De los atentados a las Torres Gemelas a la actual guerra mundial

Escribe Jorge Altamira

Un torrente de falacias y mentiras en la conmemoración del 25 Aniversario

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La conmemoración del veinticinco aniversario de los ataques a las Torres Gemelas en Nueva York y a un ala de la sede del Pentágono en Arlington ha sido utilizada por Donald Trump para celebrar “la guerra global contra el terrorismo”, lanzada enseguida después del ataque por George Bush (h), y para conectarla con la guerra desatada por Estados Unidos contra Irán. Trump, sin embargo, no se hizo presente en el escenario de las Torres Gemelas, adonde mandó a JD Vance, el vicepresidente, para subrayar su distancia de los expresidentes del país que iniciaron y reforzaron, precisamente, esa “guerra global’.

Pero el inicio de esa “guerra global” contó, no con la oposición, sino con el apoyo del régimen clerical de Irán y del de Putin (que hoy combate a los nazis en Ucrania pero los apoya en Alemania). La ‘conexión’ que hace Trump no se ‘conecta’ con los hechos. En efecto, para proceder a la invasión de Afganistán, ordenada por Bush, la aviación norteamericana recibió la autorización de esos estados para atravesar sus espacios aéreos. Ignoramos si alguien lo mencionó en las conmemoraciones, pero seguramente no lo hicieron ni los ayatollas ni Putin. De este modo se produjo la invasión de Afganistán. El paso siguiente sería la invasión de Irak y una guerra imperialista de exterminio en las ciudades de Falluja y Mosul. El dictador de Turquía, Recyp Erdogan, hizo un intento fallido para la anexión de la sección turcomana de Irak a Turquía. El régimen iraní, por lo tanto, no combatió la invasión norteamericana sino que la apoyó, con la expectativa de poner fin a un régimen enemigo en Irak, que había lanzado una guerra contra Irán en la década de los 80, apoyada por Estados Unidos y la Unión Soviética, para estrangular a la revolución iraní. El rol cambiante caracteriza en especial (no solo) a los gobiernos nacionalistas, dispuestos a apoyar al imperialismo si conviene a los estrechos intereses nacionales. La “conexión” entre “la guerra global contra el terror” con la guerra de Trump y Netanyahu contra Irán omite que Irán apoyó, dentro de ciertos límites, a la primera.

La segunda falacia del redactor del discurso de Trump es que reivindica ahora lo que fue una guerra extendida contra Irak, Afganistan y otras naciones contiguas, cuando ha montado su campaña, en el pasado reciente, que las denuncia como “inútiles” y “perjudiciales”. Esto es cierto en cuanto a que el Pentágono se vio forzado a huir de Afganistan como había ocurrido en Vietnam, con militares y funcionarios colgados de las alas de los aviones. Para Trump, el imperialismo norteamericano no debía desperdiciar en guerras localizadas los esfuerzos que lo apartaran de la guerra contra China. El cambio de discurso, el apoyo a aquellas guerras, obedece, claramente, al derrumbe estratégico de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Iran, que se ha acentuado en las últimas horas con la toma espectacular de territorio que controla el ingreso al Mar Rojo por parte de los hutíes de Yemen. Una columnista en La Nación, Julieta Nassau, cree advertir que “la guerra global contra el terrorismo” se ha transformado, en la actualidad, en “una preocupación por el terrorismo doméstico”, lo cual debe entenderse como que Estados Unidos se ha convertido en un estado policial y militar, sin que se hayan presentado indicios de grupos terroristas locales en Estados Unidos. El círculo completa los 360 grados – la guerra mundial que desarrolla Estados Unidos en la actualidad contra sus principales rivales, incluidos los rivales ‘aliados’, se vuelve contra el estado imperialista norteamericano. “La guerra global contra el terrorismo” dio lugar a que la Corte Suprema preste acuerdo para que los acusados por terrorismo fueran juzgados por la Justicia Militar, dando el marco legal para las cárceles ‘especiales’ en Guantánamo. La prensa de la época señaló que se habían instalado cárceles clandestinas en ciudades en el extranjero que practicaban regularmente la tortura.

Las sospechas de que el atentado contra las Torres Gemelas ha partido del propio Estados Unidos para justificar la ‘guerra’ ulterior no se han disipado; por el contrario. Fue perpetrado por una organización, Al Qaeda, que emergió de un acuerdo entre los servicios de espionaje estadounidense y paquistaní para repeler la invasión de Afganistán por parte de la Unión Soviética. El fracaso de este intento de sovietización tardía fue un momento clave en el proceso último de la desintegración de la URSS. La cúpula de Al Qaeda formaba parte de la oligarquía financiera saudita. O el ataque a las Torres fue una provocación diseñada para justificar el lanzamiento de “la guerra global contra el terrorismo”, o reveló una disputa al interior de una alianza que sólo servía a Estados Unidos y, en consecuencia, al sionismo. Al Qaeda será, más tarde, una pieza fundamental de EEUU y Turquía en la guerra contra el régimen de Siria, que hoy está presidida por uno de sus principales dirigentes - Al Golani. Terry Strada, viuda de un muerto por el ataque del 11 de Septiembre, volvió a denunciar, mirando a JD Vance, en la ceremonia neoyorquina, la complicidad e incluso una participación del régimen saudita en los atentados, y a todas las administraciones, incluida a la actual, por “encubrir” los hechos y a los responsables.

“La guerra global contra el terrorismo” ha sido, junto a la guerra de la Otan para dividir a la ex Federación Yugoslava, un precedente activo de la guerra mundial presente. El fracaso de esta “guerra” en toda la línea fue una poderosa evidencia del retroceso histórico del imperialismo norteamericano y de los propios Estados Unidos, así como la necesidad de ‘reordenar’ todo el sistema mundial para hacer frente a un impasse terminal. La guerra imperialista actual ha puesto en la cancha, en forma directa, a todas las potencias principales, en especial en el campo de los ‘aliados’, dejando a la vista una crisis histórica de la dominación imperialista internacional y poniendo a las propias metrópolis en el centro de crisis de régimen y de rebeliones populares.

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