La policía de Córdoba acribilló por la espalda a un adolescente

Escriben Alessandro Caruso y Eduardo José (UJS Tendencia Córdoba)

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Por estas horas resuena en la sociedad cordobesa el nombre de Valentino Blas Correa, de 17 años, asesinado por la espalda a manos de la policía.

Valentino volvía en un auto con sus amigos después de haber ido a cenar. Uno de los chicos, el conductor, no se detuvo en uno de los controles policiales de la zona. Ante la infracción, dos efectivos desenfundaron sus armas reglamentarias y efectuaron cuatro disparos destinados a matar. No dispararon a los neumáticos, no fueron disparos de advertencia ni un acto de defensa: fue una acción premeditada, tirar contra personas desarmadas. Valentino murió en el acto.

Este hecho no hace más que volver a demostrar la brutalidad y la cobardía de los policías de Córdoba. Los casos se suceden a diario. Hace no mucho, se produjo un caso similar en Bel Ville, afortunadamente, sin resultados fatales, por una mera cuestión de puntería. Pero refleja la impunidad con la que se mueven estos mercenarios contratados para intimidar y asesinar. La ponzoña de una institución que reivindica el asesinato de jóvenes y trabajadores, mientras que actúa con la libertad de liberar zonas, actuar como delincuentes comunes al quitarse el uniforme, retribuyendo a sus superiores jerárquicos los botines de sus actos delictivos.

El brazo ejecutor del estado, aquellos cuyo oficio es reprimir a la sociedad para mantener un “orden” están desmadrados. Los más de 20 policías cómplices del asesinato a sangre fría de Valentino, también trataron de alterar la escena del crimen descaradamente, colocando un arma para inculpar a los jóvenes que viajaban en el auto.

Es la institución policial la principal fuente de crímenes en el país. Cuando no es su ejecutora directa, es garante del delito organizado: narcotráfico, liberación de zonas, asesinatos, trata de personas y brutalidad policial, venta de autopartes, etcétera. Al mismo tiempo, actúan como fuerzas represivas del estado contra los trabajadores y la juventud. Esto se reproduce a escala nacional (Facundo Castro, Ceferino Nadal) y global (George Floyd).

El caso de Facundo Castro comienza a movilizar a capas cada vez mayores de la juventud argentina, las desapariciones en democracia movilizan a las y los jóvenes hastiados de tener que lidiar con el maltrato de las fuerzas represivas, el caso de Santiago Maldonado fue muestra clara de esto. El verdadero Nunca Más no nos lo garantiza el estado con su aparato represivo repodrido, sino la juventud y los trabajadores en el avance de sus luchas.

El asesinato a sangre fría de Valentino es la demostración cabal de una organización dispuesta a todo si se le da rienda suelta. La respuesta del estado, casi como si fuera un chiste de mal gusto, es la de reemplazar a la cúpula policial, mientras siguen saliendo noticias de cómo la policía les da golpizas a jóvenes que no resisten en los controles policiales. Sólo horas después de este recambio, las cosas quedaron el claro en palabras de quien fuera la elegida para encabezar la Dirección General de Seguridad Capital, la Comisaria Mayor Liliana Rita Zárate Belleti, quien aseguró que “seguirá trabajando con los lineamientos del Gobierno de Córdoba y el Ministerio de Seguridad (sic)”. Pero estos “lineamientos” del gobierno provincial han producido represiones en el centro de la ciudad como sucedió recientemente con los trabajadores de UTA. Ni hablemos de la brutalidad con la que la policía actúa en los barrios populares.

Por todo esto, es necesario luchar contra la brutalidad policial. Sólo la disolución de esta institución mafiosa podrá mejorar nuestras condiciones de vida. Pero mientras las condiciones sociales maduran para operar esa disolución, es necesario luchar contra la brutalidad. Exijamos perpetua a los asesinos y cómplices del asesinato de Valentino, fiscalización de los libros de la policía y organismos de derechos humanos en cada barrio dispuestos a recibir las denuncias contra los atropellos policiales.

Organicémonos para acabar con esta institución mafiosa y el sistema que ellos intentan garantizar.

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