Acerca de la entrevista del Financial Times a Alberto Fernández

Escribe Mercedes Colou

Tiempo de lectura: 3 minutos

Encontramos, en una reciente entrevista dada por Alberto Fernández a Financial Times, una serie de definiciones que ponen de relieve cuestiones políticas claves como la caracterización del moderno capitalismo y el agotamiento ideológico de la fuerza política gobernante y, de paso, de la burguesía argentina.

Capitalismo productivo vs capitalismo financiero

Es un clásico de la pseudociencia burguesa la oposición entre un capitalismo industrial y un capitalismo financiero como si se podría separar ingestión de alimentos de su digestión. En las facultades de Ciencias Económicas se enseña como una verdad que la producción de bienes y su intercambio siempre existieron y que el dinero es exógeno a la producción. De esta argumentación se deriva la “tesis” de un capitalismo industrial opuesto a un capitalismo financiero desconociendo que el capital es una relación social de producción en mutación permanente regida por sus propias leyes (capital dinero, capital industrial, capital mercancías). El capital tiene un ciclo que arranca bajo la forma dinero y termina con más dinero (D-D´).

AF se declara admirador del capitalismo de Henry Ford porque “Ese capitalismo mostró más solidaridad, porque era un capitalismo que proporcionaba empleo, que producía y que generaba inversión; ese es el capitalismo que necesitábamos, no el capitalismo especulativo” (P/12, 25/07/20). Llama la atención que el Presidente oponga el “capitalismo especulativo” al “capitalismo productivo” en el mismo momento que cede a todos los reclamos de los acreedores en torno a la renegociación la deuda externa con legislación extranjera. Los únicos beneficiarios de esta renegociación son, precisamente, los especuladores, quiénes comandan el “capitalismo especulativo”. También debemos mencionar que el Presidente “productivista” continua con las Leliqs que son un instrumento para esterilizar la gigantesca emisión monetaria que es consecuencia de la política de rescate al capital. La contrapartida de esta política de esterilización es mayor déficit fiscal y altísimas tasas de interés que desangran al BCRA y engordan los bolsillos de los especuladores que obtienen jugosas ganancias financieras con mínimo riesgo. Digamos, aunque sea de paso, que tasas de interés altas no son saludables para la inversión productiva. A lo luz de lo señalado es claro que la pose de un Presidente “industrialista” es solamente eso, una pose.

Capitalismo solidario

Un aspecto interesante de la entrevista que dio el Presidente es su caracterización acerca del “capitalismo productivo”. A este capitalismo se le asigna una connotación moral positiva en oposición al “capitalismo especulativo” que tiene, según el Presidente, una connotación moral negativa. Sin embargo, lo interesante es la caracterización del “capitalismo productivo” como un capitalismo solidario. A esta caracterización adhiere con todas sus fuerzas el banquero estrella del Credicop, Carlos Heller, quién asume como propia esa vulgaridad de un capitalismo solidario. El Presidente caracteriza al fordismo como un capitalismo solidario porque los trabajadores tienen poder de compra y pueden acceder a lo que ellos mismo producen. Esta caracterización es pura ideología burguesa porque el poder de compra de la fuerza de trabajo no lo determina ningún modelo económico o formas de gestión capitalistas sino la organización y la lucha de la clase trabajadora por poner límites a la explotación capitalista. El capitalismo por naturaleza es un régimen social de expropiación y violencia. El obrero, bajo el taylorismo, fordismo o toyotismo, es expropiado en el proceso de producción y esta situación nada tiene que ver con la solidaridad. Los obreros de Ford para poder acceder a los automóviles que ellos producían emprendieron, antes que nada, gigantescas luchas contra la patronal y contra la represión estatal, para poder elevar sus salarios.

La “iniciativa estratégica” del peronismo

Lo más sustancioso de la entrevista, según mi punto de vista, es el sinceramiento del Presidente respecto al fracaso histórico de todos los gobiernos que lo antecedieron para sacar al país de la crisis histórica en la cual está atrapada desde hace 50 años. Al respecto afirmó que Argentina “ha sido una perenne decepción económica durante medio siglo” (Cronista.com, 25/07/20). Esta definición es una sentencia lapidaria de todos los gobiernos burgueses que han gobernado desde 1970 al presente.

A paso seguido, el Presidente, nos dice que tiene la fórmula para sacar a la Argentina del pozo y se trata de un refrito: keynesianismo. De ahí, sus elogios al “capitalismo productivista” porque este sostiene la inversión, la producción y el consumo. El problema del keynesianismo en la actualidad consiste en que el Estado ya no tiene condiciones económicas y políticas para reactivar el ciclo de acumulación de capital. El Estado que debería ser rescatista del capital necesita él mismo ser rescatado porque el agujero fiscal no para de crecer. Este agujero es consecuencia de la política fiscal y monetaria expansivas que desde la crisis de 2008 tienen por objeto rescatar al capital.

El círculo virtuoso keynesiano de más inversión, producción, productividad y consumo fue posible hacia el final del período de entre guerras 1935-1945 y en los 20 años posteriores al fin de la segunda guerra mundial. O sea, para que el keynesianismo funcione debió mediar la carrera armamentista que condujo a la segunda guerra mundial y la destrucción posterior de gigantescas fuerzas productivas.

En síntesis: la burguesía argentina se mueve, en el cuadro de la mayor crisis capitalista de la historia, por mera reacción. No tiene otra iniciativa estratégica que un “un modelo de desarrollo” en asociación con el capital financiero internacional.

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