Una curva de contagios y luchas de clases

Escribe Marcelo Ramal

Lo que se viene después del 17.

Tiempo de lectura: 5 minutos

Mientras los opinólogos del régimen multiplican sus especulaciones acerca de la ´postpandemia´, la realidad se topa con la pandemia ´hecha y derecha´, y su curva ascendente de contagios y muertes. El miércoles 8, los nuevos infectados de Covid 19 alcanzaban el récord de 3.600 casos. Horas antes, Larreta había ratificado una reapertura parcial de actividades en la CABA para después del 17. Al mismo tiempo, se anunciaba un “acercamiento de posiciones” con el gobierno bonaerense. Kicillof venía de “sorprender” a Ginés por su disposición a flexibilizar actividades, también en la provincia.

La noticia del ascenso de casos hundió en el desconcierto al trío Fernández-Kicillof-Larreta. Pero la respuesta de sus voceros fue presentar a estos nuevos datos como “cercanos al pico que llegará en los próximos días”, algo que se viene reiterando desde hace meses. El optimismo forzado tiene un sólo objetivo: defender a capa y espada una mayor apertura de actividades para después del 17, y consolidar el funcionamiento casi general de la gran industria que ya existe hoy.

Argentina va ingresando en el escenario de “convivencia con el virus” que tiene lugar en la mayoría de los países, donde se reabre la actividad industrial y comercial sin haber conjurado la epidemia o nuevo brotes. que, finalmente, tienen lugar. Los gestores capitalistas están fijados en el ´achatamiento de la curva´, o sea, bajar el ritmo de llegada de los contagiados graves a los hospitales y reducir a una determinación estadística el número de muertos. Pero el Gran Buenos Aires ya tiene hospitales municipales con la capacidad colmada, y empezaron a ocupar sus instalaciones los hospitales de campaña, como ocurre en Tecnópolis.

La economía del capital…

Bajo la presión monumental del gran capital industrial y comercial, Fernández-Kicillof-Larreta van a defender algún tipo de apertura después del 17 y, si las cosas se agravan en estos días, al menos defender el amplio abanico de actividades que está en funcionamiento. Los capitostes de la UIA y de la Cámara de Comercio han emplazado a Alberto Fernández: la movilización del capital parado debe reanudarse sin restricciones y como sea.

Los funcionarios del gobierno y los opositores insisten con el “agotamiento de la economía”. En realidad, lo que se ha agotado es la salida capitalista a la crisis pandémica, que ha consistido en colocar la mayor parte los recursos del Tesoro y de la emisión al servicio del rescate de los capitalistas. Por esa vía, una parte sustancial de ese rescate ha reforzado el parasitismo. En las últimas semanas, y en medio de una grave crisis financiera del Estado, el gobierno logró refinanciar deuda en pesos -y emitir deuda nueva- por más de 70.000 millones de pesos, duplicando la oferta de bonos que tenía previsto licitar. Los analistas atribuyen el éxito de la emisión al “exceso de liquidez en el mercado” (La Nación, 29/6). Es decir que la parálisis ha generado o convive con un capital sobrante en crecimiento, al que se suma el que se encuentra en forma de Leliqs, por unos 20 mil millones de dólares; la deuda local del Tesoro es de más de 50 mil millones de dólares. Quienes disponen de los recursos para invertir en esa deuda son los mismos capitalistas que reciben las ATP y otros subsidios, incluyendo ahora a la amplia moratoria impositiva y previsional. O sea que el gobierno rescata a los capitalistas con los recursos del Tesoro y enseguida los remunera con elevados intereses para financiar el déficit del Tesoro y la cuarentena parcial de los negocios.**

Conciente de que este esquema es insostenible, la burguesía reclama volver a la ‘normalidad’, sin disposición ni interés en adoptar las medidas necesarias para proteger a la fuerza de trabajo.

…y la de los trabajadores

En realidad, las discusiones en torno al desmantelamiento de la cuarentena es un gran operativo distraccionista de los focos de contagio que hoy tienen lugar en la gran industria “esencial”, como ha ocurrido en Mondelez, Felfort, BedTime, Firestone, Acindar y tantas otras. Las patronales le han arrancado al Estado otro subsidio no declarado: la libertad para explotar a los trabajadores sin cumplir con las normas sanitarias elementales -distanciamiento, equipos adecuados, rotación de puestos de trabajo- para evitar un costo adicional, precisamente cuando reclama a los gritos reducción de salarios, despidos sin indemnizaciones y la anulación de los aportes patronales a la seguridad social. El Estado sigue esta saga, cuando anuncia los “protocolos” para vuelta a clases -en todos los niveles-, sin aumentar el presupuesto de educación, nombramientos docente de más docentes, que deberán tener menor número de alumnos y más´distanciados´. .

A la luz de todo lo anterior, es muy claro que la fase “post 17 de julio” viene diseñada en perjuicio del mundo del trabajo. Por otro lado, no reanimará al pequeño comercio, acosado por clientes más pobres, mayor inflación y normas de atención que afectarán la rotación de consumidores.. Las huelga del transporte, de los marítimos y la pelea por normas sanitarias seguras en los lugares de trabajo, ponen en mayor evidencia el carácter de clase que tiene la política estatal frente a la pandemia.

Es necesaria la coordinación de todos los esfuerzos fabriles, por zona y por sindicato, para impulsar la lucha por protocolos obreros; la organización de la huelga donde se incumplen, junto a la lucha por el salario y paritarias; y el nombramiento urgente de trabajadores en la salud para atender la emergencia sanitaria, entre otros reclamos.

La “economía” de los capitalistas para atender la pandemia, consiste en compensar el lucro perdido en la cuarentena por medio la emisión de deuda pública y cuasi fiscal, a tasas de interés jugosas y a plazo breve; y el pago de la contraida en las décadas pasadas y por el macrismo.

En oposición a la colaboración desvergonzada de la burocracia de los sindicatos con esta política, y también en oposición al seguidismo de otras direcciones sindicales a lo que califican como un política ‘nacional y popular’, sostenemos la necesidad de un plan de lucha de defensa de la salud y de la economía de los trabajadores. Convirtamos los reclamos que se levantan en los centros de salud, en las fábricas y en los lugares de estudio en un movimiento general, impulsando para eso coordinadoras y un congreso de trabajadores.

  1. Paritarias ya: salario mínimo igual al costo de la canasta familiar.
  2. Abajo el congelamiento de jubilaciones- 82% móvil.
  3. Derecho a veto de los trabajadores a los protocolos de las patronales en toda la industria y el comercio, incluido la jornada emergencial de seis horas sin afectar los salarios.
  4. Contratación de más personal de salud, en los términos de los convenios colectivos y reducción de la jornada laboral. Provisión de todos los instrumentos de protección.
  5. Apertura de los libros de la industria farmacéutica y reducción del precio de los medicamentos.
  6. Testeos masivos y alojamiento adecuado a quienes deban cumplir con los aislamientos recomendados.
  7. Que las coordinadoras de los trabajadores de salud ejerzan el control de las disposiciones que adopta el gobierno con el comité de infectólogos.
  8. Abajo los subsidios al capital; expropiación sin pago a toda empresa que despida o cierre; desconocimiento definitivo de la deuda financiera.

No hay ‘pospandemia’, ni ‘nueva normalidad’ - lo que viene es una etapa de luchas decisivas. Por Coordinadoras y por una congreso de trabajadores.

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