Huelga en Ingenio Ledesma: una lucha contra la patronal para frenar los contagios

Escribe Julio Quintana

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La comisión directiva del Soeail -el sindicato azucarero de Ledesma- decretó una huelga de 24 horas para el pasado martes 4 de agosto, en una jornada de luto por los siete obreros fallecidos por COVID-19 en el complejo agroindustrial – cuatro del ingenio, dos de la papelera y uno de la citrícola. Mientras se cumplía la medida de fuerza, fallecieron otros dos obreros más por la misma causa. Son más de 222 los obreros de Ledesma contagiados y un centenar de compañeros se encuentran en cuarentena.

El Soeail viene reclamando, infructuosamente, desde el inicio de la zafra, el licenciamiento pago de los obreros mayores de 60 años y de todos aquellos que sean “población de riesgo" por enfermedades preexistentes; la reducción de los ritmos de producción para garantizar el distanciamiento en todas las áreas de trabajo y la conformación de una comisión obrero-patronal para verificar la aplicación de los protocolos de bioseguridad. Ledesma ha ninguneado cada uno de estos reclamos.

Cuando se produjeron los primeros contagios entre el personal jerárquico de la papelera, tanto el Soeail como el sindicato de trabajadores rurales (citrícolas) solicitaron formalmente la paralización de toda la actividad, sin ser escuchados. Posteriormente, ante el reguero de casos, el Soeail llamó a una huelga de siete días desde el 15 de julio. El ministerio de Trabajo declaró una conciliación inaceptable. La patronal aprovechó para seguir violando los protocolos establecidos, con la consecuencia de una expansión mayor del virus. Después de decretada la conciliación, el Soeail denunció penalmente a la patronal y recién varios días después convocó a este paro por “luto”. A éste, la patronal respondió anunciando su propio “homenaje” a los fallecidos en cada uno de los turnos de trabajo, mientras mandaba a los supervisores a amenazar uno por uno a los trabajadores con descuentos y otras represalias.

Aunque la huelga fue minoritaria, reflejó la bronca creciente en las bases contra la directiva, que no se juega a paralizar la producción. Sectores del cuerpo de delegados y hasta el responsable de la obra social del sindicato, el Ospail, se pronunciaron en esta línea, mientras el secretario general, Rafael Vargas, se limitaba a promover una reducción de los ritmos de producción.

Los índices de mortandad por COVID-19, en el complejo Ledesma duplican la media provincial. A la falta de atención a tiempo, por el colapso hospitalario -que precipitó varias de las muertes obreras-, se suma la negativa patronal a licenciar a los “factores de riesgo". Una importante parte de ellos sufre diversas enfermedades respiratorias producidas por la inhalación constante de bagazo -el residuo de la molienda de la caña de azúcar-, como la bagazosis. La degradación de las condiciones de vida que históricamente planteó la explotación obrera por parte del pulpo de Ledesma, ahora se agudiza con el COVID-19 haciéndose cada vez más insoportable.

Ledesma es el responsable principal junto con el gobierno de Morales, del actual brote descontrolado en el departamento y del consumado colapso hospitalario. El gobierno provincial finge ponerle tope a esta patronal con un acuerdo de paralización de un trapiche menor y algunos frentes de cosecha, lo que disminuye la movilización de fuerza de trabajo en menos de un 10%.

A la escalada de contagios se le suma la sobrecarga laboral fenomenal a la que Ledesma somete a sus obreros en actividad para cubrir a los licenciados y también se suma el estancamiento de las paritarias. Es necesaria a una asamblea general, para discutir la grave situación y garantizar que se frene la producción en el Ingenio, y coordinar con los obreros y obreras de las citrícolas y la papelera, como también de todos los lotes del campo.

Por la aplicación y cumplimiento de un protocolo determinado y controlado por los obreros, por el salario y por el control obrero de los ritmos de producción.

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