Córdoba: 5.000 personas exigieron justicia por Valentino Blas Correas

Escribe Eduardo José

Masivo veredicto popular.

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La jornada del jueves, en reclamo de justicia por Valentino Blas Correa, asesinado por la policía, sacudió a Córdoba, marcando un antes y un después no sólo en el pulso de la movilización popular en épocas de pandemia, sino también porque representa un hito en la extensa lucha antirrepresiva que registra la provincia.

Pasados unos minutos de las 18, Colón y General Paz lucía colmada de jóvenes, quienes protagonizaron la marcha junto a familiares de Blas. Los corresponsales de Política Obrera coincidíamos en lo impactante del silencio que dominó la movilización hasta llegar a Patio Olmos, donde sólo los aplausos interrumpían la serenidad compacta de un reclamo que recogió de manera emocionante las voces apagadas de todxs lxs pibxs que la policía de Córdoba se encargó de arrebatarnos.

El asesinato de Blas Correas conjuga una serie de elementos que han despertado la indignación de una clase media, que muchos apresurados cometen el error de endilgarle un pensamiento punitivista ligado a la derecha. Si bien es cierto que la composición social de la marcha -de momento- se diferenció de lo que suele ser el público de las movilizaciones antirrepresivas, esto da cuenta de una clara tendencia a confrontar al aparato represivo del estado que en los últimos meses nos quitó la vida de otros cinco jóvenes además de Blas. La masividad de la marcha dejó en evidencia un hartazgo a los atropellos de la “yuta” cordobesa. La experiencia que un sector de la población vivencia a partir de este asesinato está madurando una conciencia crítica sobre la institución policial, y una conciencia también crítica sobre el sostén político sobre la cual esta institución se asienta.

El recambio de cúpula que el gobierno de Schiaretti apuntaló como única respuesta al cobarde homicidio no cambia absolutamente nada. La flamante comisaria Mayor Liliana Rita Zárate Belleti aseguraba tras su promoción que “seguirá trabajando con los lineamientos del Gobierno de Córdoba y el Ministerio de Seguridad (sic)”. Pero estos lineamientos son los responsables de los padecimientos de decenas de familiares de víctimas de crímenes y atropellos policiales que se hicieron presentes en la marcha del jueves – como los casos de Franco Iván Sosa, Andrés Paz o los jóvenes Agustín Barrios y Lautaro Guzmán. Las familias no sólo deben luchar por justicia sino también por limpiar los nombres de sus seres queridos que la policía se encarga sistemáticamente de ensuciar Sobre protocolos no declarados Días atrás, Miguel Robles, exsubsecretario de Delitos Complejos del ministerio de Seguridad de la Nación y exdirector del Poder Judicial de Córdoba, reconocía lo que en las barriadas ya es un hecho confirmado: “Hay un protocolo no dicho de la Policía que algún día hay que afrontarlo: muchos móviles policiales llevan armas truchas para plantar en las escenas del crimen. Es un delito tremendo, increíble”. Las declaraciones demuestran una profesionalización surgida de la práctica sistemática y reiterada de una policía que primero tira y después pregunta. Fue lo que hizo la agente Wanda Esquivel, en ocasión del homicidio de Blas, cuando plantó un revólver 22 en la escena.

La “doctrina Chocobar” tuvo como alumnos destacados a Schiaretti y al difunto De la Sota. El gobernador no tiene excusas para achacar ninguna herencia en nuestra maldita policía, ya que todos los canas implicados en este crimen son de promociones contemporáneas al ejercicio en el poder de la coalición gobernante. El estado de impunidad pura lo grafica el caso de Lucas Gómez (35), uno de los cabos que efectuó los disparos y que había estado implicado en el encubrimiento del violador serial de La Calera.

¿Esos tipos “nos cuidan”?

El escenario de lucha abierto tras el crimen de Blas pone nuevamente en agenda la cuestión de la brutalidad policial, y de la seguridad ciudadana, agenda que debe ser disputada y discutida entre la juventud y los trabajadores de nuestra clase, sin distinción de fracciones. Las grandes presiones políticas que recaen sobre la familia y las promesas de recambio de “paradigmas” han quedado sepultadas tras la movilización que en sus voces y pancartas dieron cuenta de un régimen policial agotado. Es tarea nuestra y del movimiento popular unificar reclamos para acabar con esta institución represora y descompuesta y abrir una nueva etapa donde la vida sea el bien más preciado.

¡Justicia por Blas y por todas y todos los pibes muertos por balas policiales!

¡Perpetua a sus asesinos y encubridores!

¡El estado es responsable!

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