“La guerra contra el terrorismo” dentro de Estados Unidos

Escribe Norberto Malaj

Tiempo de lectura: 3 minutos

“Si alguna vez hubo un punto de inflexión, lo hemos pasado. Intentar mirar en forma fija las noticias diarias para determinar el punto exacto en el que nos deslizamos hacia el fascismo es como mirar a un bebé para ver cuándo se convierte en un adulto. Para cuando lo percibes, ya ha sucedido. Es importante comprender la fase de represión en la que nos encontramos ahora: fuerzas del gobierno que no rinden cuentas, la policía antidisturbios, los gases lacrimógenos, enjuiciamientos políticos específicos que vienen después, no son algo nuevo, sino algo viejo. Esto no se trata de Donald Trump. Esto es Norteamérica, baby. Esto es lo que hacemos”. Esto lo dice Hamilton Nolan, uno de los periodistas más reputados del británico The Guardian en EE.UU. (24/7).

Y agrega: “Trump, un tonto gobernado por el impulso más que por la estrategia, no construyó la temible máquina de opresión del gobierno que ahora se dirige a sus oponentes políticos. Esta máquina fue ensamblada sistemáticamente y atendida con amor por generaciones de presidentes antes que él: demócratas, republicanos... Trump solo está ampliando su extensión. Todas estas herramientas se han afilado en los huesos de los nativos americanos y negros, en los inmigrantes y musulmanes en el extranjero. EE.UU. siempre ha necesitado a alguien para oprimir. Principalmente para poder robar sus cosas, pero también para que el resto de nosotros no nos volvamos unos contra otros. Este país ha logrado evitar una guerra de clases al dar a los blancos pobres una variedad de minorías para abusar, un truco que ha beneficiado a los blancos ricos” (ídem).

“Estamos descubriendo qué sucede cuando la guerra contra el terrorismo se vuelve interna hacia nosotros mismos. Además de los agentes federales que ya están en Portland, ahora van a Chicago, Albuquerque y Kansas City; eso puede ser solo el comienzo de un lanzamiento nacional. ´Proteger la propiedad federal´ y ´mantener la ley y el orden´ son hojas de parra gemelas flotando en una nube de gases lacrimógenos. El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) se ha convertido de hecho en una vigilancia paramilitar y doméstica controlada por la Casa Blanca, un servicio que no rinde cuentas a nadie, excepto a Trump y sus leales. (Si somos honestos, este momento ha sido inevitable desde que el DHS fue creado por el pánico en los días posteriores a los ataques del 11 de septiembre. Si hay alguna palabra más fascista que ´patria´, no la escuché)” (ídem).

La descripción del periodista puede parecer apocalíptica pero se corresponde enteramente a la realidad. Con excepción de unos pocos representantes del partido demócrata, en particular de las ciudades donde actuaron esas fuerzas federales que vieron sublevaciones populares de repudio a esa intervención, el partido que hoy postula a Joe Biden a la presidencia no tiene ningún interés en “agitar las olas”. Esto vale incluso para su ala ´izquierda´, expresada en el senador Sanders o la representante Alexandria Ocasio-Cortez.

El representante demócrata de Oregon, Wyden, denunció en una declaración escrita el jueves que "Las tácticas violentas desplegadas por Donald Trump y sus fuerzas paramilitares contra los manifestantes pacíficos son las de un régimen fascista”. “Hablando por teléfono, dijo ´A menos que Estados Unidos dibuje una línea en la arena en este momento, creo que podríamos estar mirando el barril de pólvora de la ley marcial en medio de una elección presidencial´" (The Guardian, 25/7).

“El control militar del gobierno se impuso por última vez en los Estados Unidos en 1941” recuerda ese diario. Fue entonces que se encerró en campos de detención a decenas de miles de japoneses residentes en EE.UU. y que la izquierda de EE.UU., en particular el trotskista SWP, sufrió enorme persecución.

De la “Operación Valor Diligente” en Portland (así se llamó esa intervención paramilitar) a la “Operación Legend” (la que ahora tiene lugar en Kansas City, Chicago y Albuquerque) “esto es un asalto total de estilo militar en una protesta de estilo pacífico. La forma de manejar una pintada o graffiti es colocar una cerca o salir y pedirle a la gente que deje de hacerlo, no atacar una protesta pacífica, pero eso es exactamente lo que sucedió. Está muy claro lo que el presidente intenta hacer, es incitar a la violencia y luego mostrar esa violencia en los anuncios de campaña. Y digo esto porque eso es exactamente lo que está haciendo en este momento. Esta no es una teoría”, declaró el senador demócrata por Merkley, del mismo Oregon (ídem).

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