Una conferencia sin propósito estratégico

Escribe Mesa Nacional del Partido Obrero (Tendencia)

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La Conferencia Latinoamericana convocada por el Frente de Izquierda y los Trabajadores-Unidad (FIT-U), para el último fin de semana de julio, se distingue por algunas características singulares que comprometen las pretensiones de esta o cualquier otra Conferencia. La más importante es que no viene acompañada de un debate de posiciones contradictorias. De este modo, sólo servirá para poner el sello sobre acuerdos consumados. No se conoce el tenor de las discusiones que llevaron a esos acuerdos, ni la naturaleza de ellos, o si existen siquiera. Se llega al evento sin un debate previo entre las direcciones y la militancia de cada organización.

El documento de la Conferencia advierte, sin embargo, que quienes integran el FIT-U tienen una larga lista de diferencias en cuestiones nacionales e internacionales y en su práctica política. Algunas divergencias tienen que ver con temas actuales, pero otras pertenecen al pasado. El abordaje es groseramente esquemático y sirve como pretexto para cualquier maniobra divisionista.

El método de la delimitación política no es deshojar diferencias. Esto solamente sirve para justificar el nicho propio. De lo que se trata es de caracterizar la época, la etapa y las tareas – o sea un programa, una “guía para la acción”. Es lo que no tiene en absoluto la convocatoria. Presentar a la unidad como sinónimo de monolitismo político es algo tan irreal como burocrático. La historia y la lucha de clases se encuentran en constante flujo, lo que obliga al militante revolucionario y al partido revolucionario a hacer una caracterización histórica o de conjunto, por un lado, y el carácter de las fuerzas en presencia, y a redefinir constantemente, por el otro, esas caracterizaciones.

Presentar los títulos de una lista de divergencias entre los convocantes no equivale a delimitar posiciones, sino a evitarlas y encubrirlas. La Conferencia no ha tenido ninguna preparación política, ni figura ella en el temario. Este ´método´ no describe un proyecto sino un callejón sin salida.

Mencionar, por ejemplo, diferencias sobre “el chavismo” solo se presta a la confusión, porque una cosa es el levantamiento chavista de 1992; otra el gobierno nacional bonapartista; y una tercera el estado policial de Maduro, en una Venezuela asediada por el imperialismo. Otras cuestiones son tácticas. No menciona la cuestión del sionismo ni del delito de opinión, que todavía esta en el calendario político argentino. En este contexto, señalar “el desafío” del FIT-U de superar sus propias limitaciones, como lo hace el texto, no es más que fraseología – un elogio al empirismo, ausencia de contenido concreto. Desnuda, con posterioridad, la impostura del planteo del partido único, ofrecido hace menos de dos años.

El Congreso del Partido Obrero, en 2016, recibió una petición, por parte del PTS, para participar en una Conferencia Latinoamericana impulsada por nuestro partido. El reclamo del PTS nunca fue contestado por el Comité Nacional electo en ese congreso, a pesar de que los delegados habían votado en forma favorable una moción de Altamira que planteaba responder positivamente al reclamo, por medio de un documento político. Ese documento debía plantear la cuestión señalada de la época, la etapa y las tareas. Es lo que venía haciendo nuestro partido, que organizó tres conferencias latinoamericanas previas, con documentos de ese alcance y contenido. Una discusión en aquel momento, sobre esta base, habría podido desarrollar una delimitación política genuina, y verificar el terreno para una acción política, realmente común. La dirección del Partido Obrero oficial, que patrocina la Conferencia de fin de mes, es aproximadamente la misma que engavetó, en aquel momento, una conferencia pluri-partidaria.

Los convocantes no se han tomado el trabajo elemental de clarificar la relación entre la propuesta abortada, del PTS, de formar un partido único, en 2018, y esta Conferencia internacional signada por la unanimidad. ¿La Conferencia sería la actividad de un “partido amplio” en los hechos, como propugnaba aquella iniciativa del PTS? En esa ocasión, la mayoría del comité nacional del PO contestó al PTS con una larga enumeración de agravios e imputaciones, en tanto que Altamira planteó abrir un debate por medio de un boletín interno, luego de advertir contra la deriva de un partido amplio electoral. Un debate habría podido verificar las condiciones para un partido común, ni qué decir de la clarificación que habría producido, ella sí, en “la vanguardia obrera”. La cuestión de método en la unidad política revolucionaria tiene, como se ve, su historia. El PO oficial debería explicar qué lo ha llevado de aquellas imputaciones a estos acuerdos precipitados. En lo que a nuestra Tendencia respecta, hemos mantenido una posición coherente desde los primeros pasos de formación de la CRCI, en mayo de 1997. En síntesis: ni agravios ni insultos, ni tampoco encapsulamientos sectarios, por un lado, ni acuerdos vacíos de contenido y reñidos con los principios, del otro.

Los convocantes tampoco están convocando a una Conferencia, sino más bien a mesas redondas, que ocuparán días de la conferencia, y lo que sería “un taller” en la jornada final. En las mesas se ventilarán toda clase de diferencias y disputas ante un auditorio pasivo, y el día restante pasará por encima de las cuestiones de fondo, sin la posibilidad de un debate real por parte de la militancia. Es una metodología de acomodamiento y de parches, que siempre opera como semilla de nuevas divisiones. Nuestro emblema es: “unidad en la claridad”.

Aspavientos

El texto no ahorra adjetivos para describir “un nuevo escenario mundial”, que estaría signado por “el agravamiento de la crisis” y una “ola ascendente de la lucha de clases”, “inseparable de la crisis capitalista”. No discierne si lo que asciende es la lucha de clases del capital (fascismo) o la lucha de clases del proletariado (socialismo). Tampoco define a la lucha de clases, que existe ininterrumpidamente en forma instintiva y cotidiana, o la lucha política, que es la real lucha de clases del proletariado. Las fórmulas genéricas del texto permiten meter en la misma bolsa toda clase de situaciones e incluso negarlas al mismo tiempo, y por sobre todo evitar una caracterización de las fuerzas en presencia. La “ola ascendente” ha servido para que un dirigente del PTS sostenga que en Chile hay una “rebelión”, pero no un proceso revolucionario, de modo que el ´ascenso´ trasandino no le quita el sueño a nadie. Invierte la famosa fórmula del abate francés Sieyes, que respondió a la pregunta de Luis XVI acerca de si la toma de la Bastilla era una ´revuelta´ - “no Sire, es una revolución”. ¿Se desarrolla en Chile un proceso revolucionario? No, nos responden desde el PTS – es una revuelta. Un proceso es revolucionario si la lucha de las masas va dirigida contra el poder político.

Lo que distingue a la situación mundial es, en primer, el impasse mortal del capital, que la pandemia puso al desnudo de un modo brutal. En la era de la inteligencia artificial, no hay capacidad en las unidades de terapia intensiva; no alcanzan los hospitales; hay que importar barbijos y respiradores de China, en medio de una guerra económica y cuasi militar; los estados salen a rescatar con dinero ficticio al capital, mientras la desocupación y el hambre alcanzan niveles descomunales. La moneda espuria no es acumulación capitalista, sino una espiral disolvente del capitalismo.

En segundo lugar, los regímenes políticos en presencia, no sólo los gobiernos, han ingresado en un impasse todavía más descomunal. En el podio: la primera potencia del mundo, la primera potencia de América Latina y la cuna del neoliberalismo y la destrucción de la clase obrera - Chile. Hay muchos haciendo cola, entre ellos China. Cuando un escenario histórico y político como este es asediado por rebeliones populares masivas y de largo tiempo, de la envergadura de Estados Unidos o Chile, es claro que el mundo entero se caracteriza por grados diversos de situaciones revolucionarias, o en todo caso que estas situaciones están inscriptas en la etapa. Esta caracterización debe ser el punto de partida de la política revolucionaria.

Bajo la presión de la práctica parlamentaria, el aparato del PO había escrito lo contrario: acusó a la Tendencia de “confundir deliberadamente (sic) la crisis mundial y la bancarrota capitalista (…) con la emergencia de situaciones revolucionarias” (ver PO #1555). Lo de “deliberadamente” es antológico – nos acusaban de una conspiración, que solamente puede ser entendida como perjudicial para la práctica parlamentarista.

Ahora la Convocatoria señala que este “ascenso” viene “desde 2018”, cuando todo el FIT coincidía en lo contrario – en el planchazo. Los convocantes a la Conferencia no entienden que el obstáculo a la unidad revolucionaria de la izquierda no viene de las divergencias que alegan tener entre sí, sino de las contradicciones de sus propias caracterizaciones y de los virajes políticos que esas contradicciones provocan. Los ´ascensoristas´ de hoy, hace dos años denunciaban nuestra posición de que la crisis mundial planteaba que la iniciativa estratégica, “al menos potencialmente”, había pasado a manos de la izquierda revolucionaria. Más aún: si se sigue leyendo el texto de Convocatoria, en América Latina “el nuevo escenario” que ella describe tendría su raíz en “la caída de los precios de las materias primas” - desde 2014/2015. Esto parece un informe de Ecolatina, porque es lo que diría cualquier “desarrollista”, partidario del “mercado interno” y la “sustitución de importaciones”. “La crisis mundial” y “la bancarrota capitalista” es presentada en los términos del PBI y de los balances financieros, y no de un impasse mortal del capital. La bancarrota de 2007/8 se ha superado a si misma.

La “ola ascendente” no alcanza para caracterizar la situación histórica del momento. La convocatoria no establece un hilo conductor entre la crisis mundial y una era de revoluciones, atravesada por una transición histórica signada por crisis políticas y la desintegración de los bloques de la burguesía. La crisis de dirección del proletariado consiste, precisamente, en la incomprensión de la situación histórica actual. Esta incomprensión explica “los partidos amplios” y la subordinación de la independencia de clase al parlamentarismo. Donde la izquierda busca el apoyo de la vanguardia obrera para sus proyectos parlamentarios, en lugar de usar la tribuna parlamentaria para “politizar” a esa vanguardia, ella subordina a la vanguardia al estado burgués. Explica también la disolución de la política socialista en la política identitaria – feminismo anti-capitalista, estudiantilismo anti-capitalista, ecologismo anti-capitalista, etc. Ante el impasse mortal del capital es necesario unir las reivindicaciones y luchas de mujeres, negros y pueblos originarios, en un programa de transición a la revolución proletaria mundial. La unidad metodológica de la política revolucionaria es la expresión de la unidad metodológica del derrumbe capitalista

El texto asocia el “agravamiento de la crisis capitalista” con una afirmación sorprendente: “Los recursos para rescatar al capital se han ido agotando”. El capital se enfrenta al vacío, no a la revolución. A menos que la crisis capitalista sea descripta en términos contables o administrativas, los únicos “recursos” para rescatar al capital que conocemos los marxistas provienen del poder concentrado del Estado, o sea la contrarrevolución y el fascismo. Creer que el último recurso del capital es la acción de un banco central, es lo que llevó a los estalinistas alemanes a sostener que el ascenso de Hitler al gobierno no podía ser sino un episodio efímero. El capital es una relación social, no una cuenta bancaria a ser regularmente llenada por los bancos centrales o los Tesoros.

Derecha

Para curarse en salud, el documento de convocatoria, después de echar suficiente ´cal´ en el platillo de la balanza que corresponde a las “rebeliones”, arroja la misma dosis de ´arena´ pero en el platillo de la burguesía y la derecha: “la misma crisis (sic) manifiesta como parte de la polarización que existe otras salidas por derecha, nacionalistas, xenófobas, imperialistas”. El texto, luego llama a “enfrentar las tendencias a la “bolsonarización” que existen al interior de diferentes Estados latinoamericanos y, más de conjunto, al reforzamiento del aparato represivo y la criminalización de la protesta social que se viene constatando en el continente”. El eclecticismo de este texto refleja la ausencia de una caracterización de conjunto. Una verdadera crisis mundial no puede evitar las oscilaciones a derecha e izquierda del tablero político – es más, esas oscilaciones son más bruscas y violentas que en el pasado. Ante este espectáculo, el ecléctico se agarra de donde puede. Una salida contrarrevolucionaria al impasse mortal del presente exige, antes que nada, la imposición de una derrota estratégica del proletariado. Eso no ha ocurrido. Esa derrota estratégica necesita de una guerra mundial. La lucha contra el capital, en el marco de la crisis histórico-sanitaria, es un campo de ensayo de esa lucha contra la guerra imperialista. El desafío político es superior al ataque que plantea “la criminalización de la protesta social”, que hay que combatir como parte de una lucha política de conjunto, porque esa criminalización es una característica inherente a la sociedad dividida en clases, y en especial a la democracia – porque el fascismo no judicializa la protesta, la pone ante el pelotón de fusilamiento. Los convocantes, que caracterizaron a las cuarentenas como la consagración de los “estados de excepción”, en la misma línea crítica del liberalismo, los Bolsonaro y los Trump, no tienen espacio en el documento para ligar la pandemia con el impasse mortal del capital. El documento no advierte que un período de desarrollos revolucionarios no abole la distinción entre luchas defensivas y luchas ofensivas, pero crea el puente para pasar de las primeras a las segundas.

La postergación de la conferencia les ha jugado una mala pasada a los convocantes: desde la primera convocatoria, en enero-marzo pasado, se produjo la rebelión popular en los Estados Unidos, la cual, “no sólo representa un descomunal golpe al gobierno de Trump, sino que también pone las barbas en remojo”, dice el texto renovado, “de todos los gobiernos latinoamericanos que de una u otra manera tributan al imperialismo yanqui”. Es lo que dice ahora la “Re-convocatoria a la Conferencia del FIT U”, publicada días atrás.

Al lector le costará ver las entrelíneas de este párrafo. Por un lado, corrige la ´derechización´ de la política latinoamericana, que advertía o pronosticaba en la edición anterior de la convocatoria y de los innumerables libelos contra “el grupo de Altamira”. Es significativo que no caracteriza el alcance de la derrota electoral y política de Macri, ni su fracaso explosivo. Por otro lado, mete en la misma bolsa a los Bolsonaro con los Fernández, sin advertir que los choques entre uno y otro son la expresión del derrumbe de la política de demagogia fascistizante que impulsó Trump a nivel mundial. “Reduccionismo al palo”. La victoria electoral de los Fernández es una reacción popular al trumpismo-macrismo – cuando los Fernández no pueden ser salida a ninguna crisis sino un recurso transitorio para dilatar su desenlace obrero y socialista. Mientras tanto, Chile retoma la saga de su revolución en el pico de la pandemia. La “bolsonarización” de la que hablaban los convocantes se ha hecho pedazos. La premisa de la convocatoria de hace dos meses ha caducado. Oscilaciones violentas de la crisis.

En el caso del aparato del PO, estos virajes de la derechización a la izquierdización, confirma los enormes aciertos de los textos y debates de las conferencias internacionales que promovió el PO, hasta 2018. En esos textos, nos encargábamos de poner de manifiesto los límites y contradicciones de los regímenes autoritarios o bonapartistas, que son muy superiores a las vulgaridades que diseminan los agoreros, ahora en retroceso, de la fascistización.

El centro de esas contradicciones se encuentra en el propio régimen político norteamericano, que la pandemia ha exacerbado en forma explosiva. Un escenario ligado al agotamiento de la restauración capitalista en China y Rusia, como terreno de una enorme acumulación capitalista en las tres últimas décadas. Bajo la forma de una rebelión contra el racismo y la brutalidad policial ha irrumpido el levantamiento popular en los Estados Unidos, el centro del capital mundial. A su turno, la derecha europea se encuentra en un reflujo, por supuesto temporal, pero que ocurre en medio de una pandemia que los convocantes señalaron propicia al llamado “proto-fascismo”. El texto común pasa el trapo a las contradicciones de la derecha, que por un lado no tiene ninguna salida a la crisis, y por el otro suscita el temor de la burguesía de que provoque, como efectivamente ocurre en Estados Unidos y Brasil, enormes rebeliones populares. El aparato ha convertido al PO en un cambalache político.

Clase obrera

En el haber del derrotismo político, el texto del FIT-U se anota otro valor fundamental: el “nuevo escenario mundial” está lleno de sacudones, sí…pero no en la clase obrera. El documento le asigna a la rebelión contra las jubilaciones en Francia un carácter excepcional, puesto que “allí sí la clase trabajadora mostró más claramente su potencial de lucha estratégico”. En cambio, se lamenta, en otros países el movimiento tiene sus “debilidades y límites” ya que “la clase obrera aparece de arranque interviniendo cada vez con más fuerza, pero por el rol nefasto de las direcciones burocráticas no lo hace de forma organizada como actor central, sino como parte del movimiento popular”.

Los redactores de este dislate probablemente no volvieron a leer lo que escribieron. La “limitación” de las acciones obreras residirían en que no se desarrollan por medio de las organizaciones establecidas – que en realidad las bloquean. A los autores no se les ha ocurrido preguntarse qué política permitiría a la clase obrera, en el marco de las rebeliones populares en que interviene, convertirse en dirección política. Es lo que esta conferencia latinoamericana ni siquiera aborda. No es casual que el texto ignore olímpicamente la reivindicación de la Asamblea Constituyente, y la política electoral y parlamentaria. Lo único que no hace el FIT-U es propaganda revolucionaria en los medios y agitación socialista en el parlamento. ¡No van a discutir métodos y políticas en el parlamento, luego de haber contribuido con el quórum y el voto a proyectos capitalistas, sin hablar de la crisis gigantesca desatada por su voto al delito de opinión y al sionismo! La cuestión parlamentaria es crucial, porque juega un papel fundamental en Brasil, donde el Psol ha convertido su acción en el Congreso en una plataforma de Frente Popular. Si la crisis del PT se ahonda y deriva en su desintegración, la dirección proburguesa del Psol, donde milita parte del FIT-U, será un eje de la contención contrarrevolucionaria de los explotados. El texto sólo menciona a la Constituyente a la hora de “relatar” a la revolución chilena, a la que caracteriza como “sorprendente (sic) levantamiento popular”. Naturalmente, la mención a la Constituyente es obligada porque se trata de la consigna de las masas trasandinas. La ´cola´ moviendo al perro, porque es más audaz y combativa.

Autoproclamación

No sorprende, al final de este recorrido, que el texto derive en la exclusiva proclamación del Frente de Izquierda como “alternativa” que los autores “ofrecen” al conjunto de las masas latinoamericanas. El FIT-U sería, además, un caso de “excepción”. La “independencia de clase” que se reivindica para el FIT-U sería, según los convocantes, un caso único. ¿Pero existe la organización sin programa ni estrategia, que confiesa al mismo tiempo que tiene “el desafío” de superar nada menos que esta limitación? Una reunión de izquierdistas no alcanza para conformar una independencia de clase. El quórum a Capitanich y el parlamentarismo sin principios no es independencia de clase. Al menos en el caso del PO oficial, esa política no involucra a todo el partido; el asunto del sionismo lo expuso con claridad.

En nuestros textos iniciales sobre el FIT fuimos muy claros: era un experiencia necesaria y obligada, todavía de características oportunistas (ver Prensa Obrera, Altamira, marzo 2011; ver resolución sobre el Frente de Izquierda, del comité nacional, redactada por Altamira y aprobada en el Congreso del PO de 2016). El carácter oportunista del FIT se ha acentuado.

En la Convocatoria presente, los convocantes no se esfuerzan por discutir, a partir de sus propias posiciones, una caracterización de la situación histórica mundial, o sea la época, la etapa y las tareas. Ofrecer a las masas un programa, no un aparato izquierdista. El propósito de la conferencia es debatir “cómo luchar por la independencia política de los trabajadores y postular a la izquierda socialista”. Frase imborrable, de cuño netamente electoral. Los convocantes “preconizan” la “independencia política”, pero no trazan un camino para separar a la clase obrera de las clases explotadoras, o sea una agenda y un programa de reivindicaciones sociales y políticas. Un debate con vistas a construir la dirección revolucionaria de la clase obrera. Ni siquiera le ha dado centralidad a la lucha por gobiernos de trabajadores y por la Unidad socialista de América Latina. El planteo de “postular a la izquierda socialista” es la extensión electoral -continental- de un frente electoral – en Argentina. No es una política para “unir a la izquierda revolucionaria con el movimiento obrero”.

Ni uno ni el otro

El texto recorre el espinel de las experiencias nacionalistas continentales, con una conclusión que podría resumirse del siguiente modo: repudiamos los golpes o intentos golpistas del imperialismo, “lo cual no implica abandonar” nuestra crítica a los Maduro o Evo. No es lo que hicieron en Bolivia en el último golpe. El texto subraya la “total oposición al golpe y gobierno golpista en Bolivia”, después de los acontecimientos; durante su transcurso unos hablaban de “asonadas policiales”, el otro atacaba al MAS. Una semana antes del golpe, el PO caracterizaba a la escalada golpista como “un apriete de Trump para distanciar a Evo de Maduro” (Rafael Santos). El PTS, por su parte, lo caracterizaba como una “asonada”. En la crítica a Evo Morales, los convocantes resaltan su carácter “personalista y discrecional”. En un reciente texto del PO oficial, que concentra los dardos en el diálogo entre Alberto Fernández y Lula, se señala que “el derrumbe de las ´corrientes nacionales y populares´ que vienen a ´contener´, y la creciente iniciativa popular de carácter internacional, son un mandato para proceder a un agrupamiento de frente único por una intervención política independiente de los trabajadores” (Eduardo Salas, 11/7). Es un saludo al golpe en Bolivia y en Brasil. Su resultado son Áñez y Bolsonaro. El articulista se olvidó que votó por Haddad en el segundo turno de las elecciones brasileñas, por iniciativa de Altamira. El Psol, ya fue señalado, donde se encuentra parte del FIT-U y donde pretende (o pretendía) ingresar el PTS, trabaja por un Frente Amplio con “los nacionales y populares”. Pura sanata y pura verborragia, para abastecer una mesa redonda. La conferencia latinoamericana que realizó el PO en noviembre de 2018 culminó aprobando un llamamiento titulado: “Por un frente único de los trabajadores de Latinoamérica para derrotar al fascismo y a los gobiernos responsables del ajuste y la entrega”. La conferencia del FIT-U llama al Frente unido de los mismos convocantes. En la lucha, abramos un debate sobre la época, la etapa y las tareas.

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