La tarea más importante para Trotsky

Escribe Emiliano Monge

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En una carta a Victor Serge, que definió la década de 1930-40 como “la medianoche del siglo”, Trotsky dijo que la creación de la IV Internacional era para él un “combate continuo”. Trotsky decía que “Una internacional no se ´funda´ como una cooperativa, se crea en la lucha”. Una internacional se crea como producto de una firme posición estratégica y de la experiencia de las masas obreras. Esta tarea fue definida como la más importante de su vida por el mismo Trotsky. A 80 años de su asesinato, conmemoramos esa obra, sus dificultades, perspectivas y tareas, que deben ser completadas en nuestra época.

Trotsky y la IV Internacional

El 3 de septiembre de 1938 en un suburbio parisino (Périgny) tuvo lugar la Conferencia de fundación de la IV Internacional, en un pabellón-granja dentro de la pequeña propiedad de Alfred y Marguerite Rosmer, viejos amigos y camaradas de Trotsky antes de la primera guerra mundial. La Conferencia de París fue el largo desenlace de 5 años de trabajo de Trotsky y los oposicionistas de izquierda, tal vez la tarea más importante de su vida -como el revolucionario ruso, cabeza del primer Soviet del mundo, dirigente de la Revolución Rusa y creador del Ejército Rojo, se refiriere a este período. La inminencia de la guerra aceleraba los tiempos y hacía más que necesario crear un programa y dar forma a una organización a la altura de las circunstancias.

Dos previsiones eran las que enmarcaban la fundación: como la “orientación de las masas está determinada ante todo por las condiciones objetivas del capitalismo en descomposición, y en segundo lugar por la política traidora de las viejas organizaciones obreras”; la crisis de nuestra época es producto de la catástrofe del capitalismo y la crisis de la dirección revolucionaria, por lo que “sin una revolución socialista (…) toda la civilización humana está amenazada por una catástrofe” (Programa de Transición).

Esto no tenía nada de apocalíptico, partía del análisis concreto: la diferencia entre la primera guerra mundial y la segunda, era la emergencia de la URSS con la revolución rusa (1917), y del fascismo en Italia (1923), Alemania (1933) y Austria (1934). Los trotskistas no meterían en la misma bolsa a la socialdemocracia y al fascismo, como sí lo hacía el estalinismo.

Durante charlas preparatorias de la Conferencia fundacional, Trotsky hacía una apuesta estratégica: “Después de la [Primera] Guerra Mundial la Segunda Internacional parecía totalmente muerta y durante los primeros años la Tercera Internacional creció y creció. Yo espero que ahora…” - frente a lo que Krasner, del SWP (partido trotskista norteamericano), interrumpe: “La Tercera Internacional creció cuando hubo una victoria. Pero hoy, a cualquier lado donde vean los trabajadores, hay derrotas”. A lo que el “viejo” responde: “Es absolutamente correcto. Eso nos crea grandes dificultades. La selección de los cuadros es diferente, ocurre en un período diferente. En ese momento los cuadros adherían a un estado victorioso, ahora adhieren a un programa revolucionario (…) Todo el problema para nosotros es encontrar la conexión entre los cuadros y los trabajadores” (Writings 1937-38, Discussions with Trotsky: III, p 309). Detrás de este método está todo el peso del frente único y de la construcción de un partido revolucionario, es decir, de la experiencia bolchevique.

En una circular del Secretariado Internacional (SI) con fecha del 1° de abril de 1938 titulado “La segunda conferencia internacional por la IV Internacional”, donde se dice que la primera conferencia puso a cargo a algunos camaradas para elaborar un programa, pero que por determinados acontecimientos no pudo llevarse a cabo. Por eso se fija como tarea redactar un “Manifiesto Programático” ahora al camarada “Crux” (Trotsky) en punto número seis. El 11 de junio, una nueva circular del SI dice que “la orden del día comunicada en la primera circular sobre una modificación en el sentido del punto (6) es que el Manifiesto Programático es remplazado por el proyecto de programa transitorio, así que no hay necesidad de tesis especiales” (Cahiers León Trotsky, n° 1, 1979, p 14). Es la primera vez que se menciona el Programa de Transición. ¿Por qué este cambio de nombre entre las circulares del SI? Porque Trotsky pensaba que ese nombre se adecuaba mucho más al espíritu del programa basado en los primeros Congreso de la III Internacional.

El Programa de Transición, como se definió al programa elaborado en 1938, es el “Manifiesto Comunista” de nuestra época. Lo que significa que cuenta con total vigencia, no sobre el texto, sino sobre el método desplegado. El método es insertar a los cuadros trotskistas en las tareas del movimiento de masas, haciendo un balance de la experiencia de las secciones nacionales bajo las perspectivas de la revolución socialista internacional, capaz de armar a las masas con consignas transicionales que las lleven a lucha por el poder.

El Manifiesto Comunista desplegaba su propio método: la idea que lo ordenaba era la emergencia de la revolución obrera y socialista en medio de los estertores de las revoluciones democrático-burguesas del siglo XIX. Y la necesidad de construir el partido proletario bajo sus propias consignas. La “permanencia” de una revolución hacia la otra bajo una transición, fue cabalmente comprendida por Engels y Marx en La Circular a la Liga de los Comunistas, esta era la culminación de un método político y la comprensión del tipo de transición a recorrer, pero esto no sucedió sin rupturas, sin “saltos” dialécticos e históricos.

Sin embargo, esto no significa que la experiencia de casi un siglo no haya modificado nada del Manifiesto Comunista. Marx y Engels reflexionaron y dieron por antiguo el Manifiesto a poco de haberlo escrito. En 1850, en la Circular a la Liga de los Comunistas, hablaban de la necesidad de una “revolución permanente” (o en permanencia) y de no ponerse a la zaga del partido reformista pequeñoburgués o de la propia burguesía, sino mantener siempre la independencia política. El Manifiesto estaba desactualizado en otro sentido también: las demandas que proponía parecían dar a entender que el Estado burgués puede ser tomado por la clase obrera, así sin más, y utilizado para su propio interés. Marx y Engels ven en el “modelo de La Comuna” el nuevo tipo de estado proletario, que destruye el aparato estatal burgués y lo reemplaza por otro, de carácter obrero. La historia de la Revolución Rusa daría la razón a Marx y Engels, primero con la confirmación de la necesidad de un “doble poder” en este caso “soviético”, y luego por la negativa, como la degeneración a partir de la destrucción del poder obrero en manos de una burocracia estatal termidoriana. Las ideas posteriores de Trotsky fueron generalizaciones de esto. Lenin -comentaban sus camaradas- sabía de memoria los textos de Marx sobre La Comuna de París y La Circular de 1850.

El Programa de Transición rompe con la oposición abstracta entre el programa mínimo y máximo: la Socialdemocracia decía que luego de un proceso de “revolución democrática” donde se aplicaría el programa mínimo, se acumularía poder hasta que la implementación del socialismo sea “inevitable”. La Socialdemocracia llegaría a transformar el programa mínimo en su único programa, y a la burocracia parlamentaria (cretinismo parlamentario) y sindical, en su base de maniobra, lo que llevaría al apoyo de la guerra del lado de la burguesía nacional de diferentes países. Para el Programa de Transición las consignas son un “puente” entre la conciencia de las masas tal como se expresa en su lucha cotidiana y la necesidad de construir el socialismo mediante un gobierno obrero transicional como La Comuna. “Nuestras tareas no dependen de la conciencia de los trabajadores. La tarea consiste en desarrollar su conciencia”, dice Trotsky el 19 de mayo, y unos días más tarde que “El problema no es el estado de ánimo de las masas, sino la situación objetiva, y nuestra tarea es confrontar el material atrasado de las masas con las tareas que determinan los hechos objetivos”. Un ejemplo de Programa transicional es el escrito de Lenin en vísperas de la Revolución de Octubre “La catástrofe que nos amenaza y cómo combatirla”. Es exactamente el mismo método y Trotsky se inspiró en este escrito para hacer su propia generalización.

La primera generalización de esta experiencia la hará Trotsky cuando escriba las “Tesis sobre la Táctica” del III Congreso de la IC, definiendo como “época transicional” al proceso revolucionario abierto en 1917 y que “cualquier lucha puede convertirse en una lucha por el poder” si esta lucha se orienta hacia la necesidad de formar un gobierno obrero para adquirirla, por lo que las demandas mínimas juegan un rol fundamental vinculadas a una estrategia de poder. Las Tesis son un prototipo de consignas transicionales que Trotsky utilizará en 1938.

Frente Popular

El otro elemento fundamental del programa de 1938, muchas veces olvidado por los reformistas de toda calaña, es la lucha implacable en todas sus páginas contra el “Frente Popular”, antes llamado “menchevismo” o “etapismo”, la alianza entre el proletariado y la burguesía bajo distintas formas: apoyo al imperialismo democrático, al nacionalismo burgués, a la burocracia ligada a la burguesía, a los frentes antifascistas, etc. Los Frentes Populares actuales, decía Trotsky, y con eso estaba pensando en España y Francia, son formas más o menos degeneradas del Frente Popular de la Revolución de Febrero en Rusia. La política de los bolcheviques (salvo al principio por Stalin y Kamenev) fue enfrentar al Frente Popular de Febrero, como oposición política, destruir las esperanzas de las masas en él, reclamar que se vayan los “ministros capitalistas”, y luchar por la formación de un Gobierno Obrero.

La Conferencia de 1938 es la conformación de un programa y la lápida de defunción de las dos Internacionales anteriores. Como Lenin en 1914 había anunciado la “Bancarrota de la II Internacional”, Trotsky en 1933 había definido el final del Comintern (“La internacional comunista ha pasado definitivamente al lado del orden burgués”), y puesto en marcha la necesidad de construir una “nueva internacional”, para lo cual era necesario reunir a la vanguardia en torno a un programa revolucionario, alejado de expresiones políticas centristas y ultraizquierdistas. Pero una internacional no se funda como una “cooperativa” o de manera “técnica”, sino que se funda en el combate a través de la lucha de clases internacional. El Programa de Transición, según Trotsky, quiso completar la experiencia histórica abierta por la Revolución Rusa y formulada en los primeros Congresos de la Internacional Comunista.

El centro de la revolución mundial seguía siendo Alemania, mientras que en caso de guerra, sería contra la URSS y la burocracia de la URSS no sobreviviría, EEUU estaría obligado a intervenir, y Francia -en caso de ser ocupada por Alemania- podría volver al rango de “nación oprimida”. Todos estos aciertos son de este período, tal vez el más lucido de la vida de Trotsky.

Mejor poco, pero mejor

Durante el Congreso participaron 11 secciones nacionales: la URSS, Gran Bretaña (Escocia e Inglaterra), Alemania, EEUU, Polonia, Italia, Grecia, Holanda, Brasil, Francia y Bélgica. Hubo adhesiones de las secciones de México, Cuba, Puerto Rico, Brazil, Colombia, Argentina, Uruguay, Perú, Chile, China, Indocina, Sudáfrica, Australia, España, Noruega, Austria, Checoslovaquia, Dinamarca, Canadá y Suiza. Y también de otros países donde todavía no había una prensa consolidada: Lituania, Rumania, Yugoslavia, Bulgaria, Nueva Zelanda, Suecia, Irlanda, Palestina e India.

Concurrieron 22 delegados (Shachtman habla de 30), que representaban a 5.000 militantes en el mundo entero, según uno de los delegados, Pierre Naville (el número era un poco inflado, ya que la sección francesa en la conferencia no tenía más que algunos centenares de militantes entre sus diversas fracciones). Se adoptó como documento político el “Programa de Transición” y un manifiesto a los trabajadores del mundo en medio del peligro inminente de una nueva guerra mundial. Trotsky no pudo participar.

América Latina sólo estuvo representada por Mario Pedrosa (Lebrum) de Brasil, delegado de la LCI y del POL (Partido Operario Leninista) -de corta vida. Aunque muchos otros países mandaron adhesiones (lo que demuestra carencias organizativas). Lebrum estaba escondido en Francia ya que las detenciones no paraban en Brasil luego del putsch de noviembre de 1935 (la “intentona comunista”), que desató una feroz represión sobre los militantes obreros, y de la fundación del “Estado Novo” en octubre de 1937, una dictadura al servicio de la patronal. En la Conferencia de julio (38) se dice que se recibieron las tesis elaboradas en la preconferencia de México (donde Diego Rivera escribió un texto sobre Latinoamérica que a Trotsky le parecía correcto pero había que reducir).

La Conferencia de fundación fue realizada bajo un absoluto secreto debido a las extremas medidas de seguridad. Los asesinatos de dirigentes trotskistas (Wolff, Reiss, Klement, y la dudosa muerte de Sedov) ligados al Secretariado Internacional y a la preparación de la Conferencia, obligaron a extremar las medidas de seguridad. Tanto es así, que incluso el PCI francés (Molinier-Frank), que había solicitado participar en la Conferencia, desconocía el momento en que esta se estaba llevando a cabo. Y Max Shachtman, en The New International, informa que la Conferencia se realizó en “Suiza” para desorientar a la represión, con 13 delegados de 11 países (The New International, Vol. IV N° 11, noviembre de 1938, pp. 325-327).

Se dedicaron seis sesiones a la cuestión francesa y en final de la Conferencia fundacional hubo un debate sobre la resolución francesa: mientras que los camaradas Cannon y Shachtman creían que la debilidad de la sección era por temas organizativos y de dirección, Pietro Tresso opinaba que se debía a su incapacidad para intervenir en la lucha de masas, y CLR James consideraba que eso era consecuencia de la composición social del grupo. Estos debates muestran a las claras que Francia era el epicentro de los debates políticos en el momento de la fundación de la IV Internacional. Trotsky incluso decía que en ese momento era más importante enviarle dinero a Francia que a China.

La totalidad de los documentos e informes no fueron publicados. Sólo fueron publicados el programa y los informes sobre las secciones nacionales, en francés e inglés, por las revistas Quatrième Internationale (n° 12-13) y por una publicación especial del Socialist Workers Party (SWP), que editaba con una gran tirada el Socialist Appeal y era la “joya” de la IV Internacional -que rápidamente vería una cruda lucha fraccional al año siguiente. Pero las discusiones generales no fueron publicadas por los norteamericanos.

La publicación francesa sale en noviembre de 1938 como una “contribución científica al desarrollo del movimiento obrero”, aunque debido a “cuestiones materiales” no se edita el informe de la totalidad de las deliberaciones; mientras que la introducción a la norteamericana es de enero de 1939, hecha por Shachtman. El último comenta: “los cinco años desde 1933 (cuando se proclamara la necesidad de una IV Internacional) han sido testigo de tremendos cambios en el movimiento obrero internacional. Una catástrofe después de otra -el Saar, Austria, Etiopía, Rusia, España, China, Francia han enfatizado la bancarrota de las dos internacionales. El creciente acercamiento entre socialdemócratas y estalinistas no ha servido para el objetivo de la unidad y la victoria proletaria, sino para subordinar al proletariado a la burguesía”, haciendo referencia a la política de Frentes Populares a partir de 1935.

Max Shachtman, uno de los delegados norteamericanos, analiza la evolución de diferentes grupos, algunos ligados al trotskismo desde la Conferencia de París de 1933. Define dos corrientes centristas: la de Brandler-Lovestone, cuya sección checa terminó en la II Internacional, y la sueca y francesa seguían ese derrotero. Proponían un frente único “pacifista”, una forma de frentepopulismo solapado. El Lovestonismo fue una corriente norteamericana dirigida por Jay Lovestone, lituano de nacimiento, miembro del Partido Comunista que terminaría en la Oposición Comunista Internacionalista (Bujarinista), que para ese momento tenía secciones en 15 países. Lovestone de recorrido por dirección de la AFL-CIO era un agente de la CIA.

De esta corriente proviene el marxista indio Roy, traductor de El Capital, al que califican de “estalinista en todo sentido salvo por el reconocimiento de Moscú”. Brandler era el dirigente del Partido Comunista Alemán encargado de llevar adelante el fallido “octubre alemán”, y luego del KPO que publicaba “Gegen den Strom” bajo la dominación nazi y sería el partido más importante de la Oposición Comunista Internacionalista. Brandler y su grupo habían emigrado a Francia donde serían puestos tras las rejas por el gobierno de Vichy en el sur.

La segunda corriente centrista era el Buró de Londres o “Internacional 3 y ½”, compuesto por el Partido Laborista Noruego (que había presionado por el asilo de Trotsky en 1935, pero que rápidamente cedería ante las presiones internacionales), y era su sección mayoritaria. Pero el Partido noruego había abandonado recientemente al Buró para afiliarse a la II Internacional. El Partido Laborista había conformado gobierno en 1935 con un programa reformista, y era parte de la Internacional Laborista y Socialista (LSI por sus siglas en inglés), que reunía a la Internacional de Viena y a la Segunda Internacional. También la conformaban el POUM y el Independent Labor Party de Gran Bretaña. El POUM no había adherido formalmente, aunque para 1939 ocuparía la presidencia. Mientras que el ILP “estaba en vías de reintegrarse al Partido Laborista”. El SAP alemán también formaba parte del Centro Internacional Marxista Revolucionario (IRMC por sus siglas en inglés), pero también el PSOP al cual Trotsky todavía pensaba ganar a la IV Internacional y habían invitado formalmente a la Conferencia, que habían aceptado pero “las circunstancias impidieron su participación”.

Como se ve, se trataba de una organización internacional federalista e inestable, “compuesta de pequeños grupos sin programa político definido” (Quatrième Internationale, 1939). En la Conferencia restringida que se ha convocado para la primavera, el Buró no ha roto explícitamente con la política del Frente Popular. Está asociada con los brandelianos (ídem).

En la edición francesa, se discute contra estas tendencias centristas que acusaban al trotskismo de “divisionista”. Pero no era así -comentan- ya que la Conferencia ha unido a las secciones de Inglaterra, Grecia y México, mediante el debate democrático.

Para Trotsky, “La adopción de este programa, preparado y asegurado tras una larga discusión previa, más exactamente por toda una serie de discusiones, representa nuestra conquista capital” (Introducción de Trotsky al Programa de Transición: “Un grand succès, au sujet de la Conférence Internationale de la IV° Internationale”).

Un Manifiesto forma parte de la Conferencia fundacional fechado el 17 de septiembre, “a los trabajadores del mundo entero”, en el cual se explica que “el capitalismo es completamente incapaz de asegurar prosperidad a las masas, y también incapaz de asegurar la paz” (Comité Ejecutivo IV Internacional). A menos de una generación de la anterior guerra nos encontramos frente a una nueva y “una vez más se apela a los explotados a masacrarse mutuamente por sus patrias imperialistas respectivas”. La próxima guerra se planteaba como interimperialista: “el fascismo no podrá y no será ser destruido por las bayonetas del imperialismo francés. Sólo la acción de clase independiente del proletariado pondrá fin al terrible dominio fascista”.

“El capitalismo está en bancarrota. Las relaciones sociales, las fronteras nacionales, están estrangulando el desarrollo económico y social del hombre. Están más que maduras para la reorganización socialista” (ídem). La consigna es unirse contra el fascismo y la guerra imperialista, por la liberación de los pueblos coloniales y contra todos los opresores del proletariado. Con esa perspectiva entraron los trotskistas a la segunda guerra mundial.

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