Mientras subsidian a Wall Street, la economía se derrumba

Escribe Sergio Rivero

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"Aunque superamos la ola inicial del período de marzo a abril, la enfermedad todavía es capaz de sorprendernos", dijo un presidente regional de la Reserva Federal (FED). "Sin una gestión de riesgos más granular por parte de la política de salud, podríamos obtener una ola de quiebras sustanciales y [eso] podría alimentar una crisis financiera".

James Bullard, presidente de la FED de St. Louis, reitera que el riesgo de una crisis financiera persiste - “aún estamos en el medio de una crisis”- e insistió en que la política de la Fed de proporcionar billones de dólares a los mercados financieros, ahora extendida a la compra de deuda corporativa, incluidos los llamados bonos basura, tenía que continuar. Eso fue porque hubo "giros y vueltas" en una crisis que “todavía está aquí”.

Las declaraciones de una autoridad financiera de tal nivel eximen comentarios. Estamos en el medio de una crisis que puede producir una “ola de quiebras” si la pandemia no cede. Y una nueva ola de contagios azota y produce a mediados de Julio más de 70 mil contagios diarios, el mayor número desde el inicio de la pandemia.

Trump logró el lamentable primer puesto –“America first”- en cantidad de contagios de Covid-19, con 3,7 millones y 140 mil muertes superando a Brasil, India y China sumados.

Desde mediados de junio, una nueva ola de contagios llevó a 26 estados que habían implementado aperturas las revirtieran. Las previsiones de Bullard cobraron total actualidad, la crisis financiera y económica “está aquí” y el avance de la pandemia no cesa.

Grieta entre la economía y Wall Street: nueva ola de quiebras y desocupados

Nuevas olas de despidos anunciaron empresas de diversos sectores – HSBC, 35 mil despidos; Deutsche Bank, 18 mil; Wells Fargo, con 265 mil empleados, recortará su plantilla entre el 7 y el 12%; J. P. Morgan, Goldman Sachs, reducirán personal. Las empresas de tecnología IBM, INTEL, Oracle, Cisco, las aerolíneas, automotrices, Hertz; y una lista interminable de nuevos despidos, diluye la recuperación que se produjo en desde mayo. La nueva ola desocupados ya se está produciendo.

Mientras la caída de la actividad económica se profundiza, las bolsas han tenido una suba que ha llevado a recuperar gran parte de las bajas de marzo y nuevas cumbres en la tecnología. Como si se tratase de dos economías diferentes, Wall Street obtiene con la cuarentena grandes beneficios. Mientras aumentan los desocupados, el sector financiero vive otra realidad.

Luego del derrumbe de marzo del mercado de deuda y acciones, la Reserva Federal puso un piso al mercado de deuda anunciando la compra de emisiones de bonos corporativos y en el mercado, préstamos a empresas y bajando a cero la tasa de interés, que se comprometió a mantener sin aumentos hasta 2022.

Los rescates del gobierno y la Reserva Federal privilegian a los bancos y empresas Las empresas se lanzaron a emisiones de deuda que fue comprada por la Reserva Federal financiada con emisión monetaria, esos fondos se canalizaron a pagos de dividendos y compra de acciones produciendo una fiesta en Wall Street, mientras la economía real se desplomó, produciendo decenas de millones de desocupados.

En la crisis del 2008, el estado rescató a los bancos con billones de dólares en préstamos y compra de los activos tóxicos (bonos basura) para mejorar los balances. No dio subsidios a los 10 millones de familias que perdieron la vivienda, ni apoyó a los millones de desocupados. Gracias a esa política, hoy hay más inquilinos por los masivos desalojos luego de la crisis hipotecaria y se retrocedió a una mayor precariedad de la economía familiar.

¿Estamos ante una crisis bancaria o una crisis del capitalismo?

Si la crisis del 2008 dejó una enseñanza es que el estado apoyaría al sector financiero incondicionalmente. El alcance del rescate era desconocido, hasta que una auditoria de la FED estableció que se gastaron 16 billones de dólares en diversos rescates y compra de activos desvalorizados, un monto superior al producto bruto nacional del 2008.

Este rescate incluyó a los principales bancos globales de Estados Unidos Citi, como Morgan Stanley, J. P. Morgan, entre otros, y extranjeros, como Royal Bank of Scottland, Deutsche Bank, Credit Suisse, BNP Paribas, Dresdner Bank. Societé General, etc. La crisis del sistema financiero se extendió a todo el planeta, transformando a la Reserva Federal en el banco de rescate mundial, ante el hundimiento del sistema financiero global.

Esta forma de rescate al sector financiero de 2008 nunca finalizó, continuó con bajas tasas y compra de activos financieros y se convirtió en una “adicción” para el sector financiero. Se inició durante la presidencia de Obama y, desde el rescate de la pandemia, Trump dejó de criticar al presidente de la Reserva Federal. Tampoco el parlamento lo reprueba o cree necesario supervisar, es una política de Estado. El sector financiero, desde la presidencia de Obama, ha sido privilegiado en materia de rescates y subsidios. Si Trump pierde las elecciones, los demócratas no han anunciado cambiar esta política.

Rescates y la insolvencia en la Reserva Federal

La suba de las bolsas y los bonos públicos y privados, empujados por la emisión monetaria, muestra al capitalismo dependiendo ya no de la creación de plusvalía sino de la emisión monetaria. Un reciente estudio de varias universidades revela que las empresas han repartido más dividendos a los accionistas que ingresos registrados. Ese exceso financiado con deuda las pone “en mayor riesgo de colapso”. Los subsidios al sector financiero alimentan una burbuja en los activos financieros, con subas y endeudamiento impulsado desde el estado.

Las finanzas de Estados Unidos sufren un deterioro agravado desde 2008. Con crónico déficit de presupuesto y de la balanza comercial, se ha financiado con un mayor endeudamiento, mediante la emisión de bonos del Tesoro. Ahora la Reserva Federal tiene más bonos que China, que dejó de ser su principal comprador.

Los subsidios al sector financiero han tenido un gran crecimiento desde la pandemia. Los recientes subsidios facilitaron compras de acciones y distribución de dividendos a los accionistas. No han aliviado los efectos de la pandemia en la economía. Que “hará que la recesión sea más profunda, los costos para los gobiernos serán mucho mayores y extenderá la necesidad de intervención del banco central”.

Ya han quebrado 3.000 empresas y los bancos esperan mayores dificultades de las empresas y previendo una nueva ola de impagos aumentan sus reservas. Hertz, con mucha deuda, quebró al iniciarse la cuarentena ante la imposibilidad de cumplir con sus obligaciones.

El capitalismo no logra salir de terapia intensiva, el salvataje del sistema financiero en Estados Unidos en Europa y Japón la está llevando a mayor insolvencia del estado y las empresas sin lograr detener el desbarranco económico.

Los trabajadores no pueden cifrar esperanzas que el capitalismo pueda resolver esta crisis que ellos han creado, una recesión más profunda producirá mayor desempleo y miseria. Mientras los gobiernos capitalistas privilegian subsidiar y rescatar al sistema financiero, Los trabajadores deben luchar por una salida que contemple las reivindicaciones de los trabajadores y desocupados.

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