Docentes de San Isidro: repudio al hostigamiento contra la directora Margarita Cuellar

Escribe Walter Sánchez

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Desde hace semanas la compañera Margarita Cuellar, directora de la escuela secundaria N°24, viene sufriendo una campaña de hostigamiento y difamaciones en redes sociales por parte de un miembro de la comunidad educativa. Aunque se realizaron las denuncias correspondientes, la situación fue escalando hasta un intento de agresión física dentro del establecimiento, ocurrido el jueves 3 de septiembre. Estos hechos dejan en evidencia nuevamente los límites de los llamados protocolos de “Resguardo y Reparación” para garantizar la integridad de las y los trabajadores de la educación. Cuando una docente debe soportar amenazas y agresiones, incluso después de haber realizado las denuncias correspondientes y de contar con una medida de protección, queda en evidencia la insuficiencia de los mecanismos administrativos frente a una situación de violencia real y persistente.

La agresión contra Cuellar no puede entenderse como un hecho aislado. Es parte de un amplio cuadro de desprotección que atraviesa a la docencia bonaerense, donde el deterioro edilicio, la sobrecarga laboral y la falta de resguardo institucional se combinan con crecientes episodios de violencia institucional en las escuelas, evidencia de un cuadro general de decadencia social. Por eso, la respuesta no puede limitarse a declaraciones de solidaridad: hace falta organización colectiva y medidas de fuerza que pongan un freno efectivo al hostigamiento.

Por otro lado, advertimos que las agresiones contra la compañera buscan desviar el eje de un conflicto bien real: la lucha de padres, docentes y alumnos frente a los graves problemas de infraestructura que atraviesa la escuela, que contó con cortes de calle y movilizaciones al Consejo Escolar.

La conducción del SUTEBA San Isidro (Celeste) organizó un “abrazo a la escuela” que duró tan sólo unos minutos. Los sindicatos docentes del FUDB deben convocar inmediatamente a un paro general de actividades con movilización, además de reclamar acompañamiento jurídico y psicológico integral para la compañera agredida y garantías concretas para impedir nuevos episodios de hostigamiento dentro de la escuela.

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