Tres horas en Comodoro Py

Escribe Jorge Altamira

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El lunes pasado Cristina Fernández volvió a protagonizar la hazaña de hablar tres horas seguidas - claro que sentada. La performance anterior ocurrió en la apertura de las sesiones legislativas de 2014, muy recordada también porque el blanco de sus ataques fueron los docentes. La refutación de las acusaciones de corrupción en su contra, por parte de la justicia federal, que incluye el extremo de ‘jefa de una asociación ilícita’, abarcó distintos aspectos, pero se resumió en el argumento de que una Presidenta no puede estar al tanto de lo que hacen todos sus funcionarios, una vez que los presupuestos fueron aprobados por el Congreso y su ejecución pasó a ser supervisada por los jefes de Gabinete. En efecto, la Justicia tiene la obligación de probar la intervención personal del Ejecutivo en hechos ilícitos, no solamente establecer una conexión de responsabilidades. Es lo que deberá hacer el tribunal del juicio oral y público sobre la base del expediente acumulado.

Que las hubo, las hubo

La proeza oratoria de la ex presidenta y próxima vice presidenta tiene, sin embargo, más agujeros que ropa apolillada. Las acusaciones en su contra no comenzaron cuando ella se fue del gobierno, como sostuvo, sino casi desde el mismo momento en que asumió Néstor Kirchner, que ya había ocupado un largo periodo como gobernador. Compra a precio vil de terrenos en Calafate, que enseguida se convirtió en suceso inmobiliario; negociados en la pesca – incluso el fiel seguidor José Pablo Feinmann cuenta con alborozo, en su libro sobre el mandatario fallecido, como cooptaba punteros y políticos por medio de coimas.

Hasta el final de su mandato, las denuncias por corrupción florecieron sin tregua, por parte del elenco de denunciadores Carrió, Stolbitzer, Lanata. Aunque no se haya probado su participación en el ‘affaire’ Ciccone, o en sus beneficios; en las tercerizadas de Pedraza en el sistema ferroviario, o en los negociados de los concesionarios y la complicidad de ellos en el asesinato de nuestro compañero Mariano Ferreyra, ni en el papel de Luna y Schiavi, de la secretaría de Transporte del ministerio de De Vido en estos negociados, todo esto era harto conocido, como el caso Skanska y los vaivenes del gasoducto prometido desde el norte al litoral.

Lázaro Báez concentró obra pública en Santa Cruz extorsionando a empresas que existían con anterioridad y los Eskenazi no sólo se quedaron con el privatizado banco de la provincia, sino, gracias a una apretada del oficialismo de entonces, con una parte del capital de Repsol sin poner un mango. El fideicomiso ‘off-shore’ entre YPF y Chevron que pactó el gobierno de CFK ha seguido oculto por Laura Alonso, la furiosa anti-K de la banda de Macri. Si se trata de la participación personal de cada presidente en los delitos de su administración, Carlos Menem, por caso, no sólo podría clamar por la absolución de la historia, sino de carmelita descalza.

Políticamente, al menos, Cristina Fernández estaba sobre autos de todo esto, más allá de lo que debían supervisar o no, según dijo, sus jefes de gabinete. Las denuncias de corrupción contra ella jugaron un papel central en las elecciones de 2013, que permitieron lanzar a Sergio Massa al centro del escenario y a CFK perder la posibilidad de otra re-elección. Nadie la vio aquella noche en Ezeiza, pero está probado que Antonini Wilson portaba una valija con 800 mil dólares, confirmado por el jefe de la policía aeroportuaria, el kirchnerista de paladar negro, Sain. La deuda contraída con Venezuela, a una tasa de interés de dos dígitos, fue luego en-te-ra-men-te vendida por Chávez en Wall Street, y sumó mucho a la abultada deuda externa de Argentina, que el gobierno de CFK pagó con dinero de Anses y el Banco Central, o sea con impuestos corrientes e inflación. Por todo esto, incluso si no se le prueba ningún delito, es improbable que la historia la absuelva de sus responsabilidades.

Campaña golpista

Con este prontuario a cuestas, es cierto que la campaña de judicialización del kirchnerismo por parte del macrismo, respondió al objetivo político de consolidar un gobierno anti-obrero y pro-imperialista, que carga en sus espaldas con tantos o más delitos económicos, en especial los que no se hacen plata en mano sino disimulados en operaciones electrónicas. La denuncia del objetivo político reaccionario del macrismo subordina los delitos que se puedan probar al kirchnerismo. Abstraer a la corrupción de la política es común en almas piadosas o en sectas; en nombre de la corrupción fueron volteadas por medio de golpes de estado Dilma Roussef y Perón, y provocado el suicidio del brasileño Getuilio Vargas. Los servicios de inteligencia y en especial el norteamericano tienen el monopolio del conocimiento de estos casos, y los manejan en función de los intereses de momento del capital y del imperialismo.

Lo singular del enjuiciamiento a CFK es que ella se ha convertido en vice-presidenta, y su procesamiento es manejado en clave golpista potencial. Esto permite entender el abroquelamiento en el Congreso de bancadas oficialistas mayoritarias, capaces de blindar a la damnificada contra un juicio político. La probabilidad de que esto ocurra es por el momento menor, porque F-F es la única carta que tiene hoy la burguesía para evitar el colapso del régimen político. Pero la campaña de los medios de comunicación como Clarín y La Nación, es testimonio de que el golpismo está en la carpeta y en la agenda, lo cual dependerá de otros factores, como la salida de la crisis o la lucha que den los trabajadores. En cualquier caso, una condena en el juicio oral y público en desarrollo, sobre negociados en Vialidad, acentuará la crisis del régimen político y será un fuerte elemento desestabilizador.

Ni encubrimos la corrupción, ni avalamos el golpismo al que apuntan los juicios por corrupción – por el contrario, advertimos contra él. Esta posición aparenta ser contradictoria, pero no es una contradicción de nuestra parte sino una contradicción inscripta en el régimen político vigente, el régimen de la clase explotadora. A esa disputa interna del capital, oponemos la convocatoria de una Asamblea Constituyente Soberana, la lucha por un gobierno de trabajadores y la unión socialista de América Latina.

La historia me absolverá

El intento de CFK de establecer una analogía entre ella y su política con Fidel Castro y la suya, está totalmente fuera de lugar. Fidel Castro no negó su delito ante los jueces, como lo hace ella, lo admitió. En efecto, fue el responsable del asalto al cuartel de Moncada y de las muertes que sobrevinieron al enfrentamiento con las fuerzas armadas. Pero lo justificó con un compromiso – llevar a la victoria una lucha revolucionaria, en cuyo caso y solamente en ese caso, “la historia me absolverá” -sentenció. CFK dijo lo contrario – que ya fue absuelta, sin precisar de qué delitos, porque niega todos los que le imputan. La gran reivindicación de sí misma por parte de CFK, contrasta enormemente con la de FC -dice haber desendeudado al país, o sea pagado el tributo colonial de la deuda externa al capital internacional. Fidel Castro declaró la independencia nacional de Cuba y el fin de todos los tributos. Punto.

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