego la primacía del dólar y el lugar del capital y el estado norteamericano en la economía mundial. Una debacle de la moneda de referencia alcanzaría para llevar a Estados Unidos a una situación revolucionaria y a una réplica fascista.

En julio pasado, el Secretario del Tesoro estructuró una compra de yenes que abandonaban los bonos norteamericanos, en conjunta con Japón, a cambio de euros. Se trató de la primera compra de yenes realizada por Estados Unidos desde 1998, cuando la moneda nipona se aproximaba a un mínimo histórico en cuatro décadas. Pero después de un primer alivio, el yen volvió a caer y borró parte del efecto inicial. Aun así, lo más revelador fue que quedó en claro que la caída de los bonos norteamericanos era una tendencia general que excedía a Japón. Luego vino la apertura de una línea de intercambio de dólares con los Emiratos Árabes Unidos para evitar que el fondo soberano emiratí venda sus bonos del Tesoro. Por otra parte, las entidades respaldadas por el gobierno que agrupan hipotecas, Fannie Mae y Freddie Mac, aumentaron sus compras de valores respaldados por hipotecas en un aparente intento de reducir las tasas hipotecarias. Nada de esto resultó. El pulso entre el mercado y el Tesoro, podría llevar a la Reserva Federal a aumentar las tasas de interés de referencia, con el propósito de sostener al dólar, lo cual implicaría un aumento fenomenal de los costos de financiación de los gastos de la Inteligencia Artificial. El pulso se ha convertido en tripartito, entre los tenedores de bonos, el Tesoro y la Reserva Federal. La guerra imperialista vuelve a mostrar su faceta de un enfrentamiento entre las potencias de la OTAN, incluido Japón.

El Secretario del Tesoro anunció, precisamente, el pasado 19 de agosto, que Estados Unidos duplicaría su recompra de bonos estadounidenses a largo plazo, pasando de 2.000 millones de dólares a 4.000 millones, financiándose a través de la emisión de más títulos a corto plazo. La idea es pedir prestado a tasas más altas, en el corto plazo, para comprar y amortizar bonos colocados a largo plazo, que son las que influyen en los gastos de inversiones de IA. Pero ero luego de una primera baja de los rendimientos, los bonos de Estados Unidos a 30 años volvieron a sacudir a los mercados. La intervención de Bessent no demoró en revelarse estéril. La prensa ha remarcado que el Secretario del Tesoro perdió el pulso contra sus rivales. Pero Bessent sigue forzado a cumplir con su política hasta las elecciones de los primeros días de noviembre, para evitar un desastre político.

La guerra contra Irán se ha transformado en un agujero negro financiero para Estados Unidos. El gasto en defensa norteamericano -1.5 billones de dólares- desborda el presupuesto federal. El costo de la energía ha golpeado a nivel global. La reducción del tráfico en el estrecho de Ormuz, por donde antes de la guerra transitaba alrededor del 20% de los envíos mundiales de petróleo, mantienen al crudo en niveles elevados. Por el lado de Japón, es especialmente grave, porque depende casi por completo del abastecimiento externo y recibe cerca del 95% de sus suministros energéticos desde Medio Oriente.

La intervención de Bessent ha sido calificada por Forbes como un “bluff”. The Economist definió a Scott Bessent como “un vendedor que infla sus cifras comprando sus propios productos” (27/8). Luego de los anuncios de Bessent, el dólar se ha desplomado y el oro se disparó. El banco central holandés trasladó más de 78 toneladas de oro de Nueva York a Londres, en una operación que llevó cuatro meses, alegando "una creciente inestabilidad geopolítica". Diversos políticos europeos han llamado a repatriar las reservas de oro en Estados Unidos, advirtiendo por la posibilidad de una confiscación por parte de Trump. Una medida similar a la holandesa se produjo por parte de Francia el año pasado. La declaración belicista de Trump (“la intervención definitiva es nuestra fuerza militar”) es la consecuencia de una desintegración de la economía mundial en medio de un aumento sideral de los gastos de capital en tecnología avanzada.

La participación extranjera en las tenencias de bonos del Tesoro ha caído 10 puntos porcentuales en las últimas dos décadas. En paralelo, la oferta de bonos del Tesoro creció a un ritmo acelerado para financiar un déficit desbordado. La deuda pública estadounidense ha perdido la máxima calificación crediticia. El endeudamiento privado para financiar la vasta expansión de los centros de datos de inteligencia artificial ha encarecido, de esta manera, el capital para todos, incluidos los gobiernos.

El mercado de bonos del Tesoro de EEUU ha funcionado durante décadas como un refugio de valor. Para The Guardian (24/8), Bessent tendrá que hacer algo más que recomprar bonos del Tesoro por valor de miles de millones; antes de llevar la guerra mundial a extremos considerablemente mayores, deberá hacer frente a una serie de crisis terminales.

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