El balance de la Conferencia Latinoamericana del FIT-U, por sus protagonistas

Escribe Marcelo Ramal

Primera parte

Tiempo de lectura: 14 minutos

Christian Castillo ha presentado su propio balance de la “Conferencia Latinoamericana” del FIT-U. Por de pronto, pone paños fríos a las posibilidades de acción común futura de los participantes, que era el objetivo principal de la Conferencia. Señala que “la independencia de clase que expresa el FIT-U en Argentina no se extiende a todo el continente”. Es una afirmación extraña, si no esotérica, que reserva al suelo patrio la “independencia de clase” que dicen profesar todos los protagonistas. “Veremos en qué países” podrán enlazarse acciones en común, dice, y “siempre que sea posible”. En definitiva, lo que ocurrió fue una mesa redonda destinada a desarrollar una pelea intestina, y de ningún modo una Conferencia. Esa fue la conclusión que expuso nuestra Tendencia sin la necesidad de exhibir tanto oscurantismo ideológico.

Aunque el PTS suele autodefinirse como fracción “crítica” del legado de Nahuel Moreno, en realidad aplica, hasta cierto punto, la misma metodología de éste en lo que se refiere a la IV Internacional. Castillo exalta a los grupos creados por iniciativa del PTS en diversos países, en una suerte de argentinismo itinerante. Moreno hizo lo mismo, y como consecuencia de la división del MAS, dejó sembrado en el universo otros tantos grupos, casi todos argentinizados, con la excepción de la brasileñización del PSTU. En defensa de Nahuel Moreno hay que decir algo no menor: intentó dar pelea en la IV entre 1950 y 1952; integró el Comité Internacional que surgió de la escisión de la IV, en 1953, y más adelante logró el reingreso en el SU de la IV, del cual salió en torno a una divergencia entre el foquismo, por un lado, y la institucionalización de la democracia, por el otro. Por último, ensayó una unión episódica con el lambertismo, en 1980, dejando una nueva escisión. En el maniobrerismo de Moreno, su legado más claro, había algo de vida política.

La escenificación de la CRCI, que hace Castillo, por su crisis y división, es de una vulgaridad ramplona. Si las divisiones y las crisis son el metro que mide la calidad de una política, primero habría que emprenderla contra la IV Internacional, fundada en 1938. Castillo, en tanto trotskista, estaría reivindicando, de acuerdo a su método, a un intento político “fracasado”. El PTS fue parido por el fracaso del MAS (que reivindicaba al partido socialista obrero español de Felipe González), luego de haber transitado por el morenismo bajo la dictadura, por el Frente del Pueblo y por Izquierda Unida. Ocurre, sin embargo, que esos sí constituyeron verdaderos fracasos, porque fueron intentos abiertamente oportunistas que no dejaron legado alguno. La IV Internacional, 82 años más tarde, sigue siendo el faro insustituible del internacionalismo proletario y la única referencia histórica actual para la vanguardia de la clase obrera. La CRCI, en su medida, también deja una referencia – un amplio programa político, debatido en un Congreso, que fue el único que advirtió acerca de la inminencia de una crisis capitalista mundial gigantesca, a la que el PTS bautizó como ‘catastrofismo’. La crisis actual de la CRCI cruza a toda la izquierda, porque se refiere al centralismo democrático y el derecho de tendencia, y a la adaptación parlamentaria y electorera del aparato del PO oficial. Ningún partido del FIT-U ha salido a discutir estas cuestiones, y, aún peor, encubren los quórums parlamentarios al servicio de la burguesía, que no es otra cosa que carrerismo político. Cinco grupos desparramados por el mundo, que cambian de posición política como de camiseta, no sostiene comparación alguna con la envergadura de las iniciativas internacionales del Partido Obrero.

Es por cierto falso que la CRCI se formó sobre la base de cuatro (son cinco) puntos. Esos puntos fueron la premisa previa para abrir un debate con la izquierda trotskista con el propósito de refundar la IV Internacional; siete años más parte hicimos un Congreso sobre la base de un programa. Pero el PTS no resiste el examen de aquellos puntos:1) la actualidad de la revolución socialista mundial y de la dictadura del proletariado; 2) la lucha contra los frentes populares; 3) la revolución social y política en los ex Estados Obreros y 4) la formación de partidos y de una internacional en base al método del programa de transición; 5) la caracterización del SU como democratizante y contrarrevolucionario. Este último punto ha recibido la confirmación histórica más contundente.

Tampoco se trata solamente de principios y de programas. El llamado a la refundación de la IV capturó un giro histórico: el desafío que representaba para el trotskismo la disolución de la URSS y la restauración capitalista; del otro lado, la crisis mundial y sus consecuencias sobre los procesos restauracionistas. La mayoría de las organizaciones trotskistas, incluido el PTS, respondió a este desafío con la ratificación e insistencia del método de difusión internacional de sus grupos nacionales. Se llegó al extremo de que los partidos-madre de habla inglesa tenían sus sucursales en países que hablaban inglés, y aquellos de Francia en los de lengua latina. En lugar de presentar las tareas cuartainternacionalistas rumiando sobre divergencias pasadas, el caldo de las sectas, nosotros llamamos a un debate-construcción en el cual aquellas diferencias fueran reapreciadas en un nuevo contexto histórico. Este fue el método histórico de Lenin entre 1914 y 1919, y el de Trotsky entre 1933 y 1938.

La CRCI llegó a su congreso de fundación luego de pasar por diversas delimitaciones políticas e incluso escisiones. El documento fundacional de la CRCI (1998) anticipó la transición abierta por las restauraciones capitalistas, desde la crisis asiática y la crisis rusa hasta el mismo Argentinazo. El PO señaló antes que nadie la tendencia restauracionista, desde la década del 70, y luego caracterizó que la victoria de la restauración profundizaría, a término, el impasse del capitalismo mundial. El programa de la CRCI (votado en un congreso en 2004) previó la gran crisis de 2007/2008, que marcó el agotamiento de las posibilidades de acumulación capitalista brindadas por la restauración del capital en los ex estados obreros. Mientras esto ocurría, el PTS rumiaba la tesis de la “crisis orgánica”, un modo de convertir a la declinación capitalista en una forma sui generis de estabilidad o equilibrio, bajo la forma del ´estancamiento crónico´.

Las internacionales y su método

Pero, al fin y al cabo, el método que seguimos con la CRCI es el camino de todas las internacionales obreras. La primera internacional reunió a socialistas científicos, anarquistas, sindicalistas, que buscaron agruparse en una cooperación común detrás de un principio nodal – separar políticamente a los obreros de la burguesía. Franz Mehring la caracterizó como “una forma transitoria de la cruzada de emancipación del proletariado, cuyo carácter histórico la hacía, a la par, necesaria y perecedera". Esta definición impresionante debería ser estudiada con cuidado por los militantes del PTS, a quienes se les inculca la auto-organización regular al margen de la historia. Con relación al origen de la III Internacional, fue Trotsky el que destacó el titánico esfuerzo inicial de los bolcheviques en dar la batalla por sus posiciones con todas las corrientes que reaccionaban ante lo que ya era la bancarrota de la socialdemocracia. Al evocar a las conferencias de Zimmerwald y Kienthal, Trotsky destacaba el carácter estrictamente minoritario de quienes, en aquellas reuniones, luchaban por convertir a la guerra imperialista en guerra interior de clases y en revolución social: “la mayoría estaba constituida por elementos centristas de derecha”, señala Trotsky, citando el caso del socialdemócrata Ledebour.

Pero Trotsky se refiere a estas reuniones mucho tiempo después, en 1933. En su texto de ese año -“¿Exito o fracaso? (Un lindo título para Castillo, que hubiera respondido, sin la menor de las dudas: “¡fracaso!”). Algo más sobre la Conferencia de París”-, Trotsky polemiza con algunos de sus compañeros por la concurrencia de los bolcheviques leninistas a una conferencia que agrupaba a grupos europeos escindidos por izquierda de la socialdemocracia. Contra las objeciones recibidas, Trotsky reivindicaba el haber concurrido a defender un programa y una estrategia. Fueron esas luchas políticas en los años 30 las que prepararon el terreno para la fundación de la IV Internacional. En la conocida entrevista con Mateo Fossa, Trotsky explicita su método: “ante la escasez de nuestras fuerzas, lo que debe hacerse es tratar de trabajar en común y, a través de la acción, ver los que hacen labor revolucionaria positiva y honrada, y dejar a un lado a los que solo constituyan un lastre”. Es decir, delimitar a unos y a otros por medio de la acción en común, y someter los debates y divergencias a las enseñanzas que deja esa acción. La III Internacional superó muchos de los debates planteados en su período de gestación cuando esas polémicas pasaron por el cedazo de la revolución de octubre, y aún así sus primeros congresos fueron un crisol de debates políticos fundamentales. El legado que había dejado el minoritario reagrupamiento de Zimmerwald emergería con toda su fuerza después de 1917. Siguiendo a Mehring, esas reuniones que precedieron a la Revolución de Octubre y a la III Internacional, eran la manifestación de una transición histórica. De nuevo, el PTS las hubiera tildado como un “fracaso”, y aplicado el mismo adjetivo para la IV Internacional. 83 años más tarde, el único debate internacional en el mundo obrero es la IV Internacional. ¡Esto sí que es una victoria!

Ninguno de los documentos de la FT resiste un archivo, a la luz del presente panorama de disolución de las relaciones capitalistas y rebeliones populares. Todos los textos de la CRCI, debatidos y redactados a partir de organizaciones con diferentes orígenes y tradiciones políticas, en cambio, son una escuela de estrategia para la presente etapa. Es lo que otorga un carácter de principio a nuestra lucha contra el carrerismo electoral en el PO (O) y en el FIT-U en su conjunto.

La autoproclamación sectaria somete a la realidad y a las diferentes manifestaciones de la lucha de clases al corsét de sus prejuicios. Castillo critica la invitación a una representante del Partido de los Comunistas Unificados de Rusia -opositor a Putin- en la Conferencia Latinoamericana de 2018. ¿Por qué no habla de las resoluciones de la Conferencia, que esa misma representante discutió en Buenos Aires, e incluso tradujo y publicó en sus portales oficiales – en Rusia? Esas resoluciones establecen una crítica implacable al restauracionismo y una denuncia de los regímenes REACCIONARIOS ruso y chino, a nivel nacional y mundial, y llaman a una lucha para expropiar al capital y restaurar los SOVIETS en los ex estados obreros. Como veremos en un segundo artículo, esas resoluciones aventajan largamente a las pullas faccionales entre PO, PTS, IS y MST en torno de la crisis mundial y la cuestión de la guerra.

Los escenarios que no elegimos

Es significativo que Castillo condene, también, la intervención del PO en los Foros de San Pablo de los años 80 y 90. Cualquiera que lea los documentos e intervenciones políticas del PO en aquellos foros, encuentra hoy una formidable escuela de lucha contra la izquierda democratizante y el régimen cubano, incluso la crítica a ese régimen en La Habana, en 1993, en confrontación directa con Fidel Castro. En vez de rumiar sus “verdades” entre los viajeros internacionales del ´rancho propio´, Jorge Altamira, Pablo Rieznik y otros compañeros fueron a los foros a denunciar a sus organizadores – a Lula, al castrismo, al centroizquierdismo, ¡al sandinismo! , advirtiendo con una década de anticipación que llegarían al gobierno de la mano del capital financiero internacional. En La Habana, Altamira denunció el carácter plebiscitario y bonapartista de la burocracia cubana en la cara del propio Castro, quince años antes de que tuviera que enfrentar a una corriente castrista decadente dentro del Partido Obrero. En otra intervención memorable, Rieznik arrancó el apoyo de doce partidos a favor de la expulsión del Foro del Movimiento Bolivia Libre, por integrar la coalición de gobierno que reprimía las huelgas. Paralizó las sesiones del Foro, advirtió adónde iba ese conglomerado, y dio el portazo final en nombre de todo nuestro partido. Castillo pierde el sentido del ridículo cuando cuestiona estas actividades revolucionarias de cara a ‘tutti quanti’

Entrismo y “radicalismo”

Señalamos más arriba que la reivindicación internacional “homogénea” de Castillo-Albamonte servía de cobertura, sin embargo, para ensayos oportunistas de diferente tipo. Es una condición que el PTS comparte con las diferentes vertientes morenistas. No sorprende, por lo tanto, que la cuestión asomara en la “conferencia latinoamericana”, aunque siempre en términos faccionales. A la crítica al entrismo en los partidos “amplios”, se respondió con la reivindicación del entrismo como “táctica”.

El entrismo como táctica es una redundancia, no explica el entrismo. El entrismo, además de una táctica, es una decisión estratégica. Es el reconocimiento de dónde se encuentra el punto de inflexión de la lucha de clases. Sea Lenin con el Laborismo británico o Trotsky con los partidos socialistas en Francia y España en la década del 30, era el reconocimiento de que la lucha abierta en esos partidos era definitoria en el balance de fuerzas en la clase obrera y en el conjunto de la lucha de clases. En Trotsky, ganar a la izquierda socialista en rebeldía para las posiciones revolucionarias era un escalón fundamental en la lucha por la IV Internacional. Por eso la táctica del entrismo está asociada a otra táctica: poner fin al entrismo, cuando las condiciones del conjunto de la lucha de clases han cambiado. El ´entrismo´ en el NPA lleva once largos años – un entrismo récord. Tampoco es entrismo, que siempre significa defender posiciones para desarrollar una lucha común. En el NPA, las decisiones solo valen para el boletín oficial – una federación no es entrismo. De otro lado, si el entrismo en los PS había sido determinado por un viraje a la izquierda de la masa del partido, debido al avance de la reacción mundial, el NPA es un giro a la derecha del mandelismo, que pasa a acoger a todas las variantes ocasionales y de moda, carentes de cualquier perspectiva revolucionaria. Cuando un grupo de cuatro o cinco personas elige un ámbito de actividad para no padecer en soledad, no debe llamar a eso de entrismo. Es sólo un intento loable de tomar contacto con el mundo – sea un partido federado o un sindicato. En el caso de un partido federado que ha abandonado el marxismo, debe saber que participa de un giro a la derecha, no a la izquierda.

Cuando Trotsky planteó el entrismo en los partidos centristas de izquierda en Alemania o Inglaterra, en los años 30, llamó siempre a “luchar abiertamente por las ideas de la Oposición de Izquierda” y por su “programa teóricamente elaborado”. Para hacer esto mismo, el PTS tiene una limitación insuperable: no puede llamar a la reconstrucción de la IV Internacional, porque la IV Internacional ya es el PTS, que se llama Fracción Trotskista sin pertenecer a nada mayor dentro del cual actúe como fracción – además de que esta en contra de las fracciones, como lo demuestra el apoyo que da al PO oficial.

El entrismo para el PTS ha sido, por sobre todas las cosas, un operativo de mimetización política en el populismo de izquierda. En los años del auge del NPA, el PTS levantaba el anticapitalismo, no el socialismo, el gobierno obrero y la dictadura proletaria, y un programa de medidas ´radicales´ (sic). Cuando el PTS determinó que la victoria de Trump obedecía a un apoyo identitario de la clase obrera “adulta y blanca”, convocó a apoyar al movimiento ´plural´ de mujeres y minorías raciales. A partir de allí, el PTS sustituyó al programa de transición por otro de medidas “radicales”, y replicó la receta en España y Francia, al gusto de Podemos y del NPA respectivamente.

El PTS cree que discutimos de ´táctica´ al debatir el entrismo. No: nos estamos refiriendo a una adaptación “estratégica” a la moda de la izquierda del momento. Al saludar al entrismo en el NPA, Castillo señaló que, aunque el partido “amplio” francés está al borde de la escisión, la ´izquierda´ reuniría hoy una mayoría de militantes. Olvidó decir, sin embargo, que el NPA reunía a 9.000 voluntades en su inicio, y hoy apenas araña los 2.000, y que esa ‘izquierda’ es un buen número de grupos que no han intentado iniciar un debate estratégico. De modo que, si la “oposición” triunfara, el PTS se encontraría haciendo entrismo en esa oposición, y así de seguido.

Centrismo político, autoproclamación digital

La adaptación política que aquí señalamos es inseparable de otra de las expresiones autoproclamatorias de Castillo, a saber, los portales digitales que replican a La Izquierda Diario. Pero ID no es una prensa revolucionaria de partido sino un diario plural, de modo que no debe confundirse el mérito periodístico, si existe, con el periodismo revolucionario. Esto lo dejó en claro Plejanov, en el siglo XIX, al atacar lo que llamó “la prensa popular”. Es que el desafío está ahí – no en alcanzar difusión sin contenido marxista (lo que nos lleva al gramscismo, que será tema para otra ocasión). La prensa que ensalza Castillo es ´pluralista´, disuelve a la izquierda en la opinión del medio pelo democratizante. En un período de lucha ideológica por las ideas revolucionarias, y más precisamente por el programa, asistimos a una clara tentativa de adaptación a la ´opinión pública´. Pero como en el cuento del escorpión, ID también se dedica al faccionalismo de izquierda, a la descalificación e incluso el encubrimiento, como ocurre con toda secta. De otro lado, no denunció el voto al sionismo, los quórums del PO (O) en Chaco, ni la cuestión del derecho de tendencia en una organización de centralización democrática.

La auto reivindicación del PTS tropieza con otro problema: no empalma con el proceso real de formación de una vanguardia obrera y de lucha que se galvanizó en los años del Argentinazo e incluso antes; la conquista de internas y cuerpos de delegados; el desarrollo del movimiento piquetero; la conquista de centros y federaciones estudiantiles contra las camarillas universitarias; la lucha contra la tercerización ferroviaria y las patotas.

Si de esto último se trata, es bueno recordar que, en aquel 2010, el PTS discurría sobre “la Argentina Kirchnerista” y se maravillaba con los malabares culturales de “Fuerza Bruta”, en las celebraciones del bicentenario. ¡Los k habían “ganado la batalla cultural”! Cuatro meses después, la Plaza de Mayo desbordaba en exigencia de castigo por el crimen de nuestro compañero Mariano Ferreyra.

“Independencia obrera”

A la hora de pontificar sobre la superioridad de su corriente, Castillo le aplica la vara de la “independencia obrera” a todo el mundo, y en especial a sus socios del FIT-U. Pero al igual que los demás, la han convertido en una frase vacía. La “independencia de clase” no constituye el sinónimo de una política revolucionaria -siquiera de ruptura estratégica con la burguesía- más allá del sionismo y el Chaco y la “causa palestina” de la Autoridad Palestina. El Partido Laborista inglés era el partido de los sindicatos, no por eso era independiente en los hechos, en la lucha de clases cotidiana, ni en la votación parlamentaria. Lo mismo la socialdemocracia alemana antes de la primera guerra – que incluía a una derecha poderosa y a una burocracia sindical más poderosa aún. La independencia de clase, como el gobierno obrero, puede responder a diferentes contenidos – liberal, parlamentarista, centrista o revolucionaria. Esta es la única que vale, las otras son formas de transición. La historia de la socialdemocracia es la historia de la integración del proletariado alemán al estado, bajo la forma oportunista de un parlamentarismo restringido. Castillo pone el tema de la independencia de clase, pero evita caracterizar, primero, la subordinación de la agitación política a los objetivos electorales y parlamentarios, segundo, qué clase de parlamentarismo hace el FIT-U. Sin un balance de esta política común, ¿por qué pretende Castillo poner al PTS por encima de los demás partidos del FIT-U en cuanto a calidad revolucionaria?

“Homogeneidad” de aparato

Para consuelo de Castillo y del PTS: la polémica planteada en este artículo está casi calcada de otra que tuvimos que dar, hace un año y medio atrás, con quienes rompieron el PO mediante exclusiones sumarias de camarilla. Ahora obtuvieron lo que buscaban: una conferencia de los propios, caracterizada por toda clase de ataques y sin ninguna conclusión política ni práctica.

El PTS transita en paralelo el mismo derrotero: mientras autoproclama a su “fracción trotskista”, no se ha pronunciado jamás por la expulsión de 1.200 militantes del PO, o sea, en defensa de la democracia obrera y el derecho de tendencia. Cuando el MAS expulsó a quienes formarían luego el PTS, el PO lo denunció, porque “el centralismo democrático no admite, por principio, ninguna clase de restricción al debate de las ideas, las que pueden ventilarse en forma de documentos internos, en la prensa partidaria y aún en la prensa y medios de comunicación externos al partido”. (Ver “La estrategia de la izquierda en Argentina”, de Jorge Altamira, pág. 172). Esto fue escrito hace veinte años y convertido en doctrina política del Partido Obrero.

La “crisis” o parálisis de la CRCI no es política ni estratégica, no es la crisis de su programa. Como prueba de ello, la abrumadora mayoría de sus organizaciones o simpatizantes se ha pronunciado y sostiene actividades en común con nuestra Tendencia. Nosotros no nos apartamos un milímetro de esa lucha internacional, en la que nos hemos empeñado con actividades, pronunciamientos comunes y tareas conjuntas. Las organizaciones con las que luchamos en forma organizada son el producto de sus propias experiencias nacionales e internacionales – no por argentinos con residencia.

Por la negativa, la fallida “Conferencia latinoamericana”, ha mostrado la actualidad de nuestra Tendencia. Más allá de la lucha por la recuperación del Partido Obrero, se proyecta hacia el conjunto de la llamada “izquierda revolucionaria” continental.

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