"La izquierda tiene que estar": una consigna electoral contra el Partido Obrero de Santa Fe

Escriben Germán Lavini y Juan Cruz Mondino

Una respuesta al aparato oficialista de Rosario.

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La camarilla usurpadora del PO se ha convertido en una escuela decadente de falsificadores. Un reciente texto, publicado en Prensa Obrera con la firma de Nicolás Rapanelli, busca echar tierra sobre el alevoso atropello consumado contra el comité del PO de Santa Fe en 2019, cuando la consigna “tenemos que estar” fue el ariete para intervenir la regional y conducir la campaña electoral a una deriva autoproclamatoria. Más precisamente: estuvo dirigida contra la mayoría del partido de Santa Fe que se opuso a los planteos del aparato en el último Congreso.

El texto de Rapanelli es un intento tardío de validar lo actuado por la camarilla del PO (O) en la malograda campaña del año pasado, un fracaso patrocinado por el dueto Solano-Pitrola, cuando caracterizaron que "la clase obrera no daba", como si esto fuera razón para una política de acomodo parlamentario, y no un motivo adicional poderoso por despertar la conciencia socialista.

La negativa a desarrollar en forma consecuente la tendencia de la clase obrera y de los explotados por sacarse de encima al gobierno de Macri, dejó el terreno indisputado al peronismo y al centroizquierdismo santafesino que hoy apoya al gobierno de los Fernández. El FIT y el PO “oficial”, lejos de ofrecer a la bronca popular una perspectiva socialista, subordinaron todo su accionar a la búsqueda de algún escaño parlamentario, que terminó en un rotundo fracaso. Bajo esa premisa, prohijaron aquel slogan autoproclamatorio en Santa Fe: "somos la izquierda, tenemos que estar”. El término ‘izquierda’, en esta fórmula, tampoco es ocioso, porque no quiere decir absolutamente nada

Para apuntalar esa deriva, se valieron de la tardía convocatoria a una Conferencia Electoral Nacional a las apuradas y ningún margen para el debate, y cuando sólo faltaba un mes para el Congreso. Es bueno recordar que esa Conferencia fue una escenificación escandalosa, donde no se privaron de provocaciones patoteriles y arengas de barrabrava de los delegados oficialistas, contra las intervenciones de quienes desarrollaban planteos disidentes a la orientación liquidacionista del CC.

Rapanelli señala que los delegados de Santa Fe que criticamos la posición oficial estábamos en el “boicot a la campaña”. ¿Puede haber mayor confesión de un accionar burocrático que el de adjudicar al debate un carácter boicotista? Esa caracterización fue armada para justificar el boicot real, en materiales y recursos contra las regionales ‘disidentes’, para buscar un puesto municipal en Rosario para el aparato. Ese fue el significado de la consigna “tiene que estar”.

Los compañeros de Santa Fe fundamentamos por escrito nuestra posición sobre las consignas de la campaña. Pero en la propia conferencia Ramal presentó un extenso documento.

En la parte referida a Santa Fe, señalaba: “Sustituir las consignas de estrategia y programa por una campaña de slogans vacíos de contenido, constituye una adaptación al régimen político. ´Dar vuelta todo´ y ´hacer otra historia´, como postula el PTS, significa eso mismo. Lo mismo vale para el slogan ´La izquierda tiene que estar´, ¿o hay alguna forma menos clara de presentarnos como el ala izquierda del régimen político? La campaña electoral no debe estar dirigida, principalmente, a la renovación o ampliación de nuestros lugares parlamentarios, sino al desarrollo de una política revolucionaria, a la que esos cargos deben servir”. Señalaba luego: “El hecho de que en Santa Fe no pasamos las PASO en distritos importantes de la última elección, ¿nos desautoriza para hacer un planteo político osado, en concordancia con la profundidad de la crisis? La revolución es un despertar histórico de las masas, y nosotros tenemos que trabajar para ese despertar desde cualquier posición numérica de fuerzas, a partir de las condiciones concretas de la crisis. ¿De qué otro modo podríamos avanzar? Llamamos a atender los planteos de los compañeros de Santa Fe, que son el producto de una elaboración y debate colectivos.”

En la misma conferencia, Altamira presentó un proyecto de manifiesto llamando a votar al FIT en todo el país, que atendía a las elecciones distritales en curso: “Llamamos a votar al FIT con la conciencia clara de que el proceso electoral se desarrolla en medio de una crisis apremiante, que se agrava a cada momento como consecuencia de la continuidad del gobierno macrista y de sus secuaces provinciales, los gobernadores de todos los signos. No vamos a las elecciones a espaldas de este derrumbe sino de frente a él, advirtiendo que puede hacer colapsar el proceso electoral y plantear de nuevo, como en el pasado, salidas de ‘emergencia’. Por eso planteamos en nuestra campaña Fuera Macri y el FMI ya, Constituyente Soberana que ponga fin a la deuda usuraria y que reemplace el podrido sistema político actual por un gobierno de trabajadores”.

El aparato respondió que no podíamos llamar a votar el FIT “habiendo negociaciones en curso por candidaturas”, es decir que se reservaba romper el FIT si las candidaturas no salían a satisfacción del aparato. Como ya ocurriera en la Conferencia de emergencia de junio de 2017, Altamira intervino para evitar la ruptura del FIT. ¿Dónde están los boicoteadores?

A los planteos políticos de Altamira y Ramal en la Conferencia, el aparato respondió con insultos y agresiones. A la oposición de los delegados de Santa Fe, se les respondió con el envío de un interventor. El CC se confesó impotente de desenvolver un debate. Pocos meses después, vendría la expulsión de 1.200 militantes de nuestra organización, que dimos origen a la Tendencia del Partido Obrero.

Entre esa Conferencia y la expulsión masiva de militantes, urgida por el aparato para apoderarse y malversar el legado histórico de nuestro Partido, sucedieron todas las vulneraciones y atropellos contra la democracia interna: censura, espionaje, intervención de regionales, maniobras para manipular y digitar elección de delegados al congreso, proscripción de compañeros para que no defiendan sus posiciones en los plenarios, envío de voceros de las posiciones oficiales a esos plenarios para intentar torcer las votaciones disidentes. (En Santa Santa Fe Capital y el cordón industrial, fueron derrotados todos los enviados del CC). El arribo de un miembro del CC, Guido Lapa, a la ciudad de Santa Fe distó de contribuir políticamente a campaña alguna, y sólo le generó gastos siderales al aparato.

Ruptura de la unidad de acción

Hay que decir, sin embargo, que luego de aquella conferencia electoral, la militancia de Santa Fe se allanó a lo votado por la Conferencia electoral nacional, y respetó la unidad de acción aun cuando no compartía los ejes resueltos. Quien NO cumplió con el deber elemental de apoyar una campaña resuelta por el partido e incluso por el FIT-U fue el aparato partidario. Rapanelli alude en su texto a una campaña en “paralelo” en el cordón industrial. No: los que debieron gestionarse "en paralelo" los recursos fueron los militantes, para poner en pie una campaña en el cordón, ya que el aparato, como parte de su boicot a los planteos disidentes, resolvió ahogar financieramente la campaña electoral y torpedear la retención de la bancada obrera en Capitán Bermúdez. LA CAMPAÑA ELECTORAL DEL APARATO DEL PO, EN 2019, FUE CONTRA EL PARTIDO OBRERO, NI SIQUIERA POR UNA BANCA. LO DEMUESTRA EL SABOTAJE CONTRA LA CAMPAÑA ELECTORAL EN EL CORDÓN INDUSTRIAL, DONDE TENÍAMOS LA POSIBILIDAD DE RENOVAR CONCEJAL.

Los compañeros del cordón debieron realizar colectas y reunir fondos por su cuenta para bancar la campaña, para suplir ese ahogo financiero. Como en otros aspectos de esta crisis, la dirección actuó como una facción, rompiendo la unidad de acción partidaria. El único pasaje del texto de Rapanelli, donde no hay una falsificación es cuando afirma que en Capitán Bermúdez se hizo la mejor elección de toda la izquierda en 2019. En ningún lugar del país se alcanzaron porcentajes ni cercanos a los obtenidos por el Partido Obrero del Cordón. Los compañeros y la periferia partidaria de la zona han hecho su balance de toda esta crisis: ni un solo obrero ligado al PO en toda la zona ha osado tomar contacto con el aparato oficialista, confinado ahora al radio céntrico de Rosario.

Vamos por la legalidad

El texto de Rapanelli, entre sus pullas e insultos, tiene otro propósito: es un ataque vulgar a la campaña por la legalidad de la Tendencia, en Santa Fe y en todo el país. El argumento es que “nos vamos a pasar 12 meses juntando fichas”; es posible que el aparato, que ha perdido la legalidad, no las consiga ni con doce meses más.

Vamos a luchar por un registro electoral como consecuencia de la conculcación al DERECHO DE TENDENCIA, es decir, nuestro derecho a actuar políticamente en todos los planos -actividades, listas electorales- como parte del Partido Obrero. El aparato tiene una “técnica”: censurar, expulsar y luego declararse víctima de sus propios actos. Cuando el Partido Obrero de Santa Fe reconquiste su legalidad de la mano de la militancia de la Tendencia, ¿Rapanelli saldrá a denunciarlo como un “boicot” a sí mismo y a su círculo estrecho? Mal que le pese a los censores, la campaña por la legalidad progresa en Santa Fe y en las demás provincias. A pesar de ellos, también, los meses de juntada de fichas serán una vibrante campaña de reagrupamiento y definiciones políticas en torno de una periferia obrera y juvenil.

El aparato pretende encontrar en nosotros una contradicción – “los antielectorales cuando les conviene son electoralistas”.

No han entendido ni han querido entender nada. Volvemos a citar el texto de Ramal en aquella conferencia electoral: “La posición que defiendo, ¿es ´antielectoral´ y bloquea campañas electorales? Presentarlo de esta manera es un intento de escamotear el debate sobre el carácter de la campaña electoral. Para el Partido Obrero, las elecciones pueden ser un fantástico terreno de agitación y propaganda si se concentra en una intensa campaña política por una salida obrera a la crisis”.

Con esa misma convicción, vamos ahora a recoger la voluntad de los trabajadores de toda la provincia para legalizar a la Tendencia. Esa lucha es parte de la batalla por la disputa sobre la fisionomía de la izquierda, frente la confusión que alienta la deriva democratizante de una izquierda que se integra al Estado.

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