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Javier Milei ha tomado al vuelo las declaraciones de Trump acerca de su conflicto con el gobierno de Gran Bretaña y la cuestión de Malvinas, para convertir a la soberanía de Argentina sobre las islas en un asunto de seguridad nacional, a igual titulo que la militarización del enfrentamiento del narcotráfico o la migración ‘irregular”. Por eso ha anunciado por cadena nacional una coordinación de Cancillería, Economía, Defensa y Servicios de Inteligencia, con “poderes especiales” -el clásico recurso de la represión política y del estado totalitario. Como Galtieri, en 1982, se cuelga de Malvinas para distraer políticamente a la población de la creciente miseria social y del impasse catastrófico en que se encuentra su propio gobierno. Un metódico negacionista de la causa Malvinas y de la soberanía nacional se ha dado vuelta como un guante para usar el reclamo de la soberanía argentina sobre Malvinas y acompañar a Trump contra sus rivales geopolíticos de la Unión Europea. El discurso de marras le ha servido para justificar la privatización de los recursos estratégicos en beneficio de las cadenas de producción que controla el imperialismo norteamericano. Enfrente de Malvinas, ha ofrecido la Patagonia como suministro de electricidad para las centrales de datos de los monopolios norteamericanos de la Inteligencia Artificial. La “unidad nacional” en torno a Malvinas y el Atlántico Sur no tiene otro propósito que censurar las opiniones antagónicas a las del liberticidio oficial.
La amenaza de sanciones a las empresas inglesas e israelíes que se disponen a extraer petróleo en la región es irrelevante, porque se refieren a la prohibición de invertir en el territorio continental, y ha sido acompañada con el anuncio de un plan de militarización y rearme, que solamente sirve a la industria de armamentos de Estados Unido y el Pentágono. El anuncio de una base naval en Tierra del Fuego entronca con los planes del Pentágono y la cuarta flota para el Puerto de Ushuaia. Detrás de la pantalla de Malvinas, se ha dispuesto un reforzamiento represivo del Estado, que será utilizado para la llamada “seguridad interior”, es decir, contra los trabajadores. La invocación a la “unidad nacional” no es un viraje, es una advertencia y una amenaza contra los que desoigan la “unidad” y cuestionen esta aventura de cuño trumpista. Los planteos altisonantes de Milei contrastan con su inacción frente a las sanciones de la FIFA a la selección nacional por las consignas levantadas luego del triunfo sobre Inglaterra. La inconsistencia del presidente que “supimos conseguir” lo ha llevado a dejarse arrastrar por las expresiones de Trump como si no fueran veleidades de un delincuente económico y de un asaltante de estados independiente.
En su discurso, Milei reivindicó todo el andamiaje económico entreguista - el RIGI, el ajuste fiscal contra las masas y la conversión de Argentina a la condición de Protectorado del imperialismo. Si reclama mayor injerencia en el Atlántico Sur, es en nombre de esa orientación. Se cuelga de los choques interimperialistas entre Inglaterra y Trump para postular a Argentina como vasallo de Trump hasta el confín del Atlántico Sur.
Una vez más, la cuestión Malvinas sirve de campo de maniobras con el imperialismo, de objetivos reaccionarios y como pantalla de regímenes minados por contradicciones explosivas. Milei le ha ganado la demagogia a los “nacionales y populares” e izquierdistas que en las últimas semanas han ocupado el centro patriotero, con el propósito subalterno, como el del propio Milei, de atrapar votos para las próximas elecciones. Esta cohorte ha recibido una soberana lección: el más entreguista de todos los gobiernos ha subido la “causa Malvinera” al escenario de una guerra imperialista mundial, que confronta al imperialismo norteamericano con Rusia y China y con sus propios aliados de la OTAN. En alianza con Trump, Milei convierte a Malvinas en una Groenlandia de la Antártida, o sea en otro botín de la guerra internacional por un nuevo reparto del mundo.
Jorge Altamira 1144237873
Marcelo Ramal 1156901943
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