Fondo Nacional de las Artes: un concurso… “de terror”

Escribe Eugenia Cabral

Tiempo de lectura: 4 minutos

A la directora del área de letras del Fondo Nacional de las Artes, la escritora Mariana Enríquez, en medio de la cuarentena por la COVID-19 le surgió una idea genial: convocar al concurso anual introduciendo la novedad de un requisito de subgéneros -fantástico, ciencia ficción y terror-, obligatorio para los cinco géneros literarios (novela, libro de cuentos, ensayo, libro de poesía y novela gráfica).

La anécdota que roza el humor negro es que… ninguno de esos subgéneros existe en la poesía. Los poetas deberían realizar, en el brevísimo lapso restante hasta 3 de septiembre, la proeza artística de inventar las premisas lingüísticas, estructurales, etcétera, que implica la creación de un nuevo subgénero poético, a fin de inscribirse en dicho concurso. Una bicoca… si no existieran varios “inconvenientes prácticos” al respecto.

Inconveniente Práctico 1: como nunca antes hubo temática o subgénero determinado para concursar en el FNA, solo cuatro categorías, o géneros, ahora estos deberán competir entre sí; por tanto, aquí viene el Inconveniente Práctico 2: competir poetas contra novelistas, o ensayistas contra cuentistas, no parece muy adecuado, en competición deportiva equivale a fútbol contra ciclismo; para completar, sumemos el Inconveniente Práctico 3: los poetas no tienen representación en el jurado, lo cual traducido a deportes sería que los nadadores serán juzgados por lanzadores de bala.

Pese al gesto federalista de haber destinado premios a las cinco regiones argentinas, más los tres premios especiales que se otorgarán, ante el rechazo que desató la normativa concursal la Señorita Enríquez opinó que “Es de una gran rigidez mental”… bueno, si considera que su objetivo es inobjetable, al menos habrá que recordarle de dónde proviene la autoridad de los artistas y escritores para opinar en esta cuestión.

Los fondos del Fondo Nacional de las Artes

Habitualmente, se define al FNA como “el banco de los artistas” pues, si bien es un organismo del área del Ministerio de Cultura desde que fue creado en 1958, se trata de un ente autárquico cuyos fondos están constituidos en su mayor parte por el aporte del “Dominio Público Pagante” u oneroso. Este gravamen procede de la reproducción de obras cuyos autores lleven ya 70 años de fallecidos, cuando su derecho de autor privado ha caducado y la obra ha pasado al dominio público. El DPP se recauda por medio de los organismos de gestión colectiva o directamente por el FNA, según cada caso, con un valor que oscila del 0,3 al 3% del valor comercial de las obras. Salvo en casos excepcionales, el FNA no recibe aportes del Tesoro de la Nación y la Secretaría de Cultura realiza un aporte minoritario en relación al total de los fondos que percibe el FNA, junto con otros obtenidos por tasas y multas de Ley de Propiedad Intelectual Nº 11.723 e intereses de préstamos, aportes extraordinarios y títulos.

La masa de dinero aportado por el DPP ha llegado a constituir en épocas de vacas artísticas gordas hasta el 70% de los fondos del FNA. Incluso en épocas de hambruna aportó “en 2016, el 50,82% de la recaudación total del FNA, es decir, $ 71,5 millones de pesos” (La Nación, 27/6). La alícuota es mínima, pero se aplica sobre una inmensa cantidad de obras que se reproducen por diferentes sistemas constantemente. Con esta recaudación, el FNA otorga anualmente becas, premios, subsidios y préstamos (a bajo costo) para artistas y escritores. Vale decir que “los artistas del ayer financian a los artistas del presente”.

Aunque debamos suponer que la inactividad impuesta por la cuarentena haya hecho disminuir drásticamente la recaudación del DPP, la sumatoria del dinero erogado en 2020 por otorgamiento de unas 350 becas “Sostener Cultura”, más lo que se destinaría al pago del concurso de Letras, rondaría apenas los ocho millones de pesos. Ahora el fna anuncia, para la beca “Sostener Cultura II” la asignación de 450.000.000, pero en el link de Transparencia Activa de su página web no figura el Presupuesto 2020 y los préstamos y subsidios están suspendidos.

¿Quién maneja el control remoto?

El Directorio del FNA está conformado por un presidente (ad honorem) y 14 vocales, de los cuales dos representan a organismos estatales y los otros 12 son artistas y escritores. El problema es que la designación de los miembros proviene del Poder Ejecutivo Nacional.

¿Podría el FNA llevar adelante una gestión independiente, preocupada únicamente por el bienestar de los artistas y escritores y del público al que van dirigidas las obras, si su designación procede del Poder Ejecutivo y, por tanto, está sujeta a los intereses políticos y económicos del gobierno de turno? Dicho de otra forma: ¿puede zafar un director o directora del FNA del plan de ajuste para la población trabajadora, que imponen los empresarios y financistas argentinos y mundiales?

Ahora son los subgéneros, mañana será otra ocurrencia, nunca se sabe. Lo que tenemos por seguro es que si “los artistas del presente” no reclamamos métodos de control de gestión sobre el destino de la herencia de “los artistas de ayer”, todo es posible en la dimensión desconocida. Los vocales del Fondo Nacional de las Artes deberían acceder al cargo por vía electiva, según su disciplina y por regiones, cuyo antecedente similar sería el Consejo de Dirección del Instituto Nacional del Teatro, no por designación política vertical. Busquemos la manera de asegurarnos que la gestión del Fondo Nacional de las Artes sea cada vez más democrática, transparente y responda a las necesidades profesionales de los artistas y escritores, no a las ganancias de ninguna “industria cultural”.

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